La interpelación del ministro Caputo que la oposición usó para intentar un renunciado y así exhibirlo en las elecciones del año que viene terminó siendo la consagración de Luis en la política. Parco, pero genuino, mantuvo un tono suave propio del que proviene de círculos sociales moderados, con la tranquilidad que da el soporte económico cuando en tu profesión ya ganaste por goleada.

Del otro lado se escuchaban preguntas propias de alumnos del secundario. Y esa situación denota una fuerte exposición de la política actual. Dejando prejuicios sociales e incluso ideológicos aparte, es fuerte la diferencia de tonalidad y conocimientos entre los políticos que quedaron hoy en la oposición y los que detentan el actual poder del Estado. Los políticos opositores que provenían de la impunidad de robar de una forma sistemática los recursos del estado no necesitaban hablar, estudiar y mucho menos investigar. Ahora, deberían.

Hacer investigaciones financieras para poder crear argumentos suficientes para hacer caer un Ministro es una tarea que no puede hacer cualquiera y mucho menos, digamos, un Fernando Espinoza, que a puras penas puede explicar con palabras en español que la terrorífica gestión de su esposa en La Matanza es buena. O un Chivo Rossi, que en cada palabra que esboza refriega resentimiento y rabia por la impotencia de haber sido, posiblemente, el peor ministro de Defensa que recuerde la República Argentina.

La diferencia entre unos y otros es abismal, y el shock que produce nos lleva a pensar que en materia de preparación académica, experiencia profesional y educación en el trato, este Gobierno contiene a los mejores componentes de la sociedad argentina. Y cuando digo “componentes” me refiero solamente a los que decidieron involucrarse en la política, por supuesto. Fuera de la política, el ámbito profesional privado revive y se reconstruye con gran intensidad.

Esto infiere la idea de una puerta que se cierra para siempre en el país, la de Espinoza, Cerruti y Kicillof, los que se niegan a leer, pensar, investigar, debatir y conocer las nuevas ideas que rigen al mundo.

No saben, no pueden y no quieren. Y mientras van cayendo al sótano del olvido, en el país nace una nueva realidad cultural, una nueva convivencia y un intento de camino hacia la sofisticación que recupere las décadas perdidas de desolación estructural.