La rosca del BID

El Canciller - Comentarios
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Si nos preguntamos de qué manera podría influir la elección de Estados Unidos en América Latina, una primera respuesta podría ser: en el futuro del Banco Interamericano de Desarrollo.

Es este sentido, que gane Donald Trump o Joe Biden no daría lo mismo y a eso apuesta el gobierno Argentina en su misión de postergar los comicios en el organismo financiero y especular con un cambio de rumbo de la Casa Blanca que no insista con rompe una tradición de 60 años.

Desde su fundación en 1959, el BID tuvo todos sus presidentes fueron latinoamericanos:
Felipe Herrera de Chile (1960-1970); Antonio Ortiz Mena de México (1970-1988); Enrique
Iglesias de Uruguay (1988-2005); y Luis Alberto Moreno de Colombia (2005-2020).

El poderío de Estados Unidos fue suficiente para que Trump quiera imponer a Mauricio Claver-Carone, hijo de madre cubana y padre español, ex director ejecutivo de Cuba Democracy Advocates en Washington, Director Ejecutivo interino de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional y asesor principal del Subsecretario de Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Pero, vale la pena preguntarse, ¿por qué Donald Trump quiere imponer un candidato propio si la influencia de Estados Unidos en el organismo seguirá siendo igual de fuerte?

Hay dos razones, una de corto plazo y otra de mediano y largo. La primera es la elección presidencial del 3 de noviembre en la cual, el perfil latino de lengua virulenta con los gobierno de Cuba y Venezuela es clave para lograr apoyos en un Estado fundamental como el de Florida que podría dar vuelta la elección en el Colegio Electoral. La segunda está vinculada con el proceso de recuperación post pandemia en donde los países latinoamericanos necesitarán dos cosas: vacunas y recursos económicos para salir del fondo del tacho.

El BID es el instrumento financiero de desarrollo más importante de la región con un volumen promedio de 37 mil millones de dólares de fondos propios y 2 mil millones dólares de fondos de terceros. El organismo interamericano ha financiado importantes proyectos de infraestructura, desarrollo social y productivo de la región en los últimos 60 años, y es un recurso necesario para el mundo pospandemia.

La disputa que quiere dar Estados Unidos es sobre el direccionamiento de los recursos, ya que, en esta carrera por el liderazgo mundial no es lo mismo si el proyecto lo financia China o Estados Unidos. ¿Por qué? Porque absolutamente todo es geopolítica y puja por la hegemonía.

De esta manera, la estrategia norteamericana es clara y apunta a reforzar el control sobre
su zona de influencia, frenar a China, concentrar recursos, orientarlos a su voluntad y aplicar un sistema de premios y castigos según el alineamiento de los países. Un americanismo antiglobalista de pura cepa republicana.

En ese marco, si la elección se produce en los términos que pretende Estados Unidos, Claver Carone sería presidente sin mayores problemas dado el apoyo de Brasil y Colombia, entre otros países. Puede ocurrir también que países que defienden la postura argentina como  México y Canadá voten a Gustavo Beliz, pero den quórum para que el hombre de Trump gane la votación. De esta manera, preservan la relación con su vecino del norte sin quedar como el felpudo de la Casa Blanca.

Por eso, el objetivo central esta puesto en la postergación y a dos semanas de la definición, el poroteo y las negociaciones se intensifican.

Desde Cancillería son optimistas y dicen que están muy cerca de bloquear el quórum pero aclaran que "nadie quiere jugarle en contra a Estados Unidos. Estamos en 22,7 por ciento (se necesitan 25) y el que se sume, nos deja ahí”. “El tema es que hay países como Canadá, Perú, España, Francia y Japón que están de acuerdo con postergar pero no quieren dar el paso porque sería el punto final”, relatan con cierta alegría contenida.

Con la definición sobre la fecha de quienes apoyan en silencio por temor a una represalia, es posible que la jugada orquestada por Argentina salga bien. No obstante, si Trump gana las elecciones será cuestión de poner el pecho y agarrarse fuerte.

En este tiempo, sobraron las gestualidades de expresidentes y excancilleres de diferentes países de América Latina para respaldar la continuidad de la tradición presidencial en el BID pero el peso propio de Washington y la capacidad de traicionar a sus aliados serían suficientes para romperla.

Si nos posamos sobre el tablero general del contexto internacional, podemos observar
que esta intensa e inédita puja por la conducción del banco interamericano forma parte de
una guerra entre las dos potencias mundiales que diversifica los escenarios de tensión.

No se trata sólo de cuestiones arancelarias o de los intereses en el Mar de China, Hong Kong o Taiwan sino de impedir el acceso a herramientas que provocan un mayor grado de influencia china, por ejemplo, en la instrumentación de la red 5G a la que recientemente se sumó Chile o la carrera por encontrar la vacuna contra el coronavirus.

Solo esta etapa de nueva Guerra Fría puede darle sentido a la relevancia que adquirió un proceso que hace algunos años era un simple tramite administrativo.

En un contexto de escepticismo y parálisis multilateral y repliegue norteamericano sobre su región, China no parece estar muy convencido de librar una batalla frontal contra su adversario. Avanzar sobre el vacío que deja la Casa Blanca en ámbitos globales, reforzar su incidencia en Africa y Asia mediante la Nueva Ruta de la Seda y el Banco Asiático en Infraestructura y consolidar el vínculo con Rusia e Irán parecen ser necesarios en esta coyuntura, aún a riesgo (poco probable) de perjudicar proyectos en América Latina.

En este aspecto, más que una acción de Pekín, lo que venga dependerá de la capacidad de autonomía de los países latinoamericanos en articularse para lograr la postergación y de los resultados de las elecciones en Estados Unidos que suavice la retórica fogoneada por Trump y los suyos.

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