La fórmula presidencial electa de Brasil tiene sus raíces en el militarismo. La nostalgia de la Dictadura expresada por Jair Bolsonaro y Antonio Hamilton Mourao no es casual: ambos son generales retirados del Ejército. ¿Quién es y cómo piensa la mano derecha del nuevo mandamás brasileño?

De 65 años y oriundo de Porto Alegre, es el hijo de un general que tuvo un papel importante en el golpe de Estado suscitado en 1964. Por eso no sorprendieron, en 2017, sus declaraciones sobre la "solución" que se verían obligados a impartir los militares "en caso de que la situación política del país siguiera degradándose".

Alumno y tiempo más tarde instructor de la Academia Militar de las Agujas Negras, en Rio de Janeiro, se presentó meses atrás en diálogo con Folha de Sao Paulo como un hombre sosegado y aficionado a la lectura. Viudo y con dos hijos, se volvió a casar, con una mujer más jóven. 

El nuevo Vicepresidente del gigante sudamericano permaneció 49 años en las Fuerzas Armadas, de las que se desvinculó en febrero de este año. Previo a su partida, catalogó de "héroe" al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el titular del centro de detención y tortura del régimen militar

En la polémica campaña proselitista, Bolsonaro retó, paradójicamente, varias veces a su colega -xenófobo y ultraderechista como él-, por sus reiterados exabruptos.

Entre ellos, destacaron las declaraciones sobre las familias "sin padre ni abuelo" y solo con "madre y abuela", a las que considera una "fábrica de elementos desajustados", y el rechazo al aguinaldo, al que calificó como una "mochila en las espaldas de los empresarios".

De esta manera se comprende la doctrina beligerante que impulsa su plan de gobierno, cuya prédica es armar a la gente para que impongan justicia por mano propia. Los efectos colaterales que podrían derivar de tal determinación son inconcebibles.