La renuncia de Horacio Cartes está lejos de tratarse de un abandono del poder. Todo lo contrario. El portazo del Presidente tiene un fin: asumir como senador el 1 de julio con los fueros en la espalda y evitar un posible futuro tras las rejas en medio de casos de corrupción en su contra.

La estratégica jugada generó una profunda división entre los paraguayos, muchos de los cuales acusan a Cartes de querer perpetuarse en el poder, de manipular las instituciones y de buscar protegerse de acusaciones

La vicepresidenta Alicia Pucheta será la primera mujer en presidir Paraguay, aunque ocupará el cargo solo hasta el 15 de agosto, cuando asuma el recién elegido y aliado de Cartes Mario Abdo Benítez.

Cartes, uno de los hombres más ricos del país e investigado en Estados Unidos por contrabando, lanzó su candidatura al Congreso después de que la Corte Suprema lo habilitó y el Tribunal Superior de Justicia Electoral rechazó las apelaciones.

La Constitución le prohíbe ir en busca de otro mandato. ¿Entonces? Una banca en el senado, los fueros que impiden el avance de la justicia, la asunción en agosto de un hombre suyo y el blindaje eterno en el poder. Esta vez desde las sombras.

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Según revelaron analistas paraguayos, Cartes está violando el artículo 189 de la Constitución de Paraguay: que obliga a los expresidentes a ser senadores vitalicios, con voz pero sin voto.

El viernes pasado, el Tribunal Superior de Justicia Electoral proclamó como senador activo a Cartes siendo aún presidente, un hecho sin precedentes.