Ginóbili, el deportista que cambió para siempre la NBA

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Acá no voy a intentar convencer a nadie de que Emanuel David Ginóbili es el mejor deportista en 202 años de historia argentina. Porque aunque lo sea, los argumentos que exprese pueden ser refutados en última instancia, por ejemplo, por quienes presentan sus casos y testimonios por Diego Armando Maradona, Guillermo Vilas, Juan Manuel Fangio o Lionel Messi.

Acá de lo que quiero hablar es de cómo un flaquito, casi pálido, posteriormente pelado, nacido en Bahía Blanca y elegido en la posición 57 del Draft (sobre 60 posibles) cambió para siempre a la NBA, quizás las tres siglas más yanquis que podemos escuchar en el mundo de hoy.

Cuando digo que la cambió, no es que digo que hizo que el presidente de la Liga y su junta de directorio modificara un reglamento por su culpa. Digo que a partir de su influencia, el ethos, el espíritu, el meta de la NBA tuvo un quiebre del cual jamás se repondrá.


Manu Ginóbili es un ganador. Un ganador nato. Uno puede odiar a Sergio Ramos, incluso detestarlo. Pero aunque lo aborrezca, cuando se le pide una cualidad se indica que es un adicto a la victoria. Lo mismo con José Mourinho, con Rafael Nadal o con David Nalbandian cuando tenía ganas de ponerse a jugar al tenis.

En el básquet pre-Manu conocí dos fieras que se alimentaban de combustible ganador: Kobe Bryant y, obviamente, Su Majestad, Michael Jordan. Dos amantes de la competencia y que cada vez que pisaban la cancha se presionaban a sí mismos al límite. Mirarlos a los ojos en pleno partido era como mirar directo hacia Mordor, con ese fuego que no se apagaría hasta dominarlo todo.

Emanuel David Ginóbili, el mejor deportista en 202 años de historia argentina, cambió para siempre a la NBA.

Manu llegó de Europa habiéndolo ganado todo. Dos copas en Italia, una Euroliga y un MVP de las Finales. Ganador, claro está. Entonces, cuando llegó a los San Antonio Spurs, los pocos que lo conocían, Popovich y RC Buford, manager de SAS, sabían que haría todo para ganar.

Y hacer todo para conseguir la victoria y los campeonatos en aquel equipo era obedecer a Popovich. Ginóbili venía de Europa donde era quien manejaba la orquesta y decidía qué, cómo y cuándo se tocaba. Pero acá ese puesto ya lo ocupaba Tim Duncan y cuando no era él, era Tony Parker.

Cuando Emanuel David, luego de unos años de rodaje en la NBA, entró en lo que se denominaría su prime, es decir, su mejor momento, tuvo que tomar una decisión: irse de San Antonio en busca de más minutos, mayor protagonismo y más fama (porque sí) o quedarse y ser el sexto hombre, para que los Spurs no pierdan su poderío cuando ingresan los suplentes. Es decir, ser el líder de la segunda unidad.

Y acá es a donde voy con todo el momentum que construí a lo largo de la nota: la decisión de Manu de ser un jugador de equipo, de renunciar a sus estadísticas personales, quizás a más dinero y mayor fama es lo que era literalmente inentendible para ese momento. ¿Cómo alguien con ese talento no quiere ser la cara de una franquicia? ¿Cómo no va a querer robarse todo el show en la NBA, la liga insignia en eso, y jugar los minutos que quisiera y, básicamente, ser y comportarse como una estrella? No entraba en la cabeza de nadie.

Excepto en la de Manu. Que tras su decisión, los Spurs hasta este año no dejaron nunca de ser competitivos y de ser el equipo que antes de que empezara el torneo todos sabían que pelearía hasta el final. Por eso Manu tiene cuatro anillos de campeón. ¡Cuatro!

La decisión de ser un jugador de equipo, de renunciar a sus estadísticas personales, quizás a más dinero y mayor fama era inentendible. No entraba en la cabeza de nadie. Excepto en la de Manu. Y por eso tiene cuatro anillos de campeón.

Luego de Manu, vinieron camadas y camadas de jugadores y técnicos que entendieron lo que significa ser un “jugador de rol” y aportar desde donde les toque para que su equipo consiga mejores resultados. Y analizándolo bien, quizás sea invaluable el aporte que le hizo a la NBA tras su decisión.

Escribir una columna sobre Manu Ginóbili habiendo conseguido tantos títulos, tantos logros, tantas historias y tantos momentos irrepetibles es casi imposible. Por eso voy a elegir algo que para mí es lo que más sobresale y recubre lo que significa su carrera para el básquet y la NBA: dejar de lado todo, absolutamente todo, para ganar.

Quizás El Canciller vuelva a pedirme otra nota donde pueda hablar de historias suyas, de la Generación Dorada y de por qué el campeonato ganado en 2014, tras perder estrepitosamente en 2013 es el mejor título de cualquier equipo de cualquier deporte. Pero ahora tuve que condensar 23 años de carrera y 16 temporadas en los Spurs en estas líneas. Y esto fue lo mejor que pude hacer para resumir al mejor deportista de la historia argentina.