Distribución social de tareas: proponen visibilizar la desigualdad

A través de la campaña "Co-responde”, el Ministerio Público de la Defensa intenta visibilizar y dar el debate sobre la desigualdad en las actividades domésticas
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“¿Quién ayuda a los niños y niñas con las tareas de la escuela? ¿Quién ordena diariamente la casa? ¿Quién resuelve la cena de cada noche?” Son algunas de las preguntas que se hacen los hombres y mujeres del Ministerio Público de la Defensa en la campaña Co-responde, que se lanzó el pasado viernes 3/11 y luego continuó en las redes sociales de la entidad durante toda la semana siguiente.

Del lanzamiento participó un notable panel de mujeres: la presidenta de la Asociación Civil Lola Mora, Norma Sanchís; la investigadora del CONICET, Corina Rodríguez Enríquez; la Secretaria General del Sindicato de Trabajadores Judiciales de la Ciudad, Vanesa Siley, y la profesora de Teoría Sociológica de la Universidad Autónoma de Barcelona, María Jesús Izquierdo.

La respuesta en cada caso es siempre la misma: en su gran mayoría, las mujeres. Ellas conforman la infraestructura invisible que organiza las relaciones sociales, el sostén sin el cual muchas de las actividades diarias no serían posibles. La feminización de las tareas del hogar y de cuidado es parte del bagaje cultural de nuestra sociedad.

Las mujeres dedican un 74% de su tiempo a tareas domésticas y de cuidado. Los hombres sólo el 24%.

Las cifras que arroja la campaña del Ministerio Público de la Defensa ponen el foco en la brecha de género y social y son, a la vez, esperables. En promedio, las horas diarias dedicadas al trabajo doméstico y de cuidado son de tres horas los hombres y cinco las mujeres. En total, las mujeres dedican un 74% de su tiempo a estas tareas, mientras que los hombres dedican un 24%.

Pero la brecha no se da sólo entre varones y mujeres: las mujeres de los hogares pertenecientes al 20% de menor ingreso dedica siete horas diarias, mientras que las del 10% de mayor ingreso dedica exactamente la mitad de su tiempo: tres horas y media al día. Es decir, la distribución desigual del trabajo no reproduce sólo la desigualdad de género, sino también la desigualdad social.

La mayoría de las mujeres que dedican menos cantidad de tiempo a este tipo de tareas no lo hace porque en su hogar haya un reparto equitativo del trabajo, sino porque su condición social le permite tercerizarlo. Por lo general, quienes terminan realizando las tareas del hogar son empleadas domésticas, en su mayoría inmigrantes.

Con el aumento de las mujeres en el mercado laboral, también aumentó la cantidad de empleadas domésticas, que acceden a trabajos precarios o inestables. A la par de esto, se produjo una feminización en las olas migratorias, cada 8 hombres, ingresan al país 10 mujeres.

A la par del aumento en la cantidad de empleadas domésticas, se produjo una feminización en las olas migratorias: cada 8 hombres, ingresan al país 10 mujeres.

Nora Sanchis se refirió a este tema al hablar de “cadenas de cuidado”: mujeres de mayores recursos que emplean a mujeres de menores recursos, quienes a su vez derivan el cuidado de su hogar a sus madres, hermanas, hijas mayores, etc. Estas cadenas terminan alimentando el reparto inequitativo del trabajo y reproduciendo la desigualdad en todos los estratos sociales, ya que las mujeres siempre recurren a otras mujeres, manteniendo así un sistema injusto.

Según indicó Corina Rodríguez en el lanzamiento de la campaña, estas cifras se explican en el hecho que la participación del Estado en las tareas de cuidado es complementaria y la del mercado es segmentada y costosa.

Considera que, para solucionar el problema de la distribución desigual del trabajo, el Estado debe tomar ciertas medidas, como regular el cuidado en el ámbito laboral, extendiendo y/u otorgando licencias relacionadas con el nacimiento de los hijos y el cuidado en los primeros años de crianza, promoviendo la participación obligatoria del sector privado y, además, cree que también sirve visibilizar el tema en la agenda sindical.

Las leyes laborales no prevén licencias por cuidado, excepto por las de maternidad y paternidad. Solo se contemplan otro tipo de licencias, como la de familiar enfermo, en algunos convenios colectivos de trabajo, por lo general, del sector público. El sector privado, en cambio, permanece reticente.

Vanesa Siley detalló que de las personas que se toman licencia por familiar enfermo el 70% son mujeres. Mujeres con las mismas obligaciones que los hombres pero que, sin embargo, tienden a asumir las tareas de cuidado dentro de sus familias. Siley propone que el Estado se haga cargo de suplir las licencias de cuidado en el sector privado.

María Jesús Izquierdo: “La relación del género con el cuidado tiene que ver con la adaptación que hombres y mujeres hacemos a un modelo impuesto por la sociedad”.

Jesús Izquierdo cerró la presentación con una reflexión interesante: la relación del género con el cuidado tiene que ver con la adaptación que hombres y mujeres hacemos a un modelo impuesto por la sociedad. La subjetividad femenina impone el “deseo de ser deseada”, y la masculina la intención de “poseer lo deseado”.

Es así como, en la distribución de tareas, las mujeres se inclinan por el cuidado del otro, ya que esto les permite ser queridas y aumenta la relación de dependencia para con ellas. Romper con estas subjetividades significaría arrancar de raíz la desigualdad en la distribución del trabajo.