Reapareció Cristina Fernández de Kirchner y una vez más los perdigones salieron disparados en varias direcciones. Una fue, sin dudas, la de los movimientos sociales. En su acto junto a la CTA, en Avellaneda, en conmemoración del Día de la Bandera, la Vicepresidenta sumó un vértice de disputa a la diversa red que compone la interna del Frente de Todos (FDT): los planes sociales. “Yo quiero ser absolutamente sincera. Hoy tenemos 7% de desocupación, pero tenemos 1.300.000 planes. Hay algo que va a haber que revisar porque con esa desocupación deberíamos tener menos”, afirmó este lunes y, después, concluyó: “Si Evita los viera, mamita…”.

La referencia no fue casual, la tensa confrontación entre el Movimiento Evita, de Emilio Pérsico y Fernando ‘Chino’ Navarro –hoy cercanos a Alberto Fernández– y CFK viene de larga data. Y las diferencias teóricas en torno a la concepción del “trabajo” –que también se plasman en la gestión de gobierno–, una vez más, volvieron a salir a flote. “Eso no es peronismo”, sentenció quien ostenta la centralidad del movimiento hace casi dos décadas.

Reacción

“Fue irrespetuoso”, afirmó un bonaerense de la estructura del Evita con responsabilidades de gestión. Así, la “bronca” por las declaraciones de la exjefa de Estado se tradujo a las pocas horas en una ola repudios públicos por parte de otros referentes hoy vinculados al dispositivo albertista. Uno de ellos fue Daniel Menéndez. “Me parece que se pasó de rosca. Fue ofensivo y estigmatizante”, planteó en Radio La Red. En la mañana de este martes, la dirección de Somos-Barrios de Pie, la organización que dirige, se reunió para discutir cómo posicionarse frente al dedo acusatorio de quien gobernara el país entre 2007 y 2015. “Ya está”, aseguraron a este medio cerca del referente, tras su respuesta mediática, donde consideran que el tema no merece mayor escala.

Lo cierto es que el señalamiento de la vicemandataria tiene un correlato en los números. Según un estudio publicado en diciembre pasado por el CIAS y Fundar, cuando Cristina Kirchner terminó su mandato, la cantidad de beneficiarios de planes sociales orientados a cooperativas era de 253.939; Mauricio Macri lo casi triplicó hasta dejarlos en 641.762; y para septiembre de 2021, el gobierno de Alberto Fernández ayudaba a 1.223.537 personas por esa vía, casi cinco veces más que en 2015.

(Fuente CIAS y Fundar).

Pero eso no es todo, el informe arroja que, desde 2002 a la actualidad, el gasto social contra la pobreza fue aumentando en casi todos los años. La pobreza, en los primeros años, fue bajando de manera casi inversamente proporcional, pero en 2013 esa tendencia se frenó. Desde entonces, el gasto fue aumentando, pero también lo hizo la pobreza. Ambas variables fueron creciendo a medida que los planes también lo hacían. En agosto de 2019, esas cifras se dispararon aún más y el vertiginoso ascenso se mantuvo hasta hoy. Eso es lo que, para CFK, no es peronismo. “El peronismo es laburo, trabajo. No es depender de un dirigente barrial para que me dé el alta y la baja”, expresó en Avellaneda. La agenda de la economía social le sigue siendo muy esquiva a la referente.

Este martes por la tarde, la mesa chica de la organización, donde además de Pérsico y Navarro se encuentran otras figuras, como la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, o el diputado nacional Leonardo Grosso, se reunió para definir la postura oficial del espacio frente a las declaraciones de la principal accionista de la coalición gobernante.

Bajo el documento titulado “La única verdad es la realidad”, respondieron: “Lamentamos que parte de la dirigencia política sea incapaz de entender la realidad del trabajo en el Siglo XXI”. Además, refutaron: “Reducir la economía popular a los planes sociales es negar la realidad. Son apenas el 10% de la economía popular y el 5% del conjunto de los trabajadores y trabajadoras”.

¿Diferencias conceptuales?

En conversación con El Canciller, un funcionario del Ministerio de Desarrollo Social e integrante de Movimiento Evita, refutó: “Cristina se quedó con una idea vieja del peronismo”. La premisa parte de la idea de que las nuevas modalidades de trabajo, en Argentina y en el mundo, se han ido transformando y el “establishment político” no ha dado cuenta de eso. “Esta economía, de versión comunitaria y solidaria, también construye capital. Ahí es donde se equivocan. Es un error conceptual”, explicaron. A la titular provisional del Senado le machacan “desconocimiento del territorio” y falta de aggiornamiento al contexto actual.

La diferencia sustancial gira alrededor de la noción de “trabajo”. En el Evita creen que “el problema es no comprender que cuando estamos discutiendo complementación salarial no se está hablando de una ayuda económica por una dádiva, es parte de un derecho que falta”. Para ellos, “el plan social es una complementación salarial”, no un reemplazo del trabajo.

También los propios

Las críticas de la exmandataria no solo rebotaron en los movimientos sociales albertistas. También encontraron un margen propio. Dirigentes de espacios que hoy se encuentran cerca del Instituto Patria y La Cámpora, como Juan Carlos Alderete, de la CCC, o Juan Grabois, del MTE, tampoco dudaron en mostrar su molestia. “La economía popular no es tercerización de facultades que antes ejercía maravillosamente el Estado sino creación heroica de los excluidos, donde el Estado solo llega en patrullero y el Mercado con descarte. Garcas hay en todos lados. Hoy había un par, ¿no? Unidad y debate. Me va”, tuiteó Grabois minutos después del acto de CFK.

En el Evita se frotaron las manos. El hecho de que el líder del MTE, cercano a la Vicepresidenta, saliera a repudiar sus dichos, para ellos “demuestra que Cristina se equivocó al decir que se trata de una disputa política territorial”. Las críticas llegaron incluso desde sus organizaciones sociales afines, nucleadas en FETRAES. Sin embargo, el enfrentamiento territorial con la organización que conduce Máximo Kirchner está lejos de ser una falsedad.

Señales contradictorias

Así como es cierto que los planes sociales aumentaron de forma sustancial en la última década, también lo es que a fines del año pasado el ministro Juan Zabaleta cerró la inscripción para el Potenciar Trabajo; algo que le valió reiteradas marchas de las organizaciones sociales de izquierda, pero que a su vez contó con el aval del Evita. Es decir, se acordó no seguir acrecentando la cantidad de planes.

En la última actualización presupuestaria de Martín Guzmán –sobre la prórroga de la hoja de ruta de 2021, dado que la de 2022 fue rechazada por la oposición en el Congreso–, a los $227.000 millones destinados el año pasado al Potenciar Trabajo, se agregaron otros $77.600 millones, un 34% más. Pareciera mucho, pero lo cierto es que está bastante por debajo de la inflación proyectada por las consultoras de cerca del 70%.

El fenómeno de argentinos que, aún teniendo empleo, son pobres es cada vez más notorio. Para dar respuesta a ello, tanto La Cámpora, como el sector de Grabois e incluso el Movimiento Evita impulsan un proyecto que paradójicamente los une en la diferencia: el Salario Básico Universal (SBU). De ello hablaron el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés “Cuervo” Larroque y el líder del MTE en las últimas semanas. “Con eso, vos determinás que toda la ciudadanía vinculada a la economía popular tenga un salario social complementario”, justificaron a este medio desde la organización de Pérsico y Navarro.

No obstante, las vueltas de la política hacen que sea justamente el Presidente –con quien ellos mantienen una alianza estratégica– y su equipo económico quienes rechazan la propuesta por su implicancia fiscal. “Está claro”, reconocen en el Evita, donde de todas formas aseguran: “La disputa la tenemos que dar igual”.