La irrupción de Alberto Fernández en el escenario político fue leída por los analistas políticos como una "moderación" del kirchnerismo duro, luego de sufrir algunas derrotas en provincias pequeñas como Río Negro y Neuquén, en las que los candidatos representaban una alineación a la centroizquierda rígida. Sin embargo, y a pesar de que la inclusión de Sergio Massa significaba que todas las partes iban a tener que resignar lugares para que "entren todos", luego de la conformación de las listas electorales, la principal agrupación del segundo mandato de Cristina Kirchner, "La Cámpora", mantuvo un rol de privilegio.

El Frente de Todos, producto de la unidad del kirchnerismo y el massismo, pone en juego un número de bancas que le será muy difícil renovar. Los espacios en cuestión, entonces separados en torno a la expresidenta Cristina Kirchner, sacaron en 2015 más del 57% de los votos: Daniel Scioli redondeó un 38,69% y Sergio Massa (junto a José Manuel de la Sota) un 19,5%. En esta elección, el frente que lleva a Alberto Fernández como candidato presidencial sacrificará lugares en el Congreso en pos de intentar alquilar, durante cuatro años, la Casa Rosada. La Cámpora se erige como el espacio que concentra más poder dentro del esquema de unidad.

Al ser consultado por el importante lugar que conservará la agrupación en las listas, Alberto Fernández sostuvo que los candidatos son todos sus "amigos de siempre", "desde Sergio Massa hasta Máximo, pasando por Facundo Moyano. "Si La Cámpora hubiese armado las listas, Cristina sería la candidata a presidenta", sentenció.

En el presente, La Cámpora ostenta 28 lugares de los 64 diputados que tiene el Frente para la Victoria. A la mayoría de ellos (23), se les vence el mandato a fin de año. En la Cámara Baja, ante la necesidad de priorizar a Sergio Massa, una máxima que puso Alberto Fernández en la negociación, mostrarán a la agrupación con una merma de cara al 2020. Pero ese ajuste será recompensando en el Senado y en las legislaturas provinciales.

En el Senado, cámara en la que reside Cristina Kirchner y cuya composición la expresidenta busca endurecer para hacer crecer su bloque y quedar protegida de un posible desafuero posterior a las elecciones, La Cámpora logrará penetrar con ostensible fuerza. A la Cámara Alta ingresarían cinco camporistas (dos por Tierra y uno por Río Negro, Entre Ríos y la Ciudad). Si los resultados son los que se vienen dando en las provincias y los que arrojan las encuestas, todos se sumarían al bloque de nueve miembros que lidera CFK.

El distrito clave de La Cámpora, corazón de la agrupación, es la provincia de Buenos Aires. También es el lugar al que Cristina Kirchner buscó poner a la mayor cantidad de sus protegidos, como es el caso de su favorito en la política, Axel Kicillof, a quien le dio la posibilidad de competir por la gobernación bonaerense, frente a las demandas de los intendentes que pedían que sea uno de ellos quien se suba al ring contra María Eugenia Vidal.

La legislatura bonaerense es, por eso, uno de los lugares que CFK buscaba llenar de leales. En parte porque durante el mandato de Vidal funcionó como una escribanía debido a la aceitada relación de los bloques del oficialismo con el massismo, cuya oposición a nivel nacional no se vio reflejada en el recinto provincial.

En consecuencia, en medio del ajuste de bancas para todos los sectores, el saldo de los diputados nacionales de la agrupación por la provincia de Buenos Aires sería cero. La Cámpora logró colar seis propios en la lista que lidera Massa, pero también serán seis los salientes. Sin embargo, dado que la mayoría de los espacios tuvieron que resignar lugares en pos de la unidad, se trata de una victoria simbólica.