Por estas horas, Perú define quién será su próximo presidente. Keiko Fujimori es una de las candidatas, y protagoniza un empate técnico con su rival, el sindicalista Pedro Castillo, en un escrutinio más que ajustado.

Hija mayor del ex mandatario Alberto Fujimori, fue con él con quien vivió sus primeras experiencias de poder. Entre los años 1994 y 2000, Keiko ofició como primera dama. Un caso especial y extraño en el mundo que se concretó por un motivo poco feliz: su madre, Susana Higuchi, acusó públicamente al entonces presidente por corrupción, y al poco tiempo se divorciaron. Por supuesto, la situación fue leída como un apoyo mutuo entre hija y padre, aún en las peores circunstancias: Alberto Fujimori permanece preso por delitos de lesa humanidad, entre otras cosas. “Keiko me abandonó: prefirió el sucio dinero de su padre. Para mí tiene cara de diablo”, describió alguna vez Higuchi en el medio Caretas.

Como primera dama, Fujimori conoció los pormenores de la gestión más importante de un país. Llegó, incluso, a conocer y saludar afectuosamente al expresidente argentino, Carlos Menem, y al difunto Hugo Chávez, con quien bailó.

Desde entonces, su imagen se vio empañada por el triste recuerdo de su progenitor, a quien defendió con marchas y expresiones mediáticas. Pero esto no fue motivo alguno para frenar su ambición política, a la que alimentó con formación e insistencia. Estudió administración de empresas en la Universidad de Boston y extendió su capacitación en Columbia. En el medio, se candidateó dos veces para llegar a la presidencia de Perú. Tanto en 2011 como en 2016 cayó derrotada con Ollanta Humala y Pedro Kuczynski respectivamente. Ahora va por la revancha. 

El escritor y premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, histórico detractor del fujimorismo, describió hace pocos días con precisión su sorprendente e inédito apoyo a Keiko, y dejó un pantallazo de la personalidad política de la mujer. “Ha pedido perdón públicamente por sus errores del pasado y ampliado considerablemente su equipo de gobierno, incorporando a antifujimoristas convictos y confesos, y comprometiéndose a respetar la libertad de expresión, al Poder Judicial y a entregar el mando luego de los cinco años como establece la Constitución”, escribió en El País. 

En 2010, Fujimori hija fue consagrada como presidenta de Fuerza Popular, un partido de la derecha peruana que conjuga a diversos frentes ideológicos que juegan para el mismo lado. Desde allí, busca reivindicar a su padre y, al mismo tiempo, surfear las contradicciones que sentó en su pasado para poder llegar a la presidencia, entendiendo que con la derecha sola no alcanza.