Superfinal: desnuda Pagni la interna por la seguridad y habla de un “complot de la estupidez”

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“¿Se podría pensar en todo esto como un complot? Sí, el complot de la estupidez”. Así definió Carlos Pagni al episodio que derivó en la suspensión de la final entre Boca y River por la Copa Libertadores. Para el columnista político, se trató de un cóctel de ineptitud de funcionarios políticos y corrupción de barras bravas y dirigentes del fútbol, en el que afloró además una interna entre la Nación y la Ciudad por la seguridad.

Al comienzo de su editorial en Odisea Argentina, Pagni enumeró una serie de “enigmas” que rodean al ataque de hinchas de River al micro de Boca el sábado. “Hay tantas piedras en Lidoro Quinteros y Libertador?”, se preguntó.

“¿Los cráneos que pensaron o que hicieron la inteligencia previa de la seguridad de este partido, cuyos riesgos estaban planteados públicamente, imaginaron que se podía pasar un colectivo azul y amarillo en medio de una muchedumbre situada en un barrio que se llama River, sin que pasara nada?”, agregó.

El conductor de LN+ se preguntó, además, si la Policía de la Ciudad “está en condiciones de ofrecer seguridad en un episodio que no sea el habitual”, ya que al parecer “nadie previó la excepcionalidad” del partido del sábado.

Para el periodista, las piedras fueron llevadas al lugar, aunque descartó un “complot” del kirchnerismo, como habían empezado a avivar algunos funcionarios entre ayer y hoy. “Se podría pensar en todo esto como un complot? Sí, el complot de la estupidez, que logra ser mucho más organizada que la estrategia de ofrecer seguridad en un partido muy conflictivo”, sentenció.

“No es casual que en manifestaciones publicas haya piedras: responde al Código Penal, que considera que las piedras no son armas”, explicó, y remarcó que por ese motivo “hay una inteligencia detrás” de quien las lleva. “Hemos visto lo mismo que vimos en el Congreso cuando se trató el Presupuesto. ¿Es lo mismo porque se copia? No, es lo mismo porque es la misma gente”, enfatizó.

Pagni sostuvo, en ese sentido, que se trata de “bandas organizadas para delinquir que viven de los clubes, que son alimentadas por la venta de entradas y negocios periféricos y que, además, prestan servicios a la política y tienen vinculación con algunos movimientos sociales”, como Quebracho. Por eso, sostuvo, Fernando Esteche fue apuñalado: porque “decidió cambiar de barra a la que contrataba”.

Luego cargó las tintas contra el presidente Mauricio Macri, que “si algo tenía que cambiar era esta patología ligada al fútbol” y no lo hizo, y habló de una interna entre los gobiernos de la Ciudad y la Nación por la forma en que deben comportarse las fuerzas de seguridad. “Ahora la seguridad pasa de Boca a River: sacamos a Ocampo, ponemos a Santilli”.

Según el editorialista, el vicejefe de Gobierno porteño asume como ministro de Seguridad porque Horacio Rodríguez Larreta necesita “un vivo”, alguien con “suficiente carácter político” para sostener una pelea que Martín Ocampo libraba, en desigualdad de condiciones, contra la Casa Rosada y contra Patricia Bullrich. En síntesis, Macri y Bullrich quieren una mano más “dura” y Larreta “es muy precavido sobre los efectos de que a la policía se le vaya la mano en la represión”.

Pagni mencionó, sobre este punto, otra vinculación entre el fútbol y la política: “Todo esto va ligado a un mal momento del fútbol argentino en general, con una AFA que se armó desde el poder, con Angelici como operador y Moyano como socio, y con Chiqui Tapia que es funcionario del macrismo: es el vicepresidente del Ceamse, manejado por Diego Santilli, que ahora es responsable de la seguridad metropolitana”.

Con la jugada de hoy, el presidente de Boca, Daniel Angelici, perdió poder ante Rodríguez Larreta, porque perdió a su protegido (Ocampo) y ganó Elisa Carrió, que podría romper el silencio en las próximas horas.