Luego de un 2017 auspicioso con unas elecciones legislativas arrolladoras para Cambiemos, aquel fatídico Día de los Inocentes que corrió las metas de inflación y erosionó el poder y la credibilidad de Federico Sturzenegger supusieron un augurio de lo que sería el 2018.

El dólar, que había comenzado el año en $18,73, pero tras dos corridas cambiarias que le costaron el puesto a dos presidentes del Banco Central, este viernes, el último día hábil del 2018, la divisa norteamericana cerró en $38,83, configurando una devaluación del 51,76%.

En ambas corridas (abril-mayo y agosto), el Gobierno tuvo que acudir al Fondo Monetario Internacional para solicitar un respaldo económico, primero; y readecuarlo, después, para no caer en default.

La primera corrida cambiaria a fines de abril provocó una devaluación de alrededor del 20%, la pérdida de US$10 mil millones de reservas y la salida de Federico Sturzenegger de la entidad financiera madre, luego de diferencias irreconciliables con Nicolás Dujovne y Luis Caputo.

Fue justamente Toto, el primo de Nicky Caputo, el "hermano del alma" del mismísimo Macri, quien asumió el cargo en el edificio emplazado al 266 de la calle Reconquista. Su vasta experiencia como trader financiero y sus inagotables relaciones con fondos de inversión internacionales lo colocaron en la silla más caliente del país.

Sin embargo, ni el auxilio de US$51 mil millones que había prestado Christine Lagarde alcanzó para controlar la volatilidad de una moneda herida de muerte. Para colmo las tasas de interés, que a lo largo del año fueron aumentadas hasta alcanzar un obsceno 78% con las Leliq (Letras de Liquidez), no solo no pudieron contener la presión, sino que dinamitaron el desarrollo económico del país.

Por ello fue que "el Messi de las finanzas", como se animaron a apodarlo desde el optimismo -y la soberbia- oficial, fue también eyectado de su cargo, luego de que el dólar alcanzara un nuevo récord al posarse por encima de los $42 por unidad.

Con Guido Sandleris a cargo del Central, Dujovne se encargó de renegociar el acuerdo con el FMI y consiguió una extensión que llevó el préstamo a US$56 mil millones y un compromiso ineludible de equilibrio fiscal para 2019.

De un déficit fiscal primario que en 2017 cerró en 3,9% del Producto Bruto Interno, Argentina ahora tendrá que alcanzar la cifra cero en 2019, además de comprometerse a frenar la emisión de papel moneda y a no operar en el mercado cambiario, adoptando bandas de no intervención.

En ese contexto, el crecimiento económico se contrajo y Argentina entró en recesión, con un acumulado en el periodo enero-septiembre de -1,4% del PBI. El FMI ha proyectado una caída de la economía de 2,6% para 2018 y de 1,6% en 2019.

Con una proyección del dólar a $42 promedio para 2019, el equilibrio fiscal como obligación y el ajuste como mandamiento, el Gobierno apuesta todas sus fichas a la recuperación a través del campo y Vaca Muerta, en un año electoral que se presume polarizado.