Los votos del peronismo a Macri, el nombre de Lavagna y los números de Melconian

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¿Puede un peronista avalar la continuidad de Mauricio Macri como presidente cuatro años más, con el único objetivo de impedir el regreso de Cristina Fernández al poder? Puede. ¿Cuántos dentro del tinglado del PJ son capaces de ignorar con su voto el fracaso económico de Cambiemos y concentrarse sólo en dejar atrás al kirchnerismo, para alumbrar un nuevo peronismo? Si nada vuela antes por los aires, de esa ecuación dependerá en 2019 el resultado de un eventual balotaje entre los dos candidatos que figuran arriba en todas las encuestas.

Se sabe que si la ancha oposición decidiera unirse, los días del ingeniero en la Presidencia estarían contados. Pero el peronismo no sólo elegirá un modelo que contraste con el macrismo: también buscará parir un liderazgo alternativo al de CFK, lo que no consiguió en los últimos tres años.

Los votos del peronismo a Macri en una segunda vuelta que hoy parece cantada preocupan por estas horas a los acuerdistas que ven cómo se aleja la unidad tan invocada. La factoría electoral del PRO trabaja para contribuir a eso, con el estímulo a la división en todos los terrenos y niveles.

Los votos del peronismo a Macri en una segunda vuelta que hoy parece cantada preocupan por estas horas a los acuerdistas que ven cómo se aleja la unidad tan invocada.

Potenciada por las encuestas y el clamor de los incondicionales, la candidatura de la senadora se presenta cada día más nítida y la fórmula de la gran PASO que incluya al cristinismo sin Cristina se torna ya -para unos y otros- pura ingenuidad.

La expresidenta no niega ni confirma pero recibe a todos con el ambicioso propósito de recrear una mayoría. Se abre al acuerdo con los gobernadores que le envían emisarios y sólo se muestra irreductible en su fortaleza: no piensa ceder nada en la provincia de Buenos Aires.

Unidos apenas por el rechazo a su jefatura, el peronismo de los cuatro que juntó nueve gobernadores en una foto avanza hacia una interna de baja intensidad. Aunque los sondeos muestran a Sergio Massa como el único con capital propio, Miguel Ángel Pichetto se declara candidato, mientras redobla sus esfuerzos por convencer a Roberto Lavagna. Reticente a una campaña prematura pero activo en la escucha, el exministro mira los números de la economía y vuelve a percibirse con los pergaminos suficientes.

Lavagna no sólo es un nombre asociado a la exitosa transición entre Duhalde y Kirchner, también es un interlocutor amable para un establishment que sigue bancando a Macri, pese a la escena agria del presente.

Aunque le facturan falta de carisma y voluntad para traducir su buena imagen en votos, Lavagna no sólo es un nombre asociado a la exitosa transición entre Duhalde y Kirchner, después del sacrificio de Jorge Remes Lenicov. También es un interlocutor amable para un establishment que sigue bancando a Macri, pese a la escena agria del presente.

Los empresarios que hace tres años festejaron el fin del populismo jamás imaginaron que deberían afrontar una recesión sin fecha de vencimiento y una lucha inédita por preservar su libertad. Mientras salvar el pellejo se convirtió en prioridad para magnates como Paolo Rocca y Jorge Brito, en la UIA y la Cámara de la Construcción lloran cuando recuerdan que en Argentina no existe ni la tradición de la burguesía paulista ni el Bandes de Brasil para que las compañías locales que quedan superen esta tormenta.

Cuesta verlo hoy, pero el resultado electoral del año próximo designará al encargado de resolver la herencia envenenada de Macri. Lo sinceró Carlos Melconian una vez más, el miércoles pasado, en la jornada que organizó la revista Bank Magazine en la Bolsa de Comercio. El extitular del Banco Nación aludió a la “auto-herencia” del Presidente 2016/2017, a la “disrupción macroeconómica” de 2018, a un “esquema de emergencia tosco que apuesta a una restricción monetaria extrema” y a una recesión “fuerte y larga”.

Melconian dijo que Macri va a terminar su mandato con peores resultados que CFK: una inflación acumulada de 211% y una caída del 3% del PBI que contrasta con el crecimiento de 1,5% de su antecesora.

El economista -que prepara un libro con sus tesis sobre la aventura de Cambiemos en el poder- dijo que Macri va a terminar su mandato con peores resultados que CFK: una inflación acumulada de 211% (30 puntos más que lo que acumuló la ex presidenta entre 2011 y 2015) y una caída del 3% del PBI en sus cuatro años de gestión que contrasta con el crecimiento de 1,5% de su antecesora, en un período caracterizado como de baja actividad.

Al margen, en una columna, Melconian mostró una comparación todavía más ingrata, que duele en el corazón del oficialismo: “las planillas de los Ceos”, que esperaban un crecimiento de 11% y una inflación acumulada del 68,9% para el período 2015-2019. Se entiende que el presidente haya confesado el lunes pasado que no piensa hacer más pronósticos.

Sin embargo, el dato que más asusta es el debe que deja el líder del PRO: 116.000 millones de vencimientos de deuda en moneda extranjera para el próximo presidente: 21.000 millones en 2020, 21.500 en 2021, 40.000 millones en 2022 y 33.600 millones en 2023. Tal vez en esos números ingobernables exista un mejor argumento para que haya peronistas que voten a Macri, el año que viene, una vez más.