23/07/2019
Viernes 25 de Mayo de 2018 Post Créditos

Isla de Perros: I Love Dogs

Esta semana se estrena Han Solo. En mi escritorio tengo un Han y un Chewie, y soy un gordo fan de Star Wars, pero escribí esta nota para pedirles que por favor no vayan a verla y que en su lugar corran a ver Isla de Perros.

La nueva película de Wes Anderson es increíble por más de una razón. El director logra plasmar su estilo visual único y característico en una película animada. Lleva el detalle de cada unas sus obras a una animación cuadro por cuadro, lo cual le sienta de maravilla a esta bella historia.

Isla de Perros se podría resumir de la siguiente manera: “En un futuro no tan lejano, en Japón, una plaga viral (algo así como la gripe aviar, pero perruna) azota a los perros, razón por la cual el gobierno decide enviarlos a todos a una isla que, además, sirve de basurero. A esta isla llega Atari (el nombre más lindo del mundo), un niño de 12 años en busca de su mascota. Una vez ahí un grupo de perros liderados por Chief (Bryan Cranston, sí, Walter White) lo ayuda en la búsqueda”.


Aunque parezca que la historia está centrada en el niño, no se trata de una historia de humanos, sino de perros. La narrativa de esta película es definitivamente la de los canes, incluso, apenas empieza nos advierten que todos los ladridos han sido traducidos al inglés, a diferencia de los diálogos humanos que han sido dejados en su idioma original, por lo que gran parte de la película está en japones dejando al público con la duda de qué estará diciendo Atari. Así, el genio de Wes logra un relato que nos invita a jugar como espectadores en esta aventura que, si bien parece sencilla o superficial, nos habla de temas mucho más serios desde su visión particular. Otra razón por la cual estamos ante una obra única.

Es que Isla de Perros es realmente una película redonda: no tanto desde la historia (no voy a entrar en el debate "perros versus gatos", pero es claro de qué lado está Anderson: del que está cualquier persona de bien), sino desde la técnica y el diseño de producción. Esas tomas perfectamente simétricas, tan distintivas de Anderson (visiten la cuenta de Instagram Accidentally Wes Anderson) combinan con el excelente guión. El resultado es obvio, una de las películas animadas en Stop-Motion (y del cine  en general) más originales de los últimos años.

Puedo seguir alabando la técnica de mi director favorito (¡se ven hasta las pulgas moviéndose sobre los perros!), pero le voy a dedicar un párrafo al brillante trabajo actoral de las voces. Anderson vuelve a confiar en todos sus actores fetiches Jeff Goldblum, Edward Norton, Scarlett Johansson, Bill Murray, Tilda Swinton, Greta Gerwig y la mismísima Yoko Ono, y logra, de nuevo, sacar lo mejor de cada uno. Además de todos los logros que se le reconocen, una cosa que no muchos resaltan y lo dejan un escalón por encima de sus pares, es que es un excelente director de actores. Logra sacar carcajadas con el perro chismoso de Murray y con "la" Tracy de Gerwig vas directo a la revolución.

Como toda película que trate de mascotas tiene su costado emotivo. Pero lejos de caer en el golpe bajo, el inteligente guión va del llanto a tópicos como la política, las conspiraciones, la genética y el activismo en favor de los animales. Si se quedan con que es historia de perros, se van a perder de mucho. Corran a verla porque es, sin dudas, una de las mejores películas del año. Eso, y quieran mucho a sus mascotas. Todavía no puedo dejar de pensar en Renzo, el perrito que extraño todos los días.

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