Cualquier proyecto de infraestructura grande comenzado en 2019 no será inaugurado antes de las elecciones a menos que se destinen importantes recursos. Por eso, el plan oficialista es que el "corte de cintas” ocurra igual que en los años electorales previos y que recién a partir de 2020 se vean las consecuencias de la sequía en la economía.

La intención es mantener a raya el gasto público para no descuidar el objetivo del déficit cero, piedra angular del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Los proyectos de modalidad PPP ya fueron enviados al freezer por la jefatura de Gabinete. El motivo principal fue el aumento del riesgo país, que trituró la confianza de los mercados. Por eso, Cambiemos no llamará a licitaciones de magnitud durante 2019.

De esta manera, el Gobierno sólo tiene en carpeta inauguraciones de proyectos de licitaciones de años anteriores. La expectativa es que el golpe a la obra pública se contemple recién después de los comicios presidenciales. Por la alta inflación, de cumplirse lo expresado en el presupuesto 2019, la reducción de gastos en materia de construcción no será pequeña, aunque habrá mayor financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial.