Si bien recién comenzará a ejercer su mandato en diciembre de este año, el nuevo Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se encuentra plenamente abocado en diseñar un plan de recortes siderales en los gastos del Poder Ejecutivo.

Luego de arrasar en las elecciones -recibió más del 53% de los votos-, el lìder de la Izquierda determinará la poda de varios beneficios para los funcionarios políticos, en una escala jerárquica que comenzará por él mismo.

AMLO reducirá a la mitad su sueldo -percibirá menos de US$ 6000 millones-, restringirá a todos los funcionarios públicos de sobrepasar esa suma en sus salarios, y los obligará a utilizar la obra social estatal ante consultas o problemas médicos, despojándolos del seguro médico particular del que hoy gozan.

El programa de ajustes no se centrará únicamente ahí. Buscará abordar al Poder Judicial -ya anunciaron recortes por 5000 millones en la Corte Suprema-, a los partidos políticos -pretende cercenar en un 50% los insumos que reciben en todos los congresos- y hasta al colegio de escritores.

Prepara López Obrador un ajuste modelo que le sirve de ejemplo a Macri

En comparación con lo que sucede en el territorio nacional, Mauricio Macri recibe $208 millones mensuales por su cargo, y ningún funcionario puede cobrar más que él. Sin embargo, el primer antítodo del jefe de Estado para con la administración pública supuso un drástico recorte de personal.

Con la reciente reducción del Gabinete, el mandatario consolidó el ahorro en el Ejecutivo. Sin embargo, los contextos económicos que enfrentan el Gobierno nacional y López Obrador, en México, son bien distintos.

Mientras uno busca imponer la austeridad para complacer al Fondo Monetario Internacional y alcanzar el equilibrio fiscal, en medio de una crisis que atenta contra la clase media y baja, el otro llevará a cabo su plan en el país caribeño con superávit fiscal y sin inflación.

Pese a que deberá afrontar el rechazo de toda la burocracia mexicana, las metas del proyecto de AMLO se orientan a esquivar la toma de deuda. En las antípodas de los pergaminos socialistas de López Obrador, la deuda externa de la Argentina ya representa el 82% del PBI y la situación financiera se oscurece semana tras semana.