Nueva batalla Shyamalan-críticos-público se ha librado en redes sociales y sitios de internet especializados. Y esta no será la primera ni la última vez que el director de Sexto Sentido genere opiniones tan diversas como su filmografía. Glass llega a los cines y los fans parecen aceptar y abrazar el fin de la trilogía mucho más que la crítica.

En su encuentro con El Canciller en San Pablo, Brasil, M. Night Shyamalan dejó en claro que este es su proyecto más ambicioso, uno que nació mientras rodaba y terminaba de editar Sexto Sentido en 1999.

El director indio reveló cómo fue el surgimiento de esta idea inicial: "Era una película completa, pero luego elegí solo hacer El Protegido porque no podía filmar cuatro horas. No tenía presupuesto. Mejor contar una historia de inicio. Luego, llegó la segunda parte (Fragmentado, 2017), pero finalmente fueron tres. Tenía que darle un cierre a esta historia".

El Protegido se estrenó a principios de siglo, en un mundo que no se regía por las redes sociales y los superhéroes eran consumo solo de los mal llamados nerds.

La trama principal del film consiste en el surgimiento de superhéroes y villanos en la vida real, puntualmente en el caso de David Dunn (Bruce Willis), el único sobreviviente de una accidente de tren. Una idea tan absurda como magnífica que se convirtió en la mejor película de la filmografía del director. ¿Cómo le fue con la crítica ese año? No muy bien.

En este cierre de trilogía, Glass funciona como secuela de El Protegido y de Fragmentado (de las mejores películas de terror del 2017), ya que en la escena post créditos de esta última, la aparición de Dunn dejó en claro que los personajes de ambos largometrajes existen en la misma realidad.

Para esta tercera entrega, el cast original de la primera (Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Spencer Treat Clark) se une al elenco de Fragmentado (James McAvoy y Anya Taylor Joy), y, además, hace su debut la pieza más confusa de esta historia: Ellie Staple, el personaje de Paulson.

El film comienza con una lucha entre David Dunn y Kevin Wendell Crumb (James McAvoy). Mientras transcurre este enfrentamiento, una psiquiatra especializada en personas que se creen seres especiales y con poderes irrumpe junto a su equipo y los captura.

Con la excusa de ayudarlos a resolver su “enfermedad” e impedir que los ejecuten, la doctora comienza a estudiarlos en el mismo centro donde se encuentra Elijah Price, el personaje de Samuel L.Jackson también conocido como Glass.

El primer y gran problema del film radica en la esencia de la idea original y su sobreexplicación. ¿Es una película que se burla de la cantidad de títulos de superhéroes en la industria actual? ¿O el film intenta explicar que es un crossover, una edición de lujo y otros aspectos característicos de la industria comiquera que antes no eran populares? Si tengo que elegir, a modo de deseo, me quedo con la primera opción.

La película sí funciona excelente en la parte técnica y también algunos recursos narrativos como el fuera de campo y de cuadro, la paleta de colores, el juego de planos y la actuación de James McAvoy que vuelve a deslumbrar con la interpretación de casi 15 identidades (se mencionan 24) que habitan dentro de la mente y cuerpo de Kevin.

En toda la primera parte de la película, el director lleva al espectador por un camino firme y consistente. Aunque con algunos excesos propios de su filmografía, la mano del mejor Shyamalan está presente y se disfruta. Sin embargo, el giro final modifica la historia y la vuelve caótica, hasta predecible y absurda. El toque Shyamalan que no podía faltar para mejorar o derrumbar su propia obra.

En este caso, Glass podría ser comparable con un partido de fútbol donde no importa el buen juego, las estadísticas a favor ni otros valores positivos en el durante si terminaste 1-0 abajo y perdiste los tres puntos.

Una película demasiado hablada y explicada, pero también con aciertos desde lo técnico y artístico. Dos Shyamalans en uno, como esos personajes de las viñetas que con una acción pueden mutar de superhéroe a villano.

De todos modos hay que mencionar una obviedad: el cine es experiencia personal y subjetiva. Se pueden vislumbrar malas decisiones del director y guionista, pero también se puede salir satisfecho por la obra en general. O a la inversa.

Lo mejor es que este autor jamás te dejará sin nada en qué pensar. Lo vas a odiar o lo vas a amar. O las dos cosas. Y quien les escribe, se fue con la sensación de haber visto una muy buena película de M. Night Shyamalan, pero no por el resultado final, sino por el goce en el camino transitado.

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