El forastero Pichetto, el juicio sobre Cristina, las ventajas de Macri y la consigna de Francisco

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Ya avanzada su carrera, Miguel Ángel Pichetto quizás haya encontrado una puerta para abrirse a la popularidad. El jefe del bloque de senadores del PJ salió a disputar el voto de las mayorías con un argumento que suele dar resultados, el rechazo a los extranjeros. Bastión del NO al entendimiento con Cristina Kirchner dentro del peronismo, el rionegrino aprovechó la detención de cuatro inmigrantes para colar una consigna taquillera en medio del debate por el Presupuesto. Tal vez ahora, el espejo de las encuestas le devuelva una imagen más grata.

Como el resto del PJ del medio pero más, Pichetto necesita fortalecer el músculo de una corriente que asume el riesgo creciente de quedar en el aislamiento. Puede pasarle en noviembre si su bancada vuelve a dividirse ante el ajuste 2019 y repetirse después en la batalla electoral: quedar como un forastero en el seno de un peronismo que no quiere prescindir de los votos del kirchnerismo. Lo confirmó el jueves pasado la silla de Felipe Solá en la sede partidaria de Matheu, pero más todavía la de Héctor Daer en la misma mesa que Daniel Scioli y Eduardo De Pedro. El sindicalista que se sostiene desde un triunvirato de dos fue uno de los motores del acto de Tucumán que enunció por primera vez la necesidad de una imprecisa unidad. De llegada a las alturas vaticanas, Daer reconoce como jefe al inoxidable Carlos West Ocampo. Sus cañones apuntan a que nadie quede al margen.

Con el dudoso argumento de un rencor hijo de la derrota en su Río Negro, Pichetto se negó hace poco a sumarse a la convocatoria más amplia, ante uno de los enviados de Matheu. “Cométela, Miguel, esto es política, no te lo tengo que explicar a vos”, le dijeron sin convencerlo.

Como el resto del PJ del medio pero más, Pichetto necesita fortalecer el músculo de una corriente que asume el riesgo creciente de quedar en el aislamiento.

De direcciones opuestas por ahora, en los dos peronismos militan los que quieren unir fuerzas. Socio de Macri en la gobernabilidad de cada día, dispuesto a convertir en ley el Presupuesto del ajuste antes del G20, el PJ de la razón sólo quiere evitar que se reedite una pesadilla: tener otra vez a la ex presidenta como jefa. Lo demás es negociable, admiten por estas horas los que se asustan más con el rumbo de Mauricio que con la sobrevida de Cristina. Inflación por las nubes, tasas de interés asesinas, caída del consumo, mayor pobreza y pérdida de puestos de trabajo; ese horizonte va a tardar en cambiar, no depende de una cosecha récord y quizás trascienda el mandato de Macri.

Del lado de Unidad Ciudadana, avanzan por su cuenta, con el aval de las encuestas y la presión recurrente de Comodoro Py. En la mesa del PJ, adversarios históricos de La Cámpora dedican ahora comentarios piadosos para la senadora, resignados ante su popularidad conurbana y comprensivos ante su drama judicial. El silencio de CFK sugiere que vuelve a jugar una vez más y es, al mismo tiempo, la única carta que le queda para enfrentar la amenaza de la cárcel que ronda en los tribunales federales, a ella y a sus hijos. Llega el año electoral y un seleccionado de hombres se cuestiona por abandonar así a una mujer que, además, tiene los votos que al PJ le faltan.

Macri, Marcos Peña y Jaime Durán Barba cuentan dos elementos centrales que los señalan como favoritos para la revancha en 2019. Primero, el aval desmesurado del Fondo, que acaba de aumentar los desembolsos en un 70% respecto del cronograma original, según consignó la consultora ACM, habitual insumo de Pichetto. Tantas veces negada por el gobierno, la nueva reforma previsional aparece como compromiso ante Madame Lagarde, aunque en el oficialismo suponen que no será fácil de imponer, por lo menos en 2019. Trump, aquel socio que durmió como empresario al Presidente, es el gran aliado de hoy en el directorio del FMI, aunque no pone recursos propios para auxiliar a Cambiemos.

La segunda ventaja que anotan en Casa Rosada es el divorcio persistente entre la ex presidenta y un peronismo adecentado que puede arrebatarle un porcentaje de votos menor y, a la vez, decisivo.

El silencio de CFK sugiere que vuelve a jugar una vez más y es, al mismo tiempo, la única carta que le queda para enfrentar la amenaza de la cárcel que ronda en los tribunales federales, a ella y a sus hijos.

La pelea por la sucesión no se agota en la escena doméstica, como lo confirman la tormenta que agita Macri y las elecciones en Brasil, que traerá resonancias y balances de este lado de la frontera. También por el peso de un actor externo que, aunque no pueda verse, siempre está. Sin compasión por el PJ del medio, el Papa Francisco ya demostró con gestos que reza por un gobierno más amable para su experimentada sensibilidad. Después de pedir que cuiden a Cristina y de recomendarle a toda la dirigencia que escuche con atención a Juan Grabois, el jesuita empieza a enviar la nueva consigna de la hora. Sugiere también la confluencia del peronismo, según la oración de los feligreses que lo visitan. Su Santidad no se deja llevar por la fascinación que embargó a Oscar Ojea en los encuentros con la ex presidenta. Prefiere una fórmula de consenso y un diseño equitativo, que le permita a los exegetas de Perón regresar al poder en armonía, recuperar la claridad y, recién después, discutir una convivencia.