Matías Lammens está oficialmente lanzado a la batalla política por la jefatura de Gobierno de la Capital Federal. El dirigente azulgrana competirá contra Horacio Rodríguez Larreta, que con la fuerza de la obra pública y un acuerdo político con quien casi fue su verdugo en 2015, Martín Lousteau, se posiciona en las encuestas como un ganador cómodo, pese a la mala imagen del Gobierno Nacional a lo largo y ancho del país.

En 2012, el flamante presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, de la mano de Marcelo Tinelli, levantó un club que se desmoronaba: el Ciclón estaba peleando el descenso, el predio deportivo estaba desmantenido, el plantel profesional era poco competitivo, había sueldos sin pagar, deudas por vencer y el resto de las disciniplinas no tenían prácticamente relevancia. 

Evitado el descenso con Ricardo Caruso Lombardi en el banco, el club inició una curva cuesta arriba gracias a la incorporación de algunos refuerzos de jerarquía. Apenas dos años más tarde, después de obtener un campeonato local con Juan Antonio Pizzi como DT (que fue reemplazado por Edgardo Bauza), San Lorenzo consiguió la primera Copa Libertadores de su historia. También en ese mandato se firmó la histórica vuelta del club al barrio de Boedo, una iniciativa que fue lograda más por el esfuerzo de las bases (los hinchas) que por la CD.

Estilo Lammens: luces y (varias) sombras del primer campeón de América de San Lorenzo

En el mismo sentido, se realizaron importantes obras de infraestructura, se renovó el predio con nuevas canchas de entrenamiento, se implementó una política para sumar socios con grandes resultados y se desarrollaron otras actividades además del fútbol (Tinelli se puso al hombro la tarea de levantar el básquet). Por último, se trabajó el políticas de género dentro del club, lo que se vio reflejado con la profesionalización de todo el plantel femenino, unos meses atrás.

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Sin embargo, el salto de Lammens a la política está marcado por una serie de cuestionamientos de parte los hinchas de la institución que preside debido a algunos acontecimientos: el club acumula una deuda millonaria, tiene un plantel de bajo calibre para competir, las últimas incorporaciones no tuvieron resultados positivos, hubo varios negocios sospechosos con el representante de jugadores y entrenadores Christian Bragarnik.

En ese marco los hinchas, que se expresan en redes, mediante foros e incluso en el Estadio, manifiestan que hubo una bisagra de la gestión entre el primer y el segundo mandato de Lammens. El primero estuvo signado por hitos históricos como esquivar el descenso, ganar la Copa Libertadores y volver al histórico barrio de Boedo. En el segundo, en tanto, los hinchas consideran que el presidente utilizó al club para saltar a la política, hacer negocios personales y quitarle prioridad a los resultados, considerando que tenía un cheque en blanco por lo conseguido anteriormente.

Esos conflictos se perciben en el foro de los hinchas, MundoAzulgrana, en donde aparecen algunos posteos como "El vaciamiento del club", "¿Cuál fue el último mercado de pases decente?", entre otros. El sitio web “Cuervo economista”, consigna que, entre 2017 y 2018, el déficit entre recursos y gastos fue de 312 millones de pesos, explicado por tres factores: indemnizaciones y juicios, intereses de deuda y diferencias de cotización.

A través de la revalorización de inmuebles que ya formaban parte del club, lograron incrementar los activos de la institución en los balances contables. Con esa maniobra, consiguieron que el pasivo acumulado a lo largo de los años de gestión sea inferior al activo, sin embargo, esta carta jugada no acrecentó la capacidad de pago de San Lorenzo.

Por otro lado, sólo aumentó su patrimonio por la revalorización de los bienes de uso. Muchos de ellos son patrimonio histórico del club, como el Pedro Bidegain, por lo que venderlos no es una opción y no sirven para afrontar los gastos corrientes de la institución.

El principal problema que afecta al club, según la fuente, es financiero. Los pasivos corrientes aumentaron mucho más que los activos corrientes, por lo que la gestión azulgrana enfrenta serias dificultades para pagar una deuda neta de 525 millones de pesos. En el pasivo hay deudas comerciales, financieras, sociales, fiscales y previsionales (para más información, ver este link).  Todo eso se mezcla con un presente del plantel futbolístico de bajo nivel: en el último torneo, San Lorenzo acarició el último lugar de la tabla (y llegó con la sanción de seis puntos que le impusieron).

De esta manera, se entremezclan en el escenario el intento de mostrar a Lammens como un Macri "de izquierda" por su condición de empresario joven y outsider que salta del fútbol a la política con el presente de un club cuyas cuentas están en rojo. Para muchos hinchas de San Lorenzo, la decisión de Lammens de lanzarse a jefe de Gobierno confirma un viejo presentimiento de estar siendo utilizados para hacer política desde la institución.