María O’Donnell: “Firmenich tiene una pretensión arrogante de ser el único dueño de la historia”

El libro "Aramburu", la llevó a la periodista a ver "la profundidad de las divisiones que hay desde el peronismo y el anti".
El Canciller - Comentarios
@Juan Giménez Felicito a María O'Donnel ,...

María O´Donnell reconstruye la historia de Montoneros e indaga cómo fue el secuestro y posterior asesinato del militar Aramburu el 1ro de junio de 1970, Día del Ejército, en su nuevo libro “Aramburu”. ¿Sólo tres montoneros lo mataron en la quinta La Celma o Mario Firmenich -uno de los líderes- se reservó la identidad de los otros dos presentes?

A través de las voces de Firmenich, familiares de él como también de Aramburu, testigos y del expediente, la periodista clarifica qué sucedió en los ´70. La investigación periodística detalla el vínculo distante y conveniente de Perón con la organización guerrillera. Esta última apoyaba fervientemente el regreso del expresidente al país y al Ejecutivo.

Diálogos que parecen sacados de una serie de Netflix (cuando Aramburu pide que le aten los cordones y que le lleven un cura antes de que lo maten) y el recorrido de la politóloga por los lugares donde sucedieron los hechos (Timote, William Morris y el cementerio de la Recoleta, entre otros) dan vida a parte del pasado argentino.

El libro Aramburu se publicó en plena cuarentena.

Después del libro sobre Born, ¿qué es lo que te atrapaba para investigar el asesinato de Aramburu y el rol que tuvo Montoneros en la historia argentina?

La historia de Born me había parecido increíble y no buscaba escribir de Montoneros. Pero esa historia sucedía con los Montoneros en los ’70. El secuestro me parecía extraordinario y el rescate es lo que les permite a Montoneros financiarse. Me interesaba el origen del grupo y su desarrollo que duró de 1970 a 1974. Y uno de los puntos interesantes era saber si había sido certero el relato de Firmenich sobre esos tres días en La Celma.

¿Querías confirmar si eran tres, cuatro o cinco los presentes al momento del crimen de Aramburu?

Al principio, tuve un poco la ilusión de poder tener las respuestas a cómo había sido el secuestro y quiénes realmente habían participado. Después, a medida que el libro avanzaba, me di cuenta que tenía otros objetivos. Podía tener otras certezas pero no todas las respuestas, por las características de Firmenich como único testigo viviente que se conozca.

¿Qué otros objetivos fuiste descubriendo a lo largo del trabajo?

Es interesante el surgimiento de Montoneros, por ser una guerrilla muy particular. Es católica, nacionalista y se explica en los cambios de la Iglesia. Son chicos que se radicalizan de la mano de los curas, quienes son en parte los padres de los curas villeros. También me llamó la atención el encuentro de Montoneros con los cubanos, que contaba con otro tipo de formación. Durante dos años estuvieron en la sombra hasta que deciden hacerse públicos. Fueron osados al presentarse en sociedad con un crimen brutal, que les sale impecable y les da velozmente un protagonismo excepcional. Los vuelve interlocutores de Perón. Hay un vértigo enorme.

¿A qué responde que de ser chicos del Nacional Buenos Aires y del Liceo Militar se transformen en una guerrilla?

Era algo que respondía a la época. Los cordobeses estaban en un contexto de mucho movimiento, venían del Cordobazo, de movilizaciones estudiantiles y obreras. Y ante la llegada de Onganía, el único espacio que había quedado para participar eran las universidades, pero las intervino. Sumado a que el peronismo llevaba 15 años de proscripción. También aparecen los curas y los viajes campamento al norte del país para conocer a los sacheros. Hubo un cúmulo de situaciones que lleva a los Montoneros a encontrarse con las guerrillas latinoamericanas.

Pedro Eugenio Aramburu.

Recién mencionabas a Onganía, ¿la investigación te llevó a creer que apoyó el asesinato de Aramburu?

Gracias a la investigación tengo más certezas sobre ese tema. Las versiones de la familia de Aramburu siempre desconfiaron de la facilidad con que encontraron los Montoneros a un expresidente, tan desguarnecido, sin custodia y con muchos enemigos. Pero creo en la versión oficial (secuestran a Aramburu y lo llevan a La Celma para matarlo) sobre todo porque chequeé las demás. La autopsia nunca fue objetada y establece que muere desangrado por los tiros que recibe en el sótano de La Celma. Entonces, pensar que los Montoneros lo secuestran y Aramburu va al Hospital Militar, para después poner el cadáver en La Celma no es viable.

La sentencia para definir a los culpables del crimen llegó rápidamente a través de la creación de la Cámara Federal Penal. ¿Porqué no se priorizó la certeza sobre la agilidad?

Había mucho apuro para sacar la sentencia, pero no tenían a los que habían estado en La Celma. Cuando llega el juicio ya había muerto Abal Medina, Ramus y Maza, y Firmenich estaba prófugo. Onganía armó esa instancia para habilitar plazos acelerados y que sea un juicio de instancia única. Después Lanusse creó “El Camarón” que juzga a todas las organizaciones guerrilleras. Ahí surge cómo el Estado va a juzgarlos, si lo va a hacer con la ley o al margen. De hecho, a los primeros montoneros los torturaron a todos.

El único protagonista vivo del crimen es Firmenich. ¿Justifica el asesinato en el homicidio de Valle, el bombardeo a la Plaza de Mayo o en otra cuestión?

Firmenich dice que un hecho fundacional se explica por sí mismo. No hacía falta que dijeran que eran peronistas. Si matabas a Aramburu era claro que tu mensaje era en contra de la proscripción del peronismo y del fusilamiento de Valle. El crimen de Aramburu obtuvo una respuesta positiva del peronismo, eso convence a los Montoneros de que habían sido exitosos. Ese hecho los vuelve intermediarios de Perón y el resto.

Firmenich en la extensa carta que te envía te dice que no tiene tiempo para darte una entrevista, aunque lo utilizó para escribirte, y además te pide que no publiques el libro. ¿Qué aportó esa carta al trabajo?

Creo que se toma mucho tiempo porque es su forma de razonar. Me interesó mucho porque muestra su cabeza, muy estructurada, y demuestra que se siente excluido, que no puede participar en los términos que él querría del debate. También tiene una pretensión arrogante de ser el único dueño de la historia. Primero, me shockeó. ¿Porqué me pediría a mí que no escriba un libro? Me dice que no tengo derecho a hacerlo. Al releerlo me di cuenta que es una pieza espectacular para entrar en la cabeza de él. La carta lo transmite muy bien, lo representa mucho.

Los hijos de Firmenich (tiene cinco) no se pudieron incorporar a la política al igual que él, pero eso no sucede con la descendencia de otros montoneros como Vaca Narvaja. ¿Qué le genera a Firmenich esto?

Eso es algo que él resiente y se da cuenta que pasa solo en su caso, no en los demás miembros de la cúpula (Vaca Narvaja y Perdía). Su hijo Facundo me dijo que siempre le explica que modere las formas. Hay algo de la manera de comunicar que juega en que la figura de él representa el pasado. Aunque le molesta, lo alimenta permanentemente. Entonces él sigue sosteniendo un apegado al pasado. Es cierto que, quizás, tiene más peso el apellido Firmenich que Perdía o Vaca Narvaja, porque él se hace heredero directo de la célula que mata a Aramburu. Lo que creemos que sucedió en La Celma es a través de su relato, en el cual Firmenich aparece como heredero de Fernando Abal Medina (lo mata solo a Aramburu en el sótano de la quinta).

2 de mayo de 1995: Firmenich en la televisión. Foto: NA/ AFP.

¿Otra cuestión que le impide insertarse en la política post ’70 es aceptar el indulto junto a los militares?

Cuando le dan el indulto tiene un reportaje con Neustadt donde habla de la reconciliación, porque se lo había pedido Menem, fue muy controversial. Eso le dificulta la vuelta con sus compañeros porque él acepta el indulto junto con los genocidas de la dictadura. Generó mucho cuestionamiento interno. También hace una tímida autocrítica de Montoneros por haber pasado a la lucha armada en tiempos en que Isabel Perón era una presidente constitucional. En ese momento Neustadt le pregunta por el asesinato de Aramburu, y Firmenich le contesta que a Aramburu lo había juzgado el pueblo y que Montoneros había aceptado esa voluntad. En ese momento, se pudrió todo y se terminó la reconciliación. Su reivindicación tan cerrada por el crimen le impide dialogar en el presente.

Parece que el único límite de Firmenich es el robo del cuerpo de Aramburu…

Sí, eso es muy curioso. Para el católico quitar la vida no está permitido, porque la da y la quita Dios. Sin embargo, cuando le pregunté a Firmenich sobre el operativo para robar el cadáver me explicó que él no estuvo de acuerdo.

Repasaste con Eugenio Aramburu (hijo) el asesinato de su padre. ¿Cómo fue ese momento?

A él le importa mucho mantener viva la memoria de su padre, porque cree que ha sido olvidado. Le había parecido un buen libro Born, y eso le generó confianza. No terminé confirmando su principal hipótesis, que quizás era su ilusión. Se abrió mucho y me ayudó. Es una persona muy noble, dolorida y sin rencor. Fue uno de los momentos más conmovedores recorrer con él el relato de Firmenich de cómo había sido el crimen del padre. Hubo varios momentos en que distintas personas recordaron hechos difíciles de sus vidas.

Los ex jefes montoneros Roberto Perdia y Fernando Vaca Narvaja junto a sus esposas. FOTO: NA/ MARCELO CAPECE.

¿Qué otro momento te conmovió?

Cuando fuimos con Ignacio Vélez Carreras y los veteranos de La Calera a encontrar la casa donde los habían detenido a ellos y habían matado a Emilio Maza. No habían vuelto nunca ahí. Nos pusimos a buscar la casa y hubo un silencio acogedor. También cuando fui a La Celma, que está prácticamente derrumbada, y la lucha del pueblo que está muy enamorado de la idea de darle un espacio por la existencia de la quinta. Otro momento emotivo fue cuando entrevisté a Juan Manuel Abal Medina (padre), fue muy abierto y me dio el manuscrito del texto que escribió para despedir a su hermano en Chacarita. Todos los entrevistados hurgaron en sus pasados y removieron momentos dolorosos.

También recordó momentos complejos María Martínez Agüero, la mujer de Firmenich, con quien mantuviste contacto durante más de tres años. ¿Te cambió tu mirada sobre ella?

Empezó siendo mi intermediaria con Firmenich, y después se tornó una relación de más confianza porque ella acompañó mis frustraciones. Seguimos hablando porque ella me iba a compartir su historia, no así la de su marido. Era interesante contar su vida. Arma una familia, tiene cinco hijos entre la cárcel y la clandestinidad, y siempre lo acompañó a él con enorme devoción. Se conocieron siendo muy jóvenes y con el paso del tiempo, ella pasa a ser un cuadro de la guerrilla montonera. Le consulté qué le parecía si tuvo o no privilegio al estar presa a disposición del Ejecutivo, dentro de la legalidad, aunque también la torturaran. Esa cuestión generó conflictos dentro de Montoneros porque muchos eran detenidos ilegalmente.

Un capítulo trata de Sabino Navarro y otro de los Sabinos. ¿La separación de la célula cordobesa, detonó a Montoneros?

Fue muy fugaz la figura de Navarro, era muy particular por ser un delegado de fábrica y el único que tuvo esa impronta. La crítica de los cordobeses es que se vuelve Montoneros muy militarizado y dejan el trabajo territorial. Sabino representa el giro que el grupo no tuvo hacia una organización no basada en la lucha armada, como un fin en sí mismo. Esa es la impronta que le da Firmenich como jefe. 

¿Hubiesen tenido otro destino si se alejaban de la lucha armada?

En un momento lo hicieron cuando gana Cámpora. Metían en el gobierno a diputados y tenían gobernadores afines. Pero fue muy breve, porque con la vuelta de Perón, la frustración y su muerte, Montoneros retoma la lucha armada. Tampoco está claro que modelo querían, nunca pidieron democracia ni se entendió que era el modelo socialista-nacional.

Juan Domingo Perón.

Al hablar de Perón y de los Montoneros es claro como el primero les “soltó” la mano, o quizás nunca la dio. ¿Cómo fue ese vínculo?

Eso es lo que me gusta tanto de ese momento. A Perón los Montoneros se le imponen. Cometen el crimen de Aramburu y genera simpatía en gran parte del peronismo, y Perón se ve obligado a responder a eso. Por otro lado, a él le sirve porque había algo peor que él: la guerrilla. En ese primer intercambio de cartas, le exigen a Perón que se manifieste, y genera mucha desconfianza. Mientras escribía el libro, me daba cuenta que ese vínculo solo podía terminar mal. 

¿Qué te dejó el libro?

Fue interesante descubrir que todavía hay muchas cuestiones incómodas. Vi la profundidad de las divisiones que tenemos desde el peronismo y el anti. Ahora hay un acuerdo sólido a favor de la democracia, pero los cambios de los proyectos económicos y de desarrollo son muy grandes. A diferencia de lo que sucedía en el libro que era el último mejor momento de la economía argentina con la industrialización, 5% de pobreza y poca desigualdad. Sin embargo, ese país tenía un grado de violencia enorme, pero económicamente era muchísimo mejor que esto. La gran asignatura pendiente es levantarnos de lo que fue la dictadura, ya no en términos de la cohesión democrática, sino en tener un desarrollo económico de mediano plazo. Para evitar pegar volantazos cada cinco o diez años, que nos hacen tan mal.