La conducción del Partido Justicialista en las ultimas elecciones apoyó a un frente electoral ajeno al partido y a sus propios candidatos incumpliendo su mandato partidario. Básicamente, ese es el resumen del fallo de Servini de Cubría en el que ordenó su inmediata intervención.

Saliendo de la columna vertebral del fallo, hay adornos ideológicos y políticos que nos proponen un poco de diversión fuera de lo estrictamente legal. Eso nos lleva a la metamorfosis que le imprimió Cristina Kirchner al movimiento durante sus últimos años contorneándolo de un color neo-marxista.

Esa metamorfosis "cristinista" consistió en una mezcolanza de diatribas y símbolos más cercanos al marxismo de centro de estudiantes de la UBA, que del neoliberalismo encarado por el Dr. Carlos Menem concordante con el post aniquilamiento comunista simbolizado en la caída del Muro de Berlín a fines de 1989.

Ese camino encarado por el ex presidente funcionó en una lógica perfecta en la frase del General "ni yankees, ni marxistas, peronistas". La ecuación que buscaba el equilibrio electoral perfecto en un mundo dividido en dos pierde sentido cuando el mundo es uno solo.

De hecho, en todo el mundo la “tercera posición” terminó con la caída del muro. Para un movimiento que solo busca la victoria electoral, era absolutamente lógico enderezarse en el bando de los ganadores mundiales. De ahí que la posición “neoliberal” y “proyankee” del gobierno peronista del Dr. Menem fue exactamente la que hubiera elegido el General Perón.

Habiéndome ganado seguramente muchas simpatías de los cristinistas y nuevo-encuentristas en el anterior párrafo, les aviso a mis nuevos amigos que no deben confundirse. El peronismo fuera de la parafernalia simbólica y solemne es un movimiento nacionalista de derecha, simplemente que, a diferencia del nacionalismo tradicional argentino, tienen a Perón como su líder pragmático y mesiánico. Con mesías o sin mesías el peronismo no tiene nada que ver con la deriva neo-marxista de los y las cristinistas. 

Metamos la cuestión del apoyo al “lado vencedor”. Al apoyar al neo-marxismo cristinista en contra del candidato del partido que conducía, Gioja no solo complotó contra su mandato, sino que luego de que Cristina perdiera contra un anti-candidato, no tuvo la deferencia de parar en la puerta del cementerio. Pero aún siguió embalado a la tumba política de la exjefa. Y eso, amigos de la patria grande, no es propio de peronistas. Ayer, el peronismo volvió a su normalidad, aquella perdida hace una década.

El PJ volvió a la normalidad