El petrolero que no fue

El Canciller - Comentarios

No se sabe si es porque hace mucho calor o porque está cansado de que anden socavando su gestión, pero hace unos días, cuando todas las miradas se pusieron sobre la deuda de YPF con los bonistas, Miguel Gutiérrez prendió el ventilador.

Cuestión que empezó a hacer circular un documento de Word, que labró con fuente Times New Roman en poco más de dos horas. Primero queriendo quedar como el duque del petróleo y segundo tirándole el fardo de los fracasos a las políticas energéticas y macroeconómicas del Gobierno al que, a pura honra,  representó. Carnaval carioca para el psicoanálisis.

Miguel Ángel llegó al sillón de YPF el 30 de abril de 2016 por obra y gracia de Nicky “hermano del alma” Caputo, y fue nombrado por el Ministro de Energía de Cambiemos (y ex titular y accionista de Shell), Juan José Aranguren.

El reemplazo de Mike Galuccio no generó entonces la más mínima preocupación que la currícula de Gutiérrez no incluyera un solo paso por el mundo del petróleo —¿se acuerda cuando el Adolfo escribió petrolio en Hora Clave?— y tampoco que fuera por completo ajeno a la danza de la política.

Multicargos

Es que el perfil de Gutiérrez es el de una persona que dedicó toda su carrera a las finanzas. Socio fundador del The Rohatyn Group, compañía radicada en Nueva York especializada en gestión de activos y mercados emergentes.

Además, trabajó más de dos décadas en JP Morgan, en el área de mercado de capitales. En el ‘95 ocupó el cargo de Gerente Financiero de la sucursal Buenos Aires y lo hizo hasta el año 2001 porque, bueno, usted sabe qué pasó en el 2001 en Argentina.

Entre el 2002 y 2003 ocupó el cargo de Presidente y CEO de Telefónica S.A., para luego sumarse a la mesa del Directorio de Telefónica Internacional. Al mismo tiempo y hasta el 2004, Gutiérrez fue Presidente del Directorio del Grupo Concesionario del Oeste S.A, de las autopistas, y así superpuso dos cargos en dos empresas participadas por la española Abertis.

Ese mismo año Miguel Ángel fue convocado al Precoloquio de IDEA en Comodoro Rivadavia donde, alega, pidió por la seguridad jurídica. “Al otro día, el presidente Kirchner pidió que me sacaran de Telefónica”.

Las palabras son del propio Gutiérrez que decidió presentarse así, casi tan victimizado como estos días, también en el escenario de IDEA pero en octubre de 2017, cuando los globos amarillos todavía estaban bien inflados y la peregrinación al FMI era solo un relato agorero.

En apuros

El diario La Nación asegura que recién volvió al país a fines del 2015, luego de haber tenido cargos ejecutivos varios a nivel regional. Ya para 2018, Ernst & Young lo distinguió como “ejecutivo del año”, un semestre antes de que el juez Claudio Bonadio lo citara a indagatoria por la causa de los cuadernos, debido a su pasado como ejecutivo de Abertis y un esquema de recaudación de coimas entre concesionarias de peaje.

Es parte de directorios variopintos, pero si se refiere al mundo académico podrá encontrarlo en la Universidad Torcuato Di Tella o IAE Business School de la Universidad Austral. Es miembro del CIPPEC, Fundación Cruzada Argentina y de AEA, entre otros.

Hoy Gutiérrez no sabe qué hacer para explicar la deriva de YPF durante su comandancia, que dejó todos los indicadores del tablero en rojo y el motor andando apenas con la reserva. “Las cosas olvidan muy rápido”, tipea afiebrado para cerrar su punto doc y en el revoleo se come el átono del verbo. Pobre Miguelito, che, no pega una. Le va mal en lengua y peor en matemática.