Sea por los vaivenes de Martín Lousteau o por el intento kirchnerista de reinventarse después de acumular derrotas, la Ciudad de Buenos Aires (CABA) le abrió a Matías Lammens una puerta inédita para su desembarco en la política. El nuevo esquema de polarización enaltece el beneficio de hacer una elección con resultados históricos para el peronismo capitalino, pero también eleva los costos: una derrota en primera vuelta está dentro del menú de opciones.

De hecho, tal como Lammens observa, podrían ocurrir las dos cosas: que las urnas lo erijan como el mejor candidato opositor de los últimos años, pero que Horacio Rodríguez Larreta consiga la hazaña de ser reelecto sin ballottage, con más del 50% de los votos. En una entrevista con El Canciller el candidato del Frente de Todos habló de su campaña electoral, las reformas inminentes que necesita la Ciudad, la relación con Marcelo Tinelli y el intento por captar los votos que dejó vacantes Lousteau.

¿Qué hay que hacer de forma inminente el 11 de diciembre?

—Hay tres cosas que hay que atacar de raíz. Lo primero es la emergencia habitacional que tiene la Ciudad: uno de cada tres porteños alquila, hay 250 mil que viven en villas. Una de las primeras medidas tiene que ser intervenir el stock inmobiliario. Permitirle a la gente comprarse su primera vivienda. Hoy es imposible pensar en ese acceso porque se necesitan 150 sueldos. Otro tema es la educación. No puede haber pibes sin vacantes. Es inmoral que haya 22 mil chicos que no puedan iniciar su proceso de escolarización. Por último, hay que atender de forma urgente la emergencia social. La Ciudad tiene 600 mil pobres, 200 mil indigentes y siete mil personas que duermen en la calle. Eso una locura. Buenos Aires tiene un presupuesto altísimo, al nivel de una gran capital europea.

Existe una crítica de que hay muchos departamentos vacíos en la Ciudad.

—Hay muchos departamentos vacíos y mucha construcción de viviendas de lujo. Eso no soluciona el problema de los inquilinos de la clase media. En Nueva York hay un caso de construcción de viviendas accesibles bajo modalidad público-privada. Esa articulación es posible en la Ciudad. El tema clave es que el Estado tiene que orientar esa inversión, tiene que cumplir un rol.

¿Qué te parece la obra pública de la Ciudad? ¿Es discutible la forma en que se realiza?

—Muchas obras que se hicieron están muy bien. Tengo críticas puntuales. Por ejemplo, el Metrobús es una buena solución, pero la real es la construcción de más líneas de subtes. Este gobierno llegó hace 12 años prometiendo 10 kilómetros por año y se va después de 12 habiendo construido menos de uno por año. Lo primero que haría son más subtes. La solución de las ciudades grandes va por abajo. No te hablo de París o Berlín, te hablo de Santiago de Chile. Es absolutamente realizable. Esta Ciudad tiene capacidad de tomar crédito para hacer este tipo de obras. Sobre las formas, hay un informe de la auditoría que habla del Paseo del Bajo, que fue construido por una empresa amiga o familiar del Presidente (NdR: se refiere a Iecsa, empresa de Ángelo Calcaterra, primo hermano de Mauricio Macri). Hay que trabajar en la creación de una agencia anticorrupción que esté en manos de la oposición. Si la maneja un funcionario oficialista no tiene ningún sentido.

¿Cómo es hacer campaña en un espacio donde el kirchnerismo es la fuerza principal, pero vos no te autoidentificás como kirchnerista?

—No me identifico y nunca lo fui. Tengo una relación equilibrada: celebré muchas cosas del kirchnerismo y critiqué muchas otras. En la Ciudad logramos conformar un frente amplio y plural que expresa muchas voces. El testimonio de eso son Victoria Donda, Pino Solanas, Dora Barrancos. Son interlocutores que pueden interpelar a otro sector de la sociedad, a votantes con otra identidad cultural, más afín al progresismo o al radicalismo. Hoy esa gente se identifica mucho más con nosotros que con Juntos por el Cambio. Muchas de esas cosas las representaba Lousteau. Sus votos están en pugna.

Lo votaste en 2015.

—Sí, yo coincidía con el diagnóstico que él tenía de la Ciudad, la preocupación por los déficit en salud y educación, el manejo de la pauta presupuestaria, por cómo se gastaba en publicidad y marketing. Comparto mucho de lo que él decía. No hablo en términos personales, pero me parece que Lousteau está en un lugar que no expresa lo que él representaba. De todos modos, me parece un dirigente valioso y tengo muy buena relación con él.

"Lousteau está en un lugar que no expresa lo que él representaba"

La legalización del aborto es una bandera de tu candidatura.

—Es un tema importantísimo porque interpela a un montón de mujeres que están haciendo una revolución extraordinaria de la cual siendo hombre me siento parte. Todos estamos en un proceso de aprendizaje, de reeducación. Es impresionante ver lo que sucede en las marchas por la legalización del aborto. Es un tema que constituye la primera experiencia política, el despertar político para muchas chicas de 16 o 17 años. Además es una cuestión de salud pública, así que para mí es fundamental.

¿Con Marcelo Tinelli tenés la misma relación que cuando comenzaron a trabajar juntos?

—Ahora somos mucho más amigos. Pasamos siete años juntos en San Lorenzo, cosas buenas y malas. Tenemos una relación más entrañable.

¿Qué balance hacés de la gestión en San Lorenzo? Teniendo en cuenta tanto lo conseguido como lo que faltó.

—Tuvimos los dos logros más importantes de la historia: la Copa Libertadores y la vuelta a Boedo. Pero también nos enorgullece haber puesto a San Lorenzo en una situación patrimonial de las mejores. Nos vamos a ir dejando un club que es absolutamente diferente al que recibimos. Con respecto a lo que faltó, me hubiera gustado conseguir algún título más en el fútbol. En los últimos años no nos fue bien. El último semestre hicimos las cosas bien: trajimos al técnico del momento, (José) Almirón, que lo querían desde Boca a la Selección, pero salió mal. El fútbol es muy injusto a veces. 

¿En lo político? Tinelli pareció acercarse más a Lavagna que vos.

—Tomamos caminos distintos. Tenemos una visión similar de la grieta, pero él tomó la decisión antes de que pasara lo de Alberto de no participar. Si lo de Alberto se hubiera dado antes, creo que habría sido diferente. Roberto (Lavagna) estuvo comiendo en mi casa. Yo sentía que él podía crecer como una alternativa electoral con una determinada fortaleza, pero no sucedió por múltiples errores. Se quedó a mitad de camino y hoy tampoco expresa una tercera vía. Pero considero que es un tipo muy valioso y que el próximo presidente lo tiene que convocar. 

"Lousteau está en un lugar que no expresa lo que él representaba"

¿Quién no tiene que votarte?

—No me tiene que votar el que pasa por al lado de un tipo que está durmiendo en la calle y le da lo mismo. Tampoco el que sea indiferente a que un pibe de un año o dos no pueda iniciar su escolarización. Yo les hablo a los porteños y porteñas a los que les duele que haya desigualdad. A los que les duele que el Estado no haga nada, que haya pobreza. No a los que miran para el costado.