Macri y el bridge

Las estrategias del ex presidente para permanecer en el terreno político, aún sin estar en el día a día.
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“Estábamos con los amigos de siempre jugando al bridge (…) Llegó Mauricio y quiso incorporarse a la partida. ¡Pero si vos no sabés jugar!, le contesté.

–Dejame sentarme (sic) y vas a ver si sé o no sé..

“Los amigos dijeron ‘dejalo a ver qué hace’. Se sentó, jugó y ganó. Yo le pregunté: ‘pero cómo hiciste’. Mauricio sólo sonreía. Después me confesó que estuvo más de un año tomando clases en secreto, para sorprenderme. Así es él.”

La anécdota no es nueva. Está contada por Franco Macri en el libro La dinastía, vida pasión y ocaso de los Macri, escrito en 2001 por esa gran periodista que fue Ana Ale, fallecida en 2005, víctima de un cáncer.

El hecho no sólo revela la difícil relación de Mauricio Macri con su padre, Franco –a quien siempre buscaba complacer, como si algo le faltara a esa relación padre-hijo–, sino que también muestra la tozudez y la disciplina de alguien dispuesto a cualquier sacrificio para lograr un objetivo.

Esa misma disciplina aplicó años después para cumplir religiosamente con las indicaciones de sus jefes de campaña, Jaime Durán Barba y Marcos Peña. Esa disciplina en pos de un objetivo transformó a Macri en presidente.

Fue Franco quien en el mismo libro –a principios del milenio, tengamos en cuenta– arriesgó, orgulloso, sobre Mauricio: “En la familia tenemos un presidenciable”.

Para quienes leímos el libro de Ana Ale en su momento, no fue una sorpresa, entonces, la rápida y exitosa carrera de Mauricio Macri en la política. Sin embargo hoy, a casi 20 años de las declaraciones a esa gran investigación periodística y con Franco, el patriarca, ya fallecido, la estrella de Mauricio Macri parece apagarse.

“Macri está afuera; el problema es que él no lo sabe”, dijo hace pocos días alguien que tuvo llegada a los círculos de poder de 2015 a 2019. “El que juega ahora está en la Ciudad”, completó sin nombrar –aunque falta no hacía– a Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de gobierno porteño.

Las noticias difundidas a fines de noviembre del año pasado, que risueñamente hablaban de que Mauricio Macri (una vez abandonada la Presidencia) se iba a dedicar al bridge y hasta soñaba con competir en los Juegos Olímpicos , fue más bien una bomba de humo para entretener al periodismo.

La verdadera intención del ahora ex presidente se cocinaba en las oficinas de  Gianni Infantino, quien le ofreció el cargo en la Fundación FIFA como un nuevo trampolín deportivo para que el líder del Pro vuelva a competir en 2023 por la Presidencia.

No la tendrá tan fácil ahora. Después de la derrota hay algunos que se quieren probar en la A, y uno de ellos es Rodríguez Larreta. También el radicalismo se anota en la pelea, especialmente a partir de su presidente, el mendocino Alfredo Cornejo.

El papel fuerte del radicalismo, por ahora, está en el Congreso. Allí, Mario Negri y Alfredo Cornejo son las espadas indiscutibles, junto con Luis Naidenoff en el Senado. Desde allí intentará hacerse fuerte el centenario partido-

Es verdad que Macri no será jefe de la oposición, ni correrá detrás del día a día de la política. Para eso ubicó en lugares expectantes de la conducción del Pro a gente de su propia tropa. Nada menos que Patricia Bullrich, indiscutida “mauricista”, será la encargada de conducir al partido amarillo.

Rodríguez Larreta también ubicó a alguien propio en la secretaría general del partido, Eduardo Macchiavelli. Es decir que la interna Pro, hoy por hoy, se dirime entre el jefe de gobierno porteño y el ex presidente.

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María Eugenia Vidal no volverá a la provincia de Buenos Aires, donde ya se prueban el traje de candidatos algunos intendentes que sobrevivieron al aluvión del Frente de Todos y retuvieron sus intendencias. El más ambicioso, Jorge Macri, con apellido “mauricista” pero juego político “larretista”.

De todas formas, quienes conocen la política Pro dicen que no todo está dicho con Mariu Vidal y que podría ser la acompañante de Horacio en una eventual carrera presidencial. Como ya se dijo, falta mucho.

En toda esta rosca política, lo que queda claro, también, es que el Pro no sólo se prueba en la oposición nacional sino que se adapta a la conformación de un partido más tradicional. Atrás quedaron las novedades, las estrategias y el marketing; llegó el momento de la política grande, de tener estrategias para hacer olvidar el pasado y prepararse para el futuro.

Macri se fue pero no se fue. Va definiendo de a poco cuál será su futuro político. Mientras tanto, quienes lo acompañaron, crítica o acríticamente, juegan a la política. El ex presidente mira desde afuera. Pero sólo por ahora. Un buen jugador de bridge sabe en qué momento sentarse a la mesa.