Como era de esperarse, Estados Unidos dio el primer paso en la guerra comercial con China al anunciar la imposición de sustanciosos aranceles a miles de importaciones provenientes de ese país que significan más de US$50 mil millones.

En la mañana del viernes, el representante comercial estadounidense, Robert Lighthizer, publicó un listado de 1300 productos chinos a los que se les aplicará un 25% de recargo adicional. El objetivo de Donald Trump es claro: proteger la producción y el mercado internos de la agresiva y política comercial china.

Por supuesto, la respuesta fue inmediata. El Gobierno de Xi Jinping imitó la jugada en espejo y bloqueó los mismos productos del mercado norteamericano, algo que ya habían anticipado teniendo en cuenta las actitudes norte americanas.

“Si Estados Unidos adopta medidas proteccionistas unilaterales que afecten a los intereses chinos, entonces reaccionaremos de inmediato y tomaremos las medidas necesarias para proteger nuestros derechos e intereses legítimos”, había amenazado Geng Shuang, portavoz de la diplomacia china.

Sin embargo la jugada de Jinping contó con un aditivo: apelando al enojo de algunas potencias con el proteccionismo de Trump (en marzo también había anunciado aranceles al aluminio y al acero), el primer mandatario chino les sugirió a miembros del G7 aislar comercialmente a Estados Unidos. ¿Lo harán?

Guerra comercial: reclama China la ayuda del primer mundo para combatir el bloqueo de Trump

La decisión de países como Canadá, Alemania, Francia y el Reino Unido dependerá no solo de las relaciones actuales con EEUU, sino también de poder sustentar su economía en caso de obedecer la sugerencia China, algo que es probable teniendo en cuenta las últimas muestras de fastidio con el dueño de la Casa Blanca.

La visita de Donald Trump al G7 el último fin de semana no terminó de la mejor manera: el intempestivo y prematuro portazo? para ir a encontrarse con Kim Jong Un en Singapur, las críticas al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y las discusiones con los miembros de la Unión Europea configuraron un pésimo escenario mundial.