Su velorio, el machismo y Franco Macri: las 10 confesiones de Carrió en el diván

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En medio del escándalo causado por sus declaraciones en Córdoba contra Juan Manuel de la Sota, el psiquiatra y escritor José Eduardo Abadi dialogó en su diván con Elisa Carrió, donde no hablaron al respecto -la entrevista se realizó antes- pero hicieron un recorrido íntimo por la vida de una de las figuras más relevantes de Cambiemos.

Tras contar que a los 16 años contrajo matrimonio, a los 17 tuvo su primer hijo, a los 18 se separó y ese mismo año sufrió un accidente en el que perdieron la vida todos sus amigos, se introdujo de lleno en su experiencia con el psicoanálisis, su ingreso a la política y su relación con Mauricio Macri.

“Yo suprimí el tiempo y, como no puedo dormir, no sé a qué hora me levanto ni a qué hora me acuesto. Si el tiempo es una ficción, hay otra dimensión y la Astronomía te lo demuestra: todo está sucediendo al mismo tiempo”.

“Estar en mi cama, con un cafecito y un chocolate es el cielo. Yo creo que si hubiera otra persona, por más buena que fuera, me molestaría (ríe). Si llego a tener un marido, estará en otra habitación. Yo necesito mi cuarto, mi café, mi biblia. En el cajón de mi velorio también van a estar mi biblia, mis cigarrillos con mi encendedor y un collar de perlas. Esas tres cosas soy yo”.

“Ya tengo organizado mi velorio y va a ser sin pasar por el Congreso. Tengo hasta el menú: arroz con champiñones”.

“Para mí, morirme es un sueño divino porque pienso que ya no tenés que hacer dieta, no tenés que pagar la luz, no tenés celulitis… Es una cosa maravillosa. Me imagino que hay bares y que me encuentro con algunas almas conocidas”.

“Yo juego fuerte, yo tackleo. Me acuerdo del rugby: yo juego y juego fuerte. Eso no quiere decir que ame el poder. Al contrario, lo detesto porque amo la libertad. Por eso tengo la facilidad de usar el poder. Quien ama el poder, queda atrapado. Cuando vos lo despreciás, es como una pelota que va al lado tuyo. ¿A mí con qué me van a seducir? ¿Con dinero me van a enamorar? Si a mí nunca me faltó nada. ¿Casas? Ya las entregué todas a mi ex marido. Ahora me estoy haciendo una casa, pero si la tengo que vender no me importa. No tengo apego a lo material”.

“Formo parte de una familia que es del poder y que es íntima amiga de todos los políticos. Por eso conozco a Frondizi, estoy en el regazo de Arturo Illia, conozco a Alfonsín desde que soy chica porque era íntimo amigo de mi padre. Conozco la historia argentina entera”.

“Papá fue el gran amor de mi vida porque fue la única persona que nunca me aburrió. Yo me aburrí toda la vida porque terminaba los problemas de matemática en un minuto y los libros, en media hora, aunque no sabía cómo hacía eso. Como me aburría, leía hasta la madrugada, me hacía ropa, iba para todos lados. Y mi papá era como yo: necesitaba la fiesta, el desayuno, los amigos”.

“Yo podía ser presidente con acuerdos. Si yo aceptaba dinero de empresarios, yo era presidente. Y determiné dos cosas que nunca cambié. En primer lugar, no iba a recibir dinero del mundo empresario porque mi libertad y mi independencia no valían la presidencia. En segundo lugar, no iba a formar parte de acuerdos oscuros. El tema más difícil para mí fue el caso de Mauricio. No por él, sino por Franco Macri. Sabía que había que evitar que Argentina fuera Venezuela, en todos los sentidos”.

“El 1,8 (N. de la R.: Es el porcentaje de votantes que obtuvo cuando se presentó como candidata a Presidente en 2011) es lo que más amo en el mundo. El 1,8 permitió que ganara Cambiemos. Que hubiera quinientos mil que resistieron, aún sabiendo que yo perdía, fueron esos quinientos mil que después pudieron ser siete millones”.

“Sé que estamos sufriendo. De hecho, acabo de vender mi auto para poder pagar mi tarjeta de crédito. Pero sé que vale la pena. A mí me parece que nuestra ceguera es nuestra mayor debilidad. Y esto es en cualquier clase social porque no es un problema de alfabetos o analfabetos, de pobres o de ricos. Es un problema de una liviandad acerca de la vida que sólo tienen algunas especies de herederos, de lo dado y de lo no conseguido”.

“A mí no me gusta el machismo, ni de los hombres ni de las mujeres. Creo que somos iguales, que tenemos el derecho a ser personas y a que haya igualdad de oportunidades. Que hubo discriminación es cierto, pero eso nos da fortaleza. Además, rescato el ser mujer, en el orden del deseo. A mí me parece que la mujer no puede ser un objeto sexual y no puede usar su sexo, como a veces veo en el Congreso. Pero tampoco puede ser una persona que se parezca a un hombre en sus modos y en su forma de vestir, como también a veces veo en la política. Una es mujer”.