La doctrina de Guido Sandleris -el flamante titular del Banco Central-, entró en vigencia este lunes. El dólar abrió a $41,90, apenas abajo del cierre de la última rueda. A pesar de recibir varias críticas por un esquema previsible para los mercados, el doctor en Economía de la Universidad de Columbia dio algunos mensajes claros: no le importa sacrificar crecimiento económico para domar al dólar y todas las medidas estarán enfocadas en bajar la inflación, aunque sin la herramienta de las metas que utilizaron sus predecesores. Un ataque de dos frentes que busca que todos vendan sus dólares.

El plan de Sandleris es secar la plaza de pesos. El presidente del BCRA no sólo prometió no emitir un peso más, sino además fortalecer la contracción monetaria con otras herramientas. Ese objetivo conjuga una tasa de interés voladora para las Leliq, un dólar operando en el límite de la banda de inflación y subastas diarias cuyos pesos recaudados no volverán a la calle.

El panorama que proyecta el Gobierno es sencillo. Con el tipo de cambio cercano a los $44, comenzará un ajuste del sector externo: habrá caída en las importaciones, en el ahorro en divisas y en los viajes al exterior, que duplicaron su valor este año. Este cóctel servido por la recesión y la mega devaluación configura un plan de reducción de demanda de la divisa norteamericana y aumento de oferta de pesos.

Si las variables actúan de esta manera, el objetivo oculto de la doctrina Sandleris entraría en acción y comenzaría una etapa de desdolarización por parte de los que durante los últimos meses atesoraron divisas para esquivar la devaluación.

A lo largo del 2016 el nivel de atesoramiento se mantuvo en torno a los u$s830 millones promedio mensual, el año pasado saltó a u$s1.846 millones y en lo que va del 2018 ya lleva u$s2.850 millones. Las cifras sumadas ascienden a u$s 53 mil millones, una cantidad que el Gobierno busca atraer mediante la caída en la oferta de pesos y ya no aumentando la demanda de dólares.