Roberto Lavagna (77) no duda que se necesitará aumentar el gasto para reactivar la economía. Incluso si eso requiere postergar el déficit cero que el actual gobierno le prometió al Fondo Monetario Internacional (FMI). El candidato a presidente por Consenso Federal presenta este jueves su programa económico ("Reactivar Argentina") con una fuerte idea: poner plata en el bolsillo de los trabajadores para que la rueda empiece a girar.

En su despacho en el centro porteño, el economista recibe a El Canciller para una entrevista para explicar su plan económico. Mientras intenta no ser carcomido desde ambos lados de la polarización, quien fue protagonista de la recuperación económica del país en los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner asegura que la Argentina lleva ocho años estancada y que el saldo de Mauricio Macri como presidente es negativo pese a que la economía mundial le es favorable.

— ¿Qué es lo primero que hay que hacer para ordenar la economía el 10 de diciembre?

—Lo primero que hay que hacer es poner en marcha la economía argentina. Es un caso único en el mundo: una economía que lleva ocho años absolutamente estancada. Con cifras oficiales, no es ningún invento. Ocho años estancada en la producción, mientras la población sube al ritmo de 1,1% por año. Eso significa una caída del ingreso por cabeza de cada argentino del 9%. Como además no está distribuido de manera pareja, ese conjunto es parte de la explicación de la suba de la pobreza.

—¿A qué se refiere cuando dice que hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente?

—El poder de compra de la gente tiene que subir. Si no pasa, la economía va a seguir estancada. La justificación al aumento de la producción está en la demanda. Para que haya demanda, tiene que haber poder de compra. Hay distintos métodos para, de manera progresiva y persistente, devolverle a la gente lo que perdió en el último año. Eso el Estado lo puede hacer por distintas vías: subir el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVyM) o, por ejemplo, indexar todos los créditos personales por salarios y no por variables financieras, que son mucho más altas. Bajar o eliminar el impuesto a las ganancias del sector base de los que son trabajadores. Todas estas cosas permiten ponerle un poco más de dinero a la gente en el bolsillo. Dinero que va a ir, indefectiblemente, a comprar cosas. Los jubilados han dejado de comprar medicamentos. Si vos les das plata, ¿qué van a hacer? ¿Se van a poner a especular? No, van a ir a comprar medicamentos. Esa es una de las partes que mueve la rueda de la economía.

—¿Cómo se financia eso en un Estado sin mucho margen para gastar?

—Con la idea de que el Estado tiene que tener equilibrio fiscal lograron bajar los salarios. Ahora descubren que empieza a haber una caída en la recaudación. ¿Cuál es la sorpresa? Cae porque, cuando la economía está parada, lo primero que hace la empresa PyME es dejar de pagar impuestos. Es al revés: el equilibrio fiscal serio y durable se logra cuando la economía se expande, porque eso aumenta la recaudación. En un primer momento, se requiere cierto déficit fiscal para poner en marcha la economía. Siempre puede haber un un descalce temporal, pero en el que vos sabés que, en algún punto, se empieza a equilibrar nuevamente.

—La principal preocupación de la gente es la inflación, ¿cuál es el antídoto o la forma de controlarla?

—Al contrario de lo que es el saber convencional, los programas de ajuste terminan siendo inflacionarios. La PyME prefiere perder cantidad pero subir precios. Cuando cae la demanda, sube precios porque tiene que enfrentar los costos fijos del local, de la empresa, de lo que sea. De manera tal que la idea de que un programa de ajuste ayuda a contener la inflación, no existe. Es al revés, termina impulsando parte de la inflación.

"Se requiere cierto déficit fiscal para poner en marcha la economía"

—No suscribe a la teoría de que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario, como este Gobierno parece indicar.

—Tiene un componente monetario. Pero hay otro estructural que tiene que ver con cómo se forman los precios, cómo son las empresas. No es lo mismo cómo se comportan frente a una crisis los grandes grupos empresarios que las PyMES. En la economía argentina hay muchas PyMES y no tienen otro recurso que seguir subiendo precios aunque caigan las ventas en cantidad.

—¿También prevé que se necesitan reformas en materia tarifaria?

—Ha habido una serie de ajustes y hoy no es urgente tratar el tema tarifas. Hay otras urgencias, como los salarios, la tasa de interés y la presión tributaria. Lo único que cuidaría es desdolarizar las tarifas. Cada vez que han sido puestas en dólares, en algún momento se llega a una crisis.

—¿Es posible bajar la tasa de interés sin generar, como contrapunto, un crecimiento del dólar?

—En este programa, no. En uno de expansión, sí. Porque tenés que reacomodar todos los precios de la economía, los salarios, el tipo de cambio, los impuestos y la tasa de interés. Algunos tienen que subir y otros tienen que bajar. Hoy los precios indican que hay que ir solo a la especulación financiera. Hay que dar indicaciones de que producir vale la pena en la Argentina.

—Varios protagonistas de esta elección formaron parte de la recuperación económica del 2003 ¿Ve paralelismos entre el presente y la situación económica de entonces?

—Es importante recordar que la política económica para salir de la crisis del 2001 la empezamos con Duhalde. Cuando Kirchner asume, la economía ya estaba en plena marcha, contra lo que algunos dicen por ahí. Lo que se hace es continuar con toda la política como venía y se hace la negociación de la deuda. La quita del 75% fue decidida en el gobierno de Duhalde, pero no se había empezado con la negociación, que es la que se hace durante tres años después de 2003.

"Se requiere cierto déficit fiscal para poner en marcha la economía"

—¿Hay algo positivo en lo que hizo Macri en estos tres años y medio?

—Siempre hay cosas positivas, pero lo que hay que ver es el saldo. Una economía estancada, sin creación de empleo, con un aumento importante de la pobreza que es aún peor entre los más jóvenes.

—El Gobierno dice que está comenzando la recuperación económica.

—Trato de ver los antecedentes de quién dice algo: ¿Hay credibilidad o no hay credibilidad? En este caso digo: “lluvia de inversiones, brotes verdes, el próximo semestre”. Todas cosas que se dijeron en algún momento. Esta no sé cómo se llama ahora, pero la credibilidad es baja.

—¿Qué análisis hacés del contexto geopolítico internacional? 

Es un mundo muy favorable. El principal producto de exportación de la Argentina, la soja, todavía está en 340 dólares la tonelada. Cuando hubo que salir de la crisis del 2001 era más bajo. En 2005 todavía era de 220 dólares la tonelada. Hoy tenés 120 dólares adicionales del principal producto de exportación, que además se fue expandiendo en su producción. Después, por la tasa de interés (NdE: tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos). El promedio que le ha tocado a Macri en estos cuatro años no llega al 2%. Entre el 2002 y 2005, era del 5.5%.

Teniendo en cuenta la guerra comercial, ¿Cuál es lugar desde donde Argentina tiene que insertarse?

— La Argentina, por razones de orden político y demás, no va a dejar de insertarse con Estados Unidos. Al mismo tiempo, su principal comprador es China. Esas son las contradicciones que la diplomacia y la habilidad te llevan a tener que manejar. Si querés aprovechar ambas cosas, tenés que compatibilizarlas.