El exministro de Néstor Kirchner no tiene intenciones de competir en una interna contra Massa y Urtubey. Él quiere que su nombre se instale como el candidato de la unidad, aquel que puede romper con la polarización de los últimos años y dejar atrás la contienda entre macrismo y kirchnerismo. Por eso, busca sumar la mayor cantidad de adhesiones posibles.

Las encuestas muestran que todavía mide poco, pero que tiene proyección: una imagen positiva alta, poca imagen negativa, un nombre que se relaciona con la salida de una crisis y que se bajó del barco kirchnerista antes de que la corrupción se descontrolara. Además, una candidatura presidencial en su haber y, sobre todo, una relación "respetuosa” con todo el abanico de candidatos.

Respetado y respetuoso, no cultivó muchos enemigos en la política. Aunque se fue del kirchnerismo en la primera fase, su relación con la expresidenta Cristina Kirchner no está tan golpeada (al menos mediáticamente). Este factor es clave. En 2015, la mayoría de los dirigentes del peronismo federal optaron por hacer campaña con el antikirchnerismo como bandera, al igual que Macri.

Esos candidatos, entre los que están Massa y Urtubey, son los que no encuentran un electorado para conquistar: Macri se llevó los votos de quienes pedían mano dura y Cristina a las masas y clases populares. Lavagna, en cambio, con un aval explícito o implícito de CFK, podría generar adhesiones en el electorado de la expresidente.

La evolución de la economía de Cambiemos también es importante para el economista. El FMI y el Gobierno anticipan una recuperación a partir del segundo trimestre. Consultoras privadas la postergan y algunas incluso no la ven en sus ecuaciones. Si existe, de todos modos, ¿será suficientemente grande para reconquistar a los votantes frustrados? El oficialismo intuye que no alcanzará, por eso busca desplazar la economía de los principales focos de conflicto de la campaña.