El discurso económico de Macri: cimientos sólidos, la recompensa a futuro y la zanahoria de la AUH

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“Creció la economía, bajó la inflación, aumentaron la inversión, las exportaciones, bajó la pobreza y creamos 700.000 puestos de trabajo”. Estas fueron las palabras más contundentes del presidente Mauricio Macri en su discurso en la apertura de la sesiones legislativas de lo que será un candente año electoral.

Para no ir con las manos vacías a un Congreso que se tornó más opositor en el último año, el primer mandatario anunció un aumento de 46% en la asignación universal por hijo. La economía del largo plazo, los cimientos del crecimiento y la zanahoria que aparecería en el segundo mandato.

Caramelo para la crisis

Si Macri hubiese podido evitar hablar de economía, lo habría hecho con gusto. Con una inflación galopante, caída en la actividad económica y aumento de la pobreza y de la desocupación, la madre de las preocupaciones de los argentinos no regalaba datos positivos en ninguna de sus aristas. Así y todo, sin cifras precisas y con los aplausos de los feligreses, el primer mandatario logró esquivar los abucheos de una oposición dividida e instalar un discurso y un contexto: estamos mal pero vamos bien.

El anuncio del aumento de la AUH en un 46% no es menor; supone, además, un crecimiento de 78% en el último año. Un alza no menor si se tiene en cuenta que la misma afecta a cuatro millones de personas y el FMI mira de cerca las cuentas públicas para que se garantice el déficit fiscal cero. De todos modos, incluso en las bases del ortodoxo FMI aparece como principio que los planes económicos deben apuntar a la reducción de la pobreza. Medida por ingresos, el aumento puede entenderse como una forma de que aquellos que estén apenas por debajo de la línea sean contabilizados como no pobres.


Un candidato a presidente

En lo económico, el discurso fue visto para la oposición como cúmulo de mentiras, que reflejó a un primer mandatario alejado de la realidad (en palabras de la diputada Graciela Camaño) y en modo candidato (Agustín Rossi) y no presidente de un país hace cuatro años. Pero las palabras del presidente no fueron dirigidas, desde su concepción, para atenuar conflictos con la oposición. Y los feligreses lo celebraron convencidos de que fue un “acierto”.

Por el contrario, las palabras de Macri iban dirigidas a los propios. A los que aún creen y, sobre todo, a los que temen que vuelva el kirchnerismo. Adjudicó los problemas económicos al gobierno anterior, a los 70 años de déficit fiscal, a las turbulencias internacionales e incluso a la causa de los cuadernos. Apuntó a trazar una línea entre pasado y futuro y ubicarse en el segundo lugar.

Otra pata importante fue la mirada en el largo plazo. Cimientos y futuro fueron dos palabras utilizadas más de una vez por el primer mandatario. Aún con un país que deberá pagar 40 mil millones de dólares por año en intereses y devengamientos de deuda externa, el Presidente predica la idea de que un segundo mandato será de crecimiento sostenido por el esfuerzo realizado en el primero.