Clonación de caballos de Polo: la iniciativa que se gesta en Luján y se exporta al mundo

En un campo a pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Ernesto Gutiérrez y Adolfo Cambiaso se dedican a la clonar caballos para polo.
El Canciller - Comentarios

La mejor biotecnología del mundo se aplica a los caballos. De la histórica oveja Dolly a la actualidad, muchos millones de dólares fueron invertidos en desarrollar la clonación de seres humanos y Argentina es uno de los polos del mundo en esta materia.

Específicamente para los caballos de polo es que se desarrolla la mutación genética en un campo de Luján, provincia de Buenos Aires. El mejor polista del mundo, Adolfo Cambiaso (h), se asoció con el empresario Ernesto Gutiérrez (ex presidente de Aeropuertos Argentina 2000) y el inversionista estadounidense Alan Meeker para fundar Crest View Genetics, uno de los centros de clonación más importantes del país.

En el laboratorio, a cargo del veterinario Adrián Mutto, crearon gran parte del equipo de La Dolfina. En la final del Abierto de Tortugas de 2016, utilizaron seis clones de caballo creados a partir del adn de Cuartetera, una yegua con el mejor rendimiento deportivo en los años previos.

El avance científico es una inversión pero también un negocio, a pesar de que algunos deportistas -como la familia Pieres- se abstienen de utilizar esta práctica. Los costos de clonar un animal pueden llegar hasta los US$ 80.000 por ejemplar. “Sí, podemos hablar de esa cifra. Pero cuando se clona más de un caballo, los costos bajan y pueden alcanzar los US$ 60.000 o 70.000”, confirmó Gutiérrez explicando que en un remate se puede pagar eso cuando se evalúa una potranca de la que sólo se sabrá su talento cuatro años después.

“Apostar a lo que ya sabés que es bueno por una suma similar o quizás un poco más alta, te otorga una ventaja. Y hay más: el clon que nace es copia exacta del original, sumada su experiencia. Son maduras. Ganás en tiempo también y con el caballo en plenitud”, agregó.

Pero el negocio de la venta de caballos para polo, muy usual en los criaderos de la provincia de Buenos Aires, no se aplica en este caso. Nunca venden los clones. “Nos quedamos con la llave de la genética. Esa decisión en el pasado fue lo que nos hizo generar un negocio posible”, confesó el empresario polista.

Actualmente, hay 150 clones con vida y más de 500 hijos y nietos de dichos ejemplares.