El proceso de prevención de crisis iniciado por Carrefour a principios de abril culminó ayer cuando una mesa chica integrada por el ministro de Trabajo, Jorge Triaca; el titular del sindicato de Empleados de Comercio, Armando Cavalieri; y el CEO de la filial argentina de la firma francesa, Rami Baitieh, le pusieron el broche a la negociación, en un acuerdo que contemplaba la preservación de las fuentes laborales y un plan de retiros voluntarios y capacitaciones para aquellos que accedieran a los mismos.

A priori, las tres partes -fundamentalmente la pata del Gobierno nacional- parecían satisfechas con el pacto alcanzado, sin embargo, los representados por Cavalieri paralizaron esta mañana algunas sucursales de la cadena de supermercados de la Ciudad de Buenos Aires en rechazo a la propuesta que firmó el dirigente sindical.

En una posterior asamblea, los empleados de Carrefour desconocieron el acuerdo que firmó Cavalieri. Una facción que integra el sindicato encabezada por el Ramón Muerza, secretario de Organización del sindicato de Empleados de Comercio, será la encargada de negociar con la empresa francesa. Muerza piensa a largo plazo: quiere sepultar los 32 años de Cavalieri al frente del sindicato.

Desde el año pasado, Muerza busca suceder al gitano Cavalieri: reunió 650 delegados dentro del sindicato. Algunos lo sitúan cercano al empresario macrista Alfredo Coto, supermercado donde Muerza comenzó su carrera sindical. En su afán de lucha, el ex delegado de Coto prometió un sindicato con “sentido de pertenencia”.

En la lucha por los trabajadores de Carrefour, Muerza encontró una oportunidad: aprovechó el acuerdo flexible del hombre a quien quiere suceder y se reunió por su cuenta con los directivos de la firma francesa. Ahora, el sindicalista quiere superar el contrato que tiene la firma de Cavalieri y jubilarlo luego de 32 años al frente de Empleados de Comercio.