Aunque esté situado en una de las zonas más exclusivas y pujantes de la ciudad, y cuente con un prestigio envidiable en el mundo de la cocina, el restaurante italiano Polpo cultiva un perfil bajo en redes sociales. Apenas exhibe su colorida galería y sus refinadas opciones, donde predominan los mariscos y la pasta.

Anoche, sin embargo, el local fue testigo de un encuentro especial. Algún comensal distraído pudo haber creído que se trataba de dos viejos amigos comunes y corrientes, pero lo cierto es que cenaron allí nada menos que Bill Clinton y Sergio Massa. Un ex presidente de la primera potencia global, activo aunque silencioso en la política norteamericana, y el presidente de la Cámara de Diputados de nuestro país, que viajó al país del norte para reunirse con los poderosos del ámbito público y privado.

Massa llegó acompañado por la diputada nacional Laura Russo, mientras que Clinton llegó al restaurante del que es habitué con uno de sus colaboradores. Puede que haya sido incluso un tema de protocolos: el encuentro fue íntimo, distendido y ameno. Desde el entorno del ex intendente de Tigre dejaron trascender unas imágenes que muestran afecto y sintonía.

El presidente de la Cámara de Diputados no tuvo mucho tiempo libre en Estados Unidos: ese mismo día había almorzado con Susan Seagal, presidenta del Council of Americas. Sin embargo, se tomó todo el tiempo necesario para conversar con Clinton.

Las tres horas y media que duró la reunión dieron tiempo para hablar de todo, incluso de fútbol. Massa llevó de regalo una camiseta de Tigre, el club de sus amores y del que fue dirigente, con la 10 en la espalda y el apellido de su amigo en el dorsal. Hay quienes hablan de Bill Clinton como ‘el presidente del soccer’: fue bajo su administración, y con mucho entusiasmo de su parte, que se llevó a cabo el Mundial 1994. Su amigo argentino lo debe recordar muy bien, por ser el último que disputó Maradona.

Además de la camiseta, Massa llevó una caja de la edición especial de vinos The President’s Blend, de la bodega Escorihuela Gascón. Durante la cena, sin embargo, los viejos conocidos maridaron la célebre pasta del lugar con otro malbec argentino, el de la bodega Trapiche, que sirven asiduamente en el local.

Ambos obsesivos de la actualidad, no eludieron el conflicto entre Israel y Palestina que vivió Clinton durante sus días en el salón oval. El tigrense había estado apenas unas horas antes con Jack Rosen, una de las personalidades más influyentes en el mundo de los judíos norteamericanos. Quién sabe, puede que el esposo de la excandidata a presidenta le haya confiado los pormenores de su célebre foto con Barak y Arafat. Lo que es seguro es que Massa, él mismo un especialista en el arte de la negociación, escuchó con mucha atención el testimonio de una de las leyendas del área.

Tampoco eludieron la cuestión rusa. Aunque ambos son políticos formados en la posteridad de la Guerra Fría, la antigua potencia comunista sigue oscilando entre socio estratégico y amenaza incómoda en los universos políticos que envuelven a cada uno.

Tanto Clinton como Massa, acostumbrados al estrellato y la sobre exposición, disfrutaron mucho de la intimidad de la velada. El expresidente confesó que su vida cotidiana con el servicio secreto a cuestas se hacía difícil. El tigrense, por su parte, tuvo su buena dosis de anonimato en un país donde, por ahora, la calle no lo reconoce tanto como acá.