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El Canciller - Comentarios

La semana pasada en El Canciller empezamos a tratar el tema deuda 2020; nos detuvimos en los vencimientos del año que viene y con qué herramientas cuenta Argentina para afrontarlo. Dejamos asentado que eran dos variables las considerables para abordar el tema: los recursos fiscales disponibles y la renegociación de deuda. El primero lo abordamos la semana pasada, el segundo nos convoca hoy.

Hace tres días, en un extenso momento radial junto a Alejandro Dolina en “El horno está para bollos” de Radio Con Vos, Alberto Fernández afirmó que prefiere no recibir el remanente pendiente del programa con el FMI (unos USD 11.000 millones) porque eso agravaría el problema de deuda; y sostuvo que lo que busca negociar es tiempo para cumplir con las obligaciones de deuda.

Ayer, en la 25° Conferencia Industrial organizada por la Unión Industrial Argentina, se explayó sobre esta consideración: “No quiero hacerle quitas a nadie ni dejar de pagar. Lo que Argentina debe lo vamos a pagar. Pero para poder pagar debemos priorizar el crecimiento. Los que producen tienen que producir más y no vamos a postergar a ningún argentino por pagar”.

Hay tres tipos de restructuraciones cuando el nivel de deuda de un país no es sostenible y deben cambiarse las condiciones. El primero es el reperfilamiento que implica solo la extensión de los plazos de pago, sin involucrar quitas de deuda. Luego, puede darse una restructuración moderada que agrega reducciones en los cupones de deuda a la extensión de plazos; o una restructuración dura (como el canje argentino de 2005) que agrega a la extensión de plazos una reducción del capital adeudado. Las palabras de Fernández dejan en claro que el tipo de renegociación por el que se intentará avanzar es el de reperfilamiento.

Esta estrategia no desconoce la necesidad de restaurar la sostenibilidad de la deuda para que la economía crezca pero “da vuelta el escritorio”: debe recuperarse la economía como condición necesaria para efectivamente restaurar la sostenibilidad. La premisa compartida ayer con la UIA es que “tomó deuda un gobierno democrático y los acreedores no tienen la culpa. Pero se tomó mucha deuda y a muy corto plazo, una locura. Necesitamos ponernos de pie para pagar”

¿Existen casos exitosos de reperfilamientos de deuda en el mundo? Un informe de la consultora Elypsis presenta dos casos: Pakistán en 1999 y Uruguay en 2003. Un lejano y otro muy cercano. 

Pakistán extendió los plazos de pago de deuda con bancos comerciales, el Club de París y bonos por USD 4.785 millones. El caso pakistaní encuentra su origen en la crisis de balanza de pagos y caída de la economía que catalizó una sanción de EE.UU. en 1998 por pruebas nucleares que este país había desplegado. Se interrumpió el flujo de capitales, lo que combinado a una dinámica económica que venía siendo mediocre llevó a la cesación de pagos. Fue el Club de París quien decidió extender fechas de pago que hubieren caído en 1999 y 2000 bajo la condición de que el país reestructurara de manera similar con acreedores privados. En esta línea Pakistan lanzó una oferta de canje de bonos que fue aceptada por el 99% de los acreedores ¿Qué logró el país? Una extensión con el Club de París de 20 años, con 10 años de gracia; con los otros préstamos de 18 años con 3 de gracia y en términos de bonos 6 años de extensión con 3 de gracia.

Uruguay en 2003 reperfiló letras del tesoro y bonos por un total de USD 5.350 millones. La devaluación brasileña de 1999 y la crisis Argentina de 2001 tuvieron fuertes efectos sobre la economía uruguaya, al tiempo que fue víctima de la interrupción del flujo de capitales hacia toda la región a fin de década. Para octubre de 2002 el peso de la deuda en el PBI casi se había duplicado y el déficit fiscal se acercó a 5% a causa de los servicios de deuda.

Nuestro vecino encaró un proceso de canje voluntario de deuda para evitar un default (canje preventivo) y sus consecuencias. Las opciones de canje implicaron extensiones de vencimiento de un grupo de bonos por 5 años, un bono “benchmark” con mayor extensión (5 a 22 años), a cambio de mayor liquidez en el mercado secundario concentrando deudas en pocos títulos. La emisión de los bonos canjeados fue bajo ley New York, con cláusulas de acción colectiva y de agregación ¿Los resultados? Aceptación del 93% de los acreedores.

¿Qué pasó en ambos países con los Holdouts? Quienes no accedieron a los canjes (1% en Pakistán y 7% en Uruguay) siguieron cobrando en condiciones normales. Es decir, no había cláusulas que lo impidan (como la cláusula RUFO en nuestro canje 2005). A más dura la restructuración, mayor rigor de las cláusulas y compromisos. Por eso lo atractivo de reperfilar.

El éxito de las negociaciones de deuda dependerá de la capacidad del nuevo gobierno de mostrar capacidad futura de recuperación y repago. Un largo camino se inicia en 2020 para evitar que se siga profundizando la crisis heredada.