La cloaca de la AFI: ¿puede sobrevivir Juntos por el Cambio al escándalo del espionaje?

El Canciller - Comentarios

Diciembre de 2015. Un Mauricio Macri exultante presenta a los integrantes de su gabinete. Todavía no era público quién iba a ocupar la dirección de la Agencia Federal de Inteligencia pero el flamante presidente electo dijo que sería alguien de su “extrema confianza”, alguien que iba a garantizar que se utilicen los instrumentos “al servicio de la seguridad nacional y no para hostigar o espiar a los ciudadanos como se hizo en los últimos años”.

Gustavo Arribas llegó a la AFI por ser amigo de Macri. Lejos estaba de cualquier tipo de conocimiento sobre el funcionamiento del sistema de inteligencia argentina. Tiempo después, el propio Macri diría que lo eligió porque era “el más acostumbrado a toda esta cosa de las trampas”. Silvia Majdalani, sin embargo, era todo lo contrario: los secretos del mundo de los servicios no le eran ajenos. Era ella la que sabía cómo funcionaba “La Casa” (el edificio central de la Agencia) y fue ella también la que tuvo los mayores cuestionamientos dentro de lo que fue Cambiemos, en especial de Elisa Carrió. Al contrario de lo que se especulaba, Arribas y Majdalani funcionaron bien.

Una de las primeras medidas que tomó Macri con respecto a la Agencia fue volver a marcar como secreto todo el presupuesto. 1450 millones en 2016 totalmente blindados de la mirada pública. Para 2019, se habían convertido ya en 2178 millones. Alberto Fernández le apuntó directamente a la AFI el día de su asunción y decidió intervenirla. Como consecuencia de ello se descubrió, por ejemplo, el espionaje a los periodistas que habían pedido acreditación al G-20 en 2018. Pero la bomba no salió de Comodoro Py, siempre tan (de)pendiente de los movimientos de la inteligencia, sino de un juzgado de Lomas de Zamora.

Con un traspié que incluyó un cambio de juez, la causa se metió de lleno en las implicancias políticas de un trabajo que lejos está de haber sido llevado a cabo únicamente por inorgánicos o cuentapropistas. La promesa de Macri de utilizar la AFI para la seguridad nacional se convirtió en la sospecha judicial de que la Agencia era parte de una organización criminal construida desde el propio aparato del Estado que llevó adelante tareas de espionaje ilegal con espiados que van desde Cristina Fernández de Kirchner hasta Horacio Rodriguez Larreta.

Los reportes que armaron los espías, los grupos de whatsapp que integraban, los mensajes que no borraron permitieron reconstruir cómo se utilizaba la estructura del Estado para espionaje político. El Señor 5 y la Señora 8 no solo conocían estas tareas sino que las ordenaban y estaban al tanto de sus resultados. Tanto así que, en una ocasión, tuvieron que falsear documentos públicos para tapar el seguimiento en 2018 a la actual vicepresidenta.

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¿Podían Arribas y Majdalani integrar esta cofradía encantadora de espías sin el okey de Macri? ¿Para qué querrían saber ellos sobre la vida de Florencia Macri y de su pareja Salvatore Pica? ¿Por qué estarían tan interesados en que la situación judicial de Hugo y Pablo Moyano se complicara? ¿Para qué espiar a Rodriguez Larreta y a Diego Santilli? Si el Presidente sabía o no es justamente lo que ahora está en discusión. Ya hay dos personas que trabajaban dentro de la Casa Rosada involucradas en la trama. Una es la negada por todos Susana Martinengo, a quién le soltaron la mano después de años de fiel servicio. El otro es Darío Nieto, secretario privado de Macri. El ex funcionario borró gran parte del contenido de su celular antes de su allanamiento pero, para su mala suerte, olvidó algunas anotaciones.

“Mauricio, me llamó Cristian -seguramente porque la Turca lo llamó-. Hizo hincapié en que falta un relato, que estos tipos habían estado en la Metropolitana, nosotros los llevamos a la AFI y nadie se hace cargo ni hay explicación para eso, que alguien tiene que tomar el tema Alan Ruiz (no sabe si es de la Turca, de Patricia o de quién) para que desmienta todo, la aparición de Martinengo (sobre esto le pasé algo de info). Pero que lo que falta es un relato y una historia coherente de todo, que no basta con que la Turca diga que es todo mentira y no se haga cargo. Y me dijo que en la Comisión hace todas las preguntas que le pasan. También me dijo que él tiene que ser moderado para negociar con los K en la Bicameral y que le sigan pasando info, pero que sí está saliendo en medios”.

Darío Nieto, el ex secretario presidencial de Mauricio Macri.

La nota es del 19 de junio de este año. El escándalo de espionaje ya había explotado. Cristian Ritondo, integrante de la Bicameral de Inteligencia, manejaba como podía los demoledores comentarios de los espías. Alan Ruiz, el jefe de los espías que llegó a la AFI después de un paso muy eficiente por el Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich, ya estaba expuesto. “La Turca” Majdalani no tenía aún un procesamiento.

Las fotos, los mensajes, las órdenes, los informes que llegaron directamente al despacho de Nieto le explotaron en la cara a Juntos por el Cambio. Nadie se anima a afirmar que la coalición pueda sobrevivir si las evidencias muestran a Mauricio como el verdadero interesado en esta maquinaria. También es cierto que muchos de ellos fueron los que cerraron los ojos en 2015 al momento de aliarse con él a pesar del procesamiento que tenía por escuchas ilegales y dejando de lado el republicanismo. El sobreseimiento vino días después de la asunción pero la cuestión estaba resuelta desde antes: la culpa del seguimiento a su cuñado, pareja de su hermana Sandra, la tuvo Franco.