Con la vuelta de Sergio Massa al kirchnerismo, la mayoría de los dirigentes sindicales se encolumnaron detrás de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner (sólo Luis Barrionuevo, de Gastronómicos, continúa acompañando a Roberto Lavagna, candidato por Consenso 2030). Esta reconfiguración llevó a la Casa Rosada a avanzar contra el sindicalismo, en particular contra los Moyano, que supieron acompañar a Mauricio Macri para que llegase a la presidencia en 2015. Lo más probable es que, de cara a los comicios, Fernández cuente con el apoyo de los Moyano, Antonio Caló y Héctor Daer.

El sector sindical también presiona dentro del peronismo para poner nombres en las listas de legisladores. Pablo Moyano remarcó la necesidad de que “los trabajadores” estén representados en las listas. En el mismo sentido se expresó Omar Plaini, titular de Canillitas. Estas declaraciones pueden abrir conflictos en el kirchnerismo, debido a que la mala imagen de los sindicalistas no ayudará al espacio a sumar votos.

En Rosario, Macri dedicó la mayoría de su discurso a criticar a los Moyano, a los que acusó de tener comportamientos mafiosos, de ir en contra de la producción nacional y de adueñarse de privilegios que los demás sectores de la economía no ostentan. "Las mafias destruyen nuestra capacidad de crecer. La patota del transporte, por ejemplo", dijo Macri. "La Argentina tiene el costo de transporte más alto de la región, producto de privilegios acumulados en forma ilegal y arbitraria por el señor Hugo Moyano y Pablo Moyano, que llevan a tener el costo del camión más alto de la región".

Uno de los ejes de la campaña nacional será, entonces, apuntar contra el sindicalismo nacional, un sector cuya imagen es peor que la que tiene la justicia y la clase política. Con los principales gremialistas encolumnados detrás del binomio Fernández, en Casa Rosada ven en ellos un flanco clave para dirigir el discurso oficial.