El día después: un operativo absurdo, más frío entre Alberto y Cristina, y las miserias políticas de un país paralizado (otra vez) por Maradona

El Canciller - Comentarios

El país despierta hoy con un sabor amargo. La despedida al jugador más importante del mundo, que debía ser una celebración y un homenaje popular a la altura del amor de la Argentina por Diego, terminó en un bochorno absoluto.

Desde temprano, ya se anticipaban los primeros desbordes y la falta de claridad del oficialismo de cómo encarar la situación. El tono lo marcó Rafa Di Zeo, el barra de Boca que fue uno de los primeros en poder ingresar a la Casa Rosada en la madrugada del jueves. Por la mañana, mientras miles y miles comenzaban a llegar de todos lados con la sola esperanza de poder despedir al Diez, los primeros incidentes tenía lugar en forma aislada.

Pero después del mediodía, el tema efectivamente se desbordó: cierre de Avenida de Mayo, palazos, balas de goma, gases, corridas y el despliegue de la policía motorizada sobre la 9 de julio. El clima celebratorio cedía al caos. En Plaza de Mayo, en tanto, la desesperación de los miles que esperaban ante la incertidumbre  provocó que tiraran las vallas e invadieran la Rosada en una situación inédita. Esto obligó a remover el féretro de Maradona del Salón de los Patriotas por su seguridad. Una postal inapelable del descontrol y desastre organizativo del operativo.

Y ante esa situación, el Gobierno presentó una respuesta pobre, por no decir lamentable: apuntó la responsabilidad sobre la Ciudad y a desligarse del problema. En un escenario exasperante, los funcionarios del gabinete nacional optaron por un (mezquino) cálculo político. El ministro del Interior, Wado de Pedro, pidió en las redes sociales al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que cesara la represión de un operativo a cargo de su cartera y del Ejecutivo de la Nación, como luego se confirmó. El brulote no podría ser mayor. O quizás sí: la ministra Sabina Frederic, quien está ni más ni menos que a cargo del ministerio de Seguridad, repitió el libreto de su compañero de gabinete y agregó de su propia cosecha al señalar que “hay que cuidar a la gente aunque sean barrabravas”. No está claro si la funcionaria comprende el cargo para el que fue designada.

Incluso si consideramos cierta la versión oficial (de esas horas) que responsabilizaba a Larreta, ¿acaso las conclusiones hubieran sido más alentadoras? Un gobierno nacional que se desentiende de la seguridad en una jornada de esa magnitud habla de una irresponsabilidad flagrante. Por supuesto, ante las pruebas contundentes que señalaban que la organización estuvo a cargo de Nación, el relato concluyó rápidamente.

No obstante, el comunicado oficial posterior a la represión aseguró que la situación “se manejó de manera pacífica” y adjudicó a la familia la finalización temprana del velatorio. Pero una cosa son los deseos familiares y otra la responsabilidad estatal concreta frente a una situación que se desmadró completamente.

El presidente defendió el operativo. Dijo que si no lo organizaba el Gobierno, “todo hubiera sido peor”. A casi un año de gestión, la lógica contra fáctica comienza a mostrar su insuficiencia con todo esplendor a la hora de dar respuestas a los problemas que presenta la realidad efectiva.

El comentario de Alberto también hace pensar en la gestión de la pandemia. “Con Macri hubiera sido peor”. Pero, ¿nos basta eso? Cuando el país enumera más de 37 mil muertes por Covid-19, ¿el consuelo es que todo podría haber sido peor? Definitivamente el oficialismo no encuentra las soluciones y tampoco logra decirlo con claridad. Lo evidencia también con la compra de las vacunas, un asunto nodal y delicado de la salud pública que se maneja entre el sigilo y la improvisación.

Para sumarle condimentos a la tragicomedia nacional que nos deprime y entretiene desde hace ya tanto tiempo, el presidente y la vicepresidenta se encuentran distanciados. Ayer, la vicepresidenta optó por ir al velorio luego de dos desplantes al jefe de Estado (17 y 27 de octubre) pero se desentendió de cualquier responsabilidad y dejó en claro que seguirá con su agenda que es la reforma de la Ley del Ministerio Público Fiscal. El Senado sancionará hoy esa iniciativa en pleno duelo nacional mientras CFK cajonea la designación del juez Daniel Rafecas como Procurador, un pedido del presidente que parece que hasta el propio Alberto ahora dejó en un lugar secundario.

Después del shock y de la conmoción por la muerte de Maradona, el país trata de recomponerse y volver a la ¿normalidad? con la certeza que no basta pensar que “todo podría ser peor” cuando el impacto de la crisis y la pandemia deja una pobreza que orilla el 50% de la población. El gobierno debería tomar nota del problema.