“¿La corrupción mata?”: las causas de nueve tragedias que impactaron al país

Ecos, Cromañón, Once, el ARA San Juan y las inundaciones de La Plata son algunas de las tragedias que la periodista Florencia Halfon Laksman revisó para su libro. En diálogo con El Canciller, asegura que "en muy pocos casos cambiaron cosas".
El Canciller - Comentarios
@luis Alejandro Tenía una industria...
@luis Alejandro La corrupción también mata a...

“¿La corrupción mata?”. Esa pregunta intentó responder la periodista Florencia Halfon Laksman en su libro, en el que repasa algunas de las tragedias más impactantes del país de los últimos años, con una investigación detallada de cada una, nutrida con declaraciones de ese entonces, comunicados, entrevistas a víctimas, familiares y condenados como ex funcionarios.

Sobre el proceso de escritura dice que fue “tortuoso”, pero que a través de la escritura pudo complejizar acerca de, justamente, la afirmación “la corrupción mata”. “Hay gente que toma malas decisiones en su trabajo, o es mala en lo que hace, o no los dejan hacer las cosas como les gustaría. También hay algo estructural que nadie cambia. Y para contar la complejidad había que decir que en todas esas tragedias, todos los involucrados tienen versiones distintas”, dice la autora.

Publicado por Editorial Planeta, “¿La corrupción mata? Las verdaderas causas de las tragedias argentinas” es una investigación de un año y medio que repasa, entre otras, las causas de las tragedias de Ecos, Once, Cromañón; las inundaciones de La Plata, el incendio de Iron Mountain, el hundimiento del ARA San Juan, entre otras.

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Fue tortuoso, pero a través de la escritura pude complejizar la afirmación “la corrupción mata”. Entiendo que los familiares de las víctimas sintetizan todo en esa frase, inclusive que los funcionarios se robaron plata. Para mí es mucho más profundo, hay gente que toma malas decisiones en su trabajo o es mala en lo que hace. A otros no los dejan hacer las cosas como les gustaría. También hay algo estructural que nadie cambia. Y para contar la complejidad había que decir que en todas esas tragedias, todos los involucrados tienen versiones distintas. Por ejemplo en Once los funcionarios señalan al maquinista. Escuchar sus versiones te hace pensar “quizás en eso tiene un punto”. Por eso estaba bueno tener a Ricardo Jaime y a Juan Pablo Schiavi, porque yo siento, y los familiares también, que no son lo mismo. No solo en la responsabilidad que pudieron haber tenido, sino en su política, su visión, en la empatía que puedan o no sentir respecto a los familiares de las víctimas.

¿El sistema argentino es corrupto?

No creo que sea corrupto per se. Creo que está dado estructuralmente para que no haga demasiado ruido si eso funciona así. Tampoco hay miles de alarmas que suenan si es corrupto. Sí es estructural la falta de controles, y si el sistema funciona sin corrupción es por la voluntad de los individuos, porque el sistema se presta a lo que venga. Pero no creo que la corrupción sea el mal de la política argentina.

¿Por qué elegiste esa pregunta del título?

Cuando se dice “la corrupción mata” da la sensación de que si algún funcionario se llevó plata la consecuencia directa es la muerte. No me parece que sea tan así. Creo que es un dato de todo lo que pasa y no una consecuencia directa. Porque puede haber corrupción y no suceder este tipo de tragedias. Por ejemplo en Cromañón hubo distintos factores: el ingreso de bengalas, el techo, el exceso de cantidad de gente, la puerta de salida cerrada. Es una cadena de cosas que funcionan mal a la vez o no funcionan. Sumado a que los responsables no se preocupan por su funcionamiento.

El primer libro de Halfon Laksman, editado por Planeta.

¿Por qué contaste estas nueve tragedias?

Siento que son las más importantes de los últimos 20 años: por la cantidad de muertos y por los hechos significativos que tuvieron mucha o ninguna repercusión. Mencioné otras en algunos capítulos como la de Time Wrap, Beara y el edificio en Rosario. Respecto a Ecos, me acuerdo la primera vez que entrevisté a tres de las madres, esa fue la primera vez que lloré en una nota.

¿Cómo se manejaron los políticos cuando tuvieron que dar respuestas por estas tragedias?

Según el político. Todos recordamos qué hicimos en el momento de la Tragedia de Once, pero Ricardo Jaime no. Eso me sorprendió porque se podría inventar una situación y generar empatía. Pero no le pareció importante describir ese momento. A diferencia de Juan Pablo Schiavi que dijo que fue ese día a la estación, contabilizó el número de muertos y a raíz de eso comenzó a tener problemas coronarios. Describe una situación de desborde, aunque le molesta haber sido señalado penalmente por la responsabilidad de las muertes. Decía que tenía que responder por su labor como funcionario, a diferencia de Jaime que no decía nada de eso.

¿Cómo se paró la Justicia ante estos hechos? 

Me interesaba contar las distintas posturas de la Justicia al resolver cada caso. Por un lado, el fallecido juez Claudio Bonadio se propuso hacer una instrucción rápida en la investigación del tren de Once. Y por otra parte, el caso Ecos es un escándalo. La Justicia se fue pateando la causa hasta que prescribió y volvieron a reabrir el caso. Fue una vergüenza. En líneas generales, la Justicia fue lenta, aunque se dieron situaciones excepcionales en esas tragedias. También algunos contextos políticos ayudaron. Por el caso de Cromañón, la carrera política de Mauricio Macri empieza ahí.  Además de los casos surgieron consecuencias políticas distintas, como María Luján Rey -actual diputada bonaerense- que se metió en política por la muerte de su hijo en Once. Igual que Sergio Levin, uno de los padres de Ecos, ayudó a conformar la Agencia de Seguridad Vial.

¿Qué es lo que falla para que todavía sigan sucediendo estos casos?

Creo que en muy pocos casos cambiaron cosas. Sigue fallando casi lo mismo y pueden volver a suceder. Los organismos de control no funcionan, ni van a amedrentar a nadie si se aumentan las penas. Porque los funcionarios al ver que otros fueron negligentes y corruptos, no dejan de cometer delitos. Hoy estamos a merced de la voluntad de los individuos, si vienen con buenas intenciones y son buenos, capaz funciona. Y si no, vamos a la deriva.

¿A qué conclusión llegaste con el libro?

La conclusión que más me resuena es que nos involucramos poco. Las tragedias las sentimos como algo ajeno, porque las queremos sentir así para que no nos duela tanto. Uno de los familiares me contó que le dijeron por calle: “Fuerza, seguí luchando”. Los familiares piensan que las fuerzas las deberían tener las personas que no perdieron -hasta el momento- a ningún ser querido. A su vez, su lucha es para que no vuelva a suceder otra vez una tragedia. El libro me lleva a replantear qué estamos haciendo nosotros.

A ocho años de la Tragedia de Once

Movilizaciones para pedir justicia por la Tragedia de Once.

Para Halfon Laksman, la frase “la corrupción mata” se hizo bandera sobre todo en la causa de la tragedia de Oncde, de los sobrevivientes y los familiares de las víctimas fatales. Para el libro, entrevistó a ex funcionarios condenados como Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, y a familiares de víctimas, entre ellos a los padres y la hermana de Lucas Menghini Rey, la última víctima en ser encontrada en el tren. 

Según destaca, los familiares de víctimas hacen una diferenciación “simbólica” entre Jaime y Schiavi. Mientras que Schiavi fue a todas las audiencias del juicio, Jaime no asistió a ninguna.

¿Por qué el capítulo de Once es el más largo?

Me parece emblemático por eso tuvo más lugar. Aunque con todos los casos me pasó algo, este fue un quiebre de mi visión respecto del kirchnerismo. Me parecía que el kirchnerismo estaba poniendo el foco en donde lo tenía que poner, los pobres, las Madres de Plaza de Mayo, los medios hegemónicos. Pero no entiendo cómo se les pasó el tren y los laburantes. No se les debió pasar. Eso fue un shock. Recuerdo que a medida que pasaban las horas eran cada vez más los muertos. Había muchas personas que no encontraban a sus familiares. Le pregunté a Alberto Crescenti, el entonces director del SAME, si estaban seguros de que no quedaba nadie y me dijo: “Estamos seguros”. Y faltaba que aparezca Lucas Menghini Rey.

De los ex funcionarios que entrevistaste, ¿el único que se sintió un preso político fue Julio De Vido? 

Jaime no me dijo nada en ese sentido, aunque hace poco salió al aire y mencionó esa cuestión. Schiavi en cambio sintió desde el principio que lo sentaron en el banquillo de los acusados al lado de Jaime y eso ya era condenarlo porque no estaba bien visto. Escribiendo el libro no parecía tan contundente esta idea de presos políticos, surgió la discusión más en este último mes.

Fue interesante escuchar a Lara Menghini Rey, hermana de Lucas, ¿cómo surgió esa idea?

Las historias de hermanos me venían conmoviendo y Lali me parecía el caso más emblemático. Como ella es brava, desconfiada y no habla con todos, me parecía bueno compartir su historia. Además así nos enteramos que ella, que en ese entonces era menor de edad, vio la filmación de Lucas y no su papá como se había dicho. Venía siguiendo muchas historias de los hermanos de las víctimas. Lo que termina pasando es que los menores cumplen la edad que tenía el mayor al morir, eso es muy fuerte. En algunos casos hay un poco de culpa en los hermanos que se salvaron de las mismas tragedias como paso en Cromañón.