Horacio Pagani contó cómo unos falsos mecánicos lo estafaron en la calle: "Fue mucha plata, un palo ochocientos en total"
El periodista relató que entre nueve personas le robaron casi dos millones de pesos mientras iba con su auto por la zona de Balvanera y lo hicieron caer en una trampa. "Todo un circo armado", lamentó.
El periodista deportivo Horacio Pagani fue blanco de una estafa elaborada por un grupo sincronizado de delincuentes que lo hicieron caer en las redes de su sofisticada artimaña mientras manejaba su auto por el barrio porteño de Balvanera y contó con detalles cómo fue el curioso episodio.
Cuando circulaba cerca de la estación Once del tren Sarmiento en la Ciudad de Buenos Aires, unas nueve personas -según los propios cálculos del también panelista- le hicieron creer que una de las ruedas de su vehículo estaba dañada mediante una estrategia delictiva muy coordinada mediante la cual lo llevaron a verse obligado a cambiarla de urgencia.
Fue "todo un circo armado", se quejó al narrar en primera persona en diálogo con Radio Mitre los pormenores del hecho que sufrió.
"Me estafaron. Fue una pyme de estafadores. Participaron, según mi opinión, nueve personas. Yo me fui de acá de forma urgente por la calle Jean Jaures y cuando llegué a Bartolomé Mitre, un tipo que cruzaba la calle me señala y me dice: 'Guarda la rueda derecha'", comenzó su relato Pagani, al que sumó: "Seguí una cuadra más, no le di bola. Pero cuando llego a la esquina de Rivadavia, otra persona me dice: ‘La rueda derecha’. Y cuando le pregunté qué le pasaba, me dijo que se movía".
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"No se movía un carajo el auto, pero bueno, me asusté un poco. Estacioné y justo venía un mecánico. Me dijo que se estaba yendo a comer, pero miró y dijo 'uy, la rueda'. Y yo no entendía qué tenía la rueda. Metió la mano por atrás de la rueda y sacó una tuerca llena de grasa. ‘Uhhh’, dijo, y yo también", avanzó al contar cómo fue engañado.
Y siguió: "Después vino otro, eran de nacionalidad boliviana, y empezaron a laburar ahí abajo. Qué sé yo; miraba, y se movía el volante para un lado y para el otro. ‘Acá, a la vuelta hay una casa de repuestos. Podemos ir a ver’, me dijo. Y uno de los dos se fue, y llamó por teléfono diciendo que iba con el dueño de la casa de repuestos", siguió.
"Vinieron dos más. Pero me explicaron que tenía que decir que yo me atiendo en el taller de ellos, en el taller de los bolivianos, que está en la otra cuadra. Yo como un boludo empecé a decir todo lo que me decían, ¿qué voy a hacer?", volvió a lamentarse.
Acto seguido, precisó cómo "de la nada traen un repuesto flamante y envuelto en un papel original" y confesó que empezó a preguntarles "¿cuánto vale todo esto?", a lo que los estafadores respondieron que costaría "dos millones y medio de pesos".
"Ahí digo 'bueh, dejo el auto estacionado acá, me voy al canal en taxi y después lo vengo a buscar'. Pero como lo había dejado justo en una salida de un auto, empecé a dudar porque capaz que justo venía el dueño y quería meter el auto. Mientras, ya habían empezado a moverse y a laburar. De pronto se pusieron a usar el repuesto nuevo y les dije que no tenía esa guita. ‘Haceme factura A', les dije. ‘Rebajo a dos millones', me respondió. Y ahí aparece uno de los de adelante, con un caño todo reventado, sucio y lleno de grasa, que supuestamente era lo que sacaron", detalló.
Sin poder entender aún cómo había caído en la emboscada, Pagani reveló que negoció con los supuestos mecánicos en cuestión: "Me dijo que si se llevaba las partes viejas bajaba a 1 millón 700 mil. Vivo, porteño, le dije ‘te doy un palo y seis’. Y, después de que se lo di, vino el otro a decirme que le tenía que pagar la mano de obra. Doscientos cincuenta mil mangos me pidió. Me pasó un alias y el banco rebotó la transferencia. Y como este se demoraba mucho, los compañeros lo empezaron a llamar (…) algo no cerraba". Ante el inconveniente con el traspaso de la plata, declaró que se la hizo llegar digitalmente "al mismo que ya le había pasado el palo seiscientos, y a ese le entró normal".
Finalmente, la víctima puntualizó cómo se había dado cuenta de que todo había sido parte de un artilugio para robarle dinero porque su auto no tenía ningún problema real: "Cuando fui a un mecánico amigo, me dijo que no me hicieron nada. ‘Te pusieron grasa en el (interior del neumático) que tenías y no te hicieron nada. Esto no se rompe nunca’, me explicó. No pude dormir esa noche. Fue mucha plata. Un palo ochocientos en total".