Daniel Arroyo: “La Argentina de Macri deja afuera a 20 millones de personas”

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Por espanto y por temor. Esas son las razones por las cuales el diputado nacional Daniel Arroyo, titular del bloque Red por Argentina, entiende que todas las vertientes del peronismo competirán en una gran PASO para derrotar al presidente Mauricio Macri. Más allá de las diferencias y cuestionamientos entre los candidatos, asegura que las candidaturas y los egos quedan a un lado cuando se mira la vereda de enfrente: un Gobierno cuyo plan económico “deja afuera a 20 millones de argentinos”.

Mientras Arroyo recibía a ElCanciller, el dólar pegaba un nuevo salto de casi 4%, ubicándose en $43,50. El exministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires no se sorprende con los números rojos que rodean a la gestión del oficialismo. Por el contrario, describe un gobierno desconcertado que no se preparó lo suficiente para la responsabilidad que tiene. “Parece que leyeron sólo las primeras tres páginas de un libro“, puntualiza.

Con una extensa carrera académica que comenzó en la UBA, fue uno de los diputados que, junto a Felipe Solá, abandonó el massismo para construir un frente de unidad que no deje afuera al kirchnerismo. Camina la provincia de Buenos Aires y asegura que la gente está implosionando por la angustia, dejando de creer en el Gobierno pero también en la oposición y en la misma política. Al notar el descontento social, busca tender puentes entre todo aquel que se diga opositor a Macri y ve irresponsabilidad en los que prefieren dividir el voto.

¿Por qué es tan necesario que la oposición vaya unida y cuál es el panorama si esa unidad no llega?
—En esencia, creo que el Gobierno encara un modelo que es, ante todo, una idea horrible: soja, minería, sector financiero y salarios bajos. Esa Argentina, la de Macri, deja 20 millones de personas afuera. Frente a eso, quienes somos opositores tenemos la responsabilidad de construir una gran unidad opositora, integrada por el conjunto del peronismo en sus distintas vertientes más otros sectores críticos al oficialismo. Si no lo hacemos, la sociedad se va a enojar mucho con nosotros. Esa unidad tiene que armar un programa para 44 millones de argentinos que cuide el mercado interno, proteja al trabajo nacional y haga las reformas estructurales que hacen falta, como cortar la venta de droga en los barrios, reformar la escuela secundaria y dar vuelta el sistema de crédito. Conformar ese frente es una obligación, no una opción, tanto para ganar como para gobernar. A mi modo de ver, para ganar hay que construir una gran PASO con dos o tres candidatos a presidente y dos o tres candidatos a gobernador y la sociedad votando dirá: “Es por acá. A este vamos a seguir”.

¿Cuál es el contexto con el que se gobierna a partir de 2020?
—Con un acuerdo caído con el Fondo Monetario, un mercado laboral desacomodado, porque no solo se perdieron 190 mil puestos de trabajo, sino que el que hace changas hace un par de trabajos por semana, y todo el mundo endeudado. Esto es simple: cae la construcción, el sector textil, la metal mecánica y los frigoríficos. ¿Qué creció? La intermediación financiera. Solo les va bien a los que prestaron plata. A futuro, gobernar en ese esquema requiere muchos consensos, mucha musculatura. El estado tiene una política. Yo recibí hace unos meses la boleta del gas. Al lado de la boleta, dentro del sobre, una publicidad que decía”obtenga un crédito de 20 mil pesos en 15 minutos”.

¿Quién define la política monetaria?
—El Fondo Monetario. Fijó una política de déficit cero, es decir, achicar todos los gastos con el único objetivo de pagar los intereses de la deuda y estableció un criterio de una banda de flotación del tipo de cambio. El Gobierno se asusta con eso porque se dispara el dólar y sube la leche, sube el pan. Se desacomoda todo, entonces trata de sostener el tipo de cambio y para eso le tiene que pedir permiso al Fondo: cuánto puede intervenir, cuántos dólares puede comprar. El acuerdo que el oficialismo ha hecho es vergonzoso, no tiene ninguna racionalidad. Es básico: subimos las tasas por las nubes, tratamos de sostener el tipo de cambio, achicamos todos los gastos y Dios sabe. Eso es la política de cambio de hoy. Inexorablemente hay que renegociar el acuerdo con el Fondo.

¿A qué se refiere la oposición cuando habla de renegociar con el FMI?
—Hay que ganar soberanía para la toma de decisiones. Eso implica generar una política expansiva y de crecimiento. Si no, esto no tiene salida, es una sábana corta que vas tirando de todos lados. Eso es lo primero. Tener racionalidad y la soberanía del gasto. La premisa tiene que ser el crecimiento económico. La torta productiva no se puede ampliar con déficit cero. El Gobierno achica todos los gastos, en consecuencia se le para el consumo y por eso le baja la recaudación y le crece el déficit. Entonces vuelve a achicar los gastos y empieza de vuelta la rueda. La salida es romper ese esquema que propone el FMI a través de un plan de crecimiento económico. El problema económico actual es evidente, inconsistente, un ajuste a la nada misma.

¿Cuáles son las medidas que hay que tomar en el instante que se pisa la Casa Rosada?
—Hay que intentar que el actual gobierno anuncie algunas medidas básicas ahora porque hablar de acá a octubre es ficción, el tema es como llegamos al fin de semana. La primera medida es tomar los 11 productos de la canasta básica y establecer los precios de referencia, quitarles el IVA o fijar una regulación. Segundo, hay que armar un sistema de crédito no bancario a tasas muy bajas para máquinas y herramientas con el fin de desendeudar a las familias, romper este esquema donde todo el mundo está endeudado al 180% anual. Tercero, empezar a quitarle presión impositiva a las PyMEs y a los comerciantes. El préstamo que anunció Macri para las PyMEs en el Congreso no sirve porque no hay demanda. Además, el interés sigue siendo altísimo. Hoy, el que quiere poner un tallercito al frente de la casa se da cuenta que no cierra por ningún lado.

De afuera parece que no esperaban que gobernar sea tan complicado, que la situación se les fue de las manos.
—Veo al Gobierno como gente poco preparada, gente que no estudió, que apenas leyó las primeras tres páginas de un libro. Dicen “hay que exportar más, cuidar las cuentas e integrarse al mundo”. Eso es más o menos como decir que hay que lavarse la cara y los dientes. No saben más que eso, lo básico. Cambiemos no creó ni una política pública. La emergencia la atienden con bolsones de comida, una política del siglo XIX. El gobierno es tres cosas. Una idea horrible: soja, minería, sector financiero y salarios bajos; una estructura de negocios: el que tiene que controlar los precios de alimentos está del otro lado del mostrador, pensando en la rentabilidad de los supermercados, el que tiene que controlar los medicamentos está en cualquier cosa y el que tiene que controlar precios de combustibles está liberando los precios; y un armado sin consistencia: gente poco preparada que no ha estudiado en serio. Los papeles decían otra cosa, pero la política se mide por resultados y no hay ni una política de fondo que esté cambiando la realidad. El oficialismo se está metiendo en un lío bárbaro y no tiene idea cómo salir.

¿Ni siquiera en política energética tuvo aciertos?
—Ahí el Gobierno hizo un diagnóstico claro. Evidentemente había un retraso en las tarifas y había que empezar a producir energía, pero lo que después ocurrió fue básicamente la suba brutal de las tarifas para siempre estar subsidiando lo mismo porque se les dispara el tipo de cambio. Cada vez que hay una audiencia se define un aumento nuevo y las empresas dicen “todavía falta un 300%” porque subió el dólar y nadie sabe el costo de producir energía en Argentina. (Juan José) Aranguren y (Javier) Iguacel dijeron varias veces “éste es el último aumento” y el secretario actual lo repite.

Para las elecciones, ¿puede haber una recuperación -aunque sea ficticia- por un aumento del gasto o una baja de la inflación?
—De acá a octubre todos tenemos que acompañar a sostener la situación. Me parece bien el aumento del 46% de la Asignación Universal por Hijo (AUH) porque la situación en los barrios está agotada, todo el mundo está desesperado, y eso va a ayudar. En los comedores, los chicos se quedan porque no tienen para comer. En una escuela de Pergamino, la cocinera me contó que espera para darles de comer lo más tarde posible porque algunos nenes a veces no comen más en todo el fin de semana. Sobre la inflación, el Gobierno cree que va a bajar por arte de magia. Viven diciendo “ahora sí va a bajar”. Piensan que la recesión va a hacer caer los precios de los alimentos. Un chico de 5 años sabe que eso no es así en la Argentina. Tiene que haber un sistema que contemple el tema de la emisión y el tipo de cambio, pero acompañado de políticas públicas y con controles en el proceso de intermediación de los productos hasta llegar a la góndola. El presidente dice que está bajando la inflación y al día siguiente los propios datos del Indec lo desmienten. Es evidente que no están bajando nada.

¿Qué se vio en el discurso de Macri en la apertura de sesiones legislativas? ¿La apuesta por la polarización le sirve al oficialismo?
—El presidente vino a hacer un discurso de barricada, político, para agrandar la grieta y dividir a los argentinos. No me gustó nada. Macri le habló a los propios, les dijo “estamos acá y la vamos a pelear”. No vino al parlamento. Ese discurso tiene un sentido en un acto de campaña. Esperábamos que anuncie varias políticas y fueron solo dos: el aumento de las AUH y la baja de edad de imputabilidad, una muy mala medida. Fue un discurso muy irresponsable porque quien gobierna no tiene que encender la mecha, tiene que unir. Probablemente eso le genere algún rédito en la campaña, retenga a algunos votantes que estaban dudando, pero es de una irresponsabilidad absoluta de quien gobierna en un país que está agarrado por alfileres, donde aumenta la pobreza, la desocupación y la desigualdad. En ese país, al Gobierno se le ocurre empezar a azuzar y a tensar la cuerda. El que gobierna tiene una responsabilidad colectiva, tiene que ser más razonable que cualquier otro ciudadano. La ministra Bullrich dice “se puede tirar por la espalda” o “se puede andar armado”. ¿Cómo lo lee un pibe que está perdido en una esquina de un barrio?

¿Massa se va a sumar a la unidad? ¿Cómo van a interferir la economía y la corrupción en la campaña?  
—Lo veo mucho más opositor y eso me alegra. Es una persona a la que se le han acercado, en su momento, Roberto Lavagna y José Manual de la Sota. Eso sólo habla de la calidad de dirigente que es. Ha armado un equipo económico y ha estudiado una idea de cómo encarar la política económica argentina, cosa que no ha hecho el Gobierno. Es un político que ha sido consistente en lo económico, pero se pueden discutir algunas leyes que haya acompañado en el Congreso. Espero que se sume y creo que lo va a hacer. La unidad opositora va a salir por espanto, por temor, por lo complicado que va a ser gobernar. Todos aquellos que queremos gobernar vamos a concluir en que hay que construir una gran unidad opositora con unas PASO para resolver las candidaturas. Además de la economía, el tema de la corrupción va a ser importante en la campaña. El Gobierno va a intentar que la seguridad y la mano dura también protagonicen el debate público. En Argentina ha habido un sistema de corrupción a través de la obra pública, no un funcionario suelto. Hoy estamos en otro, que es la colonización del Estado.

—¿Podría haber una interna con Axel Kicillof en la Provincia?
—Tengo la mejor opinión de Kicillof, porque respeto a la gente que estudia. Él lee, hace propuestas y tiene equipo, y eso es muy valorable. Forma parte de los que se preparan para gobernar. Las PASO son el mecanismo para consolidar procesos electorales. La sociedad, votando, sabe lo que hace. Elige a quién le cree más, un camino, y el que pierde tiene que acompañar. Podríamos enfrentarnos en una interna.