Negociaciones por la deuda: Guzmán de “pesca” y un ¿acuerdo? al final del túnel

La diferencia entre el nuevo techo del ministro de Economía y el piso de los bonistas sería de 13.000 millones de dólares. Nuevos actores entran en escena y el riesgo de un "default" masivo en América Latina.
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Las calificadoras de riegos ya lo sentenciaron: Argentina está en default. Con la baja de la categorización (Fitch Ratings ubicó como “default restringido” a la deuda soberana) las aseguradoras actuaron en consecuencia tras cumplirse el período de gracia de 30 días para pagar las cuotas de los bonos 21, 26 y 46. Lejos de resignarse, el Gobierno decidió reforzar la negociación y los bonistas acusaron recibo: celebran esta “postura más amigable”.

Para Martín Guzmán, por caso, el default “anecdótico” -según su propia definición- ya es algo del pasado. Los plazos diagramados en el Palacio de Hacienda, también. Es que en la cabeza del ministro, la propuesta debió haber sido en marzo y no a fines de abril: la presentación a la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC) quedó muy cerca de los vencimientos de mayo, que explica, en parte, el rechazo casi unánime de los acreedores.

Por eso, ahora, vencido ya el plazo de 30 días para pagar intereses por 503 millones de dólares,  la nueva fecha que todos observan es el lapso que va del 2 al 13 de junio.

Lo que sí cambió, en el edificio de Hipólito Yrigoyen 250, fueron los humores. Si bien los voceros esgrimen el hermetismo bajo “el acuerdo de confiabilidad” de las nuevas negociaciones, deslizan, en código, que se acercaron algunas posiciones en las propuestas. Y, sin decirlo, dan cuenta que el primer borrador presentado por el Gobierno quedó en el olvido.

“Pequeñas” diferencias

Pero si vamos a hablar de negociación, es imposible omitir los números. La oferta inicial de Argentina equivalía a 41 dólares sobre una lámina de 100 (esto es, el valor de los nuevos bonos, con un plazo a 20 años, sobre el total de deuda total con la referencia de 130 millones por año). Mientras tanto, al rechazar la primera propuesta, los acreedores exigían un valor a 65 dólares.

Es decir, entre las posiciones existía una diferencia de 62.400 millones de dólares.

Pero las charlas continuaron y tanto el piso de los acreedores, como el techo del gobierno, se corrió. Así, se supo que los bonistas podrían estirarse a 53 dólares, mientras que Guzmán ofrecería a 48.

Con una lógica hipótesis -y sin poder agregar decimales- el número final del acuerdo sería 50 dólares, la intermedia entre ambas pretenciones.

Así, Guzmán podría colgarse dos medallas: que los tenedores de deuda acepten una renegociación de casi el 50% de la deuda, a la vez que, en los últimos regateos, haya ahorrado un total de 39.100 millones de dólares (la diferencia entre el primer piso, de 65, al acuerdo de 50 dólares).

Pero los bonistas también pueden hacer otra cuenta: mejoraron la oferta de Argentina en 10 puntos, lo que equivale a 28.600 millones de dólares ¿Todos contentos?

El acuerdo está cada vez más cerca“, explicó Marcelo Elizondo, especialista en comercio exterior, quien vuelve a recordar que, ante este mismo medio, había asegurado que la primera oferta del Gobierno “no tenía razón de ser”.

“El Presidente reconoce que el default es altamente riesgoso, por lo tanto, con vino una contrapropuesta, la negociación giró en torno a esta última y no la oferta inicial del Gobierno. Lo que vio el Gobierno es que sin acuerdo, se dispara la brecha del dólar y se complica el comercio exterior”, completó el economista de la consultora DGI.

De esa cercanía también se hace eco el mercado. Los títulos en dólares bajo legislación extranjera subieron, el último martes, hasta 7,1% y motivaron una baja del 8,9% en el riesgo país hasta los 2.520 puntos básicos, el menor nivel en tres meses.

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Divide y ¿reinarás?

Una vez que se materializó el rechazo a la primera oferta, Guzmán reunió a su equipo de confianza y ordenó dividir la segunda negociación en dos: por un lado, los tres grandes tenedores de deuda (BlackRock, Exchange Bondholders Group y el dúo Fintech y Gramercy) y por el otro, los acreedores “independientes”, es decir, sin representación articulada. El esquema sería un 40/60 en relación a los títulos de deuda que se intentan renegociar.

En el Gobierno hacen cuentas y especulaciones. Si se llega a una acuerdo con los tres grandes grupos, habría que convencer a casi la mitad de independientes. Los restantes, razonan, no nadarían contra la corriente.

Así, la “pesca” de peces sueltos contaría con el apoyo de los bancos que fueron designados para colocar la renegociación: HSBC y Bank of America.

Con los grandes grupos, se descuenta que uno de ellos estaría cerca del acuerdo: se trata del dúo Fintech y Gramercy, que junto al Argentina Creditor Committe, mantienen buena relación con el Frente de Todos desde los títulos de deuda que había emitido Cristina Kirchner en sus últimos años como presidenta. Por su parte, Exchange Bondholders Group dejó circular, por varios medios, que la diferencia es “mínima”, entre sus pretensiones y el límite que exponen desde Economía.

Para completar quedaría la negociación con BlackRock. Las charlas, cuentan distintos analistas, siguen siendo ríspidas, aunque eso no implique la imposibilidad de acuerdo. Entre las varias razones para justificar esa luz al final del túnel, el periodista Carlos Pagni destacó cuatros nombres que dialogaron para llegar a un entendimiento: Larry Fink, director del fondo internacional, el ex director de YPF Miguel Galuccio; David Martínez, de Fintech y con grandes acciones en Clarín; y Cristina Fernández de Kirchner.

Cuatro personalidades que, aún si se pudiera, igual no se juntarían a cenar un viernes por la noche.

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La diferencia entre el techo de Guzmán y el piso de los bonistas sería de 13.000 millones de dólares

Nuevas voces

En la escala Buenos Aires – Washington – Wall Street, figuran varios interlocutores que negocian ¿en nombre? de las partes interesadas. Por eso, no es casual que esta semana hayan emergido varios actores a la superficie para comentar la “cercanía” del acuerdo.

Lo hizo un hombre central para el organigrama de Guzmán: Sergio Chodos, representante argentino ante el FMI. “Hay mayor comprensión, un acercamiento entre las partes y un nivel de responsabilidad que se incrementa en varios de los acreedores. Se sigue negociando con toda la voluntad de ambas partes de llegar a un acuerdo”, dijo, escuetamente, en una entrevista a Radio Con Vos.

Pero también lo hizo Robert Johnson, presidente del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico, en una columna publicada en el Financial Times. El economista se ubicó como asesor de ambas partes y anunció (¿con la idea de quedarse con la primicia?) que “al haber trabajado en estrecha colaboración con Martín Guzmán y con Philipp Hildebrand, vicepresidente de Blackrock, me da alguna esperanza de que estas negociaciones puedan evitar un resultado calamitoso”.

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¿Y el coronavirus?

Se llevan escritas 1041 palabras y en ninguna hubo alguna referencia directa a la pandemia del coronavirus que padece casi el mundo entero. Según el FMI, en este 2020 alrededor de 170 países -de 200- tendrá una retracción de su economía. Y no es solo eso: las calificadoras anticipan un “default masivo” en América Latina, si se potencia el epicentro de la infección.

Ecuador sería otro número cantado de cesación de pago. Pero la marea podría arrastrar a Brasil y México, las dos economías con más volumen de la región. Todo esto sin contar, el ‘salvataje’ previsto en Europa.

Ante esos datos, Fernández insiste en que las finanzas globales cambiaron con el COVID-19, una línea similar a la planteada por una decenas de economistas -entre ellos, la flamante presidenta del Banco Mundial, Carmen Reinhart– que solicitaron una condonación de la deuda argentina en plena crisis sanitaria.

“Los acreedores podrían aceptar lo que en otro contexto sería imposible. En ese sentido, el gobierno tuvo ‘suerte’ con el coronavirus, con las mayores comillas posible a la palabra”, sentenció Elizondo.