Amor. Boda. Azar: un casamiento en el que todo sale mal

Bajo las premisas del humor británico, la nueva comedia original de Netflix muestra las divertidas situaciones que ocurren en este tipo de fiestas.
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En una boda (casi) siempre podés esperar encontrarte con una serie de sujetos y situaciones como los acaparadores de atención, niños molestos, reencuentros incómodos y algunas sustancias extrañas. 

Amor. Boda. Azar reúne a todos estos denominadores comunes de las fiestas, para meterlos en una misma película. Se trata de la adaptación de la versión francesa Plan de Table (2012).

El foco está puesto en el hermano de la novia,  (Sam Claflin, Los Juegos Del Hambre), quien tendrá la difícil tarea de solucionar cada uno de los problemas que se presenten en el evento mientras intenta conquistar a Dina (Olivia Munn, The Predator), una chica de la que se enamoró años atrás y que no esperaba ver en esta ocasión.

Con un humor bien británico, el film tiene una estructura que recuerda por momentos a Muerte en un Funeral, repitiendo el esquema en donde los invitados desarrollan sus propias sub-tramas que rodean y se unen a la principal.

El cine muchas veces hace sus jugarretas e intenta convencernos de que el conflicto que plantea el film no tiene otra solución que la que se nos ofrece, que resulta siendo mucho más rebuscada y divertida para enriquecer la historia. Amor. Boda. Azar peca de cometer este error ya que sabemos que la problemática podría resolverse de una forma muchísimo más sencilla que la que nos sugieren.

De todos modos, los gags y los diálogos de sus escenas son lo suficientemente entretenidos como para dejar este detalle de lado y hacernos entrar en el juego sin hacer preguntas. Mención aparte a la química y el carisma de los protagonistas, que terminan de convertir esta nueva apuesta de Netflix en un planazo para un viernes a la noche (y más en tiempos de aislamiento, donde la idea de una fiesta parece tan lejana).

3 de casamientos que vale la pena ver

Si te dieron ganas de mirar otros films sobre la temática, acá van tres imperdibles que quizás no conocías:

La boda de mi ex (2018):

Tal como indica el título, el protagonista de esta historia es invitado al casamiento de su ex y tendrá que lidiar con sentimientos del pasado y algunas decisiones burdas. Le cuesta mucho arrancar, pero vale la pena quedarse hasta el final para sentir esa mezcla de comicidad y vergüenza ajena por el personaje de Justin Long (Simplemente no te quiere). Se puede encontrar en Netflix.

La boda de mi mejor amiga (2011):

Producida por Judd Apatow (mismo capo detrás de Girls y Love entre otras joyitas del cine y la TV), la historia nos cuenta cómo una mujer que no está pasando por su mejor momento, intentará continuar su tarea de dama de honor y hacer lo imposible para que su amiga tenga un gran casorio. Lo mejor es la conexión con el resto de las made of honor elegidas y las escenas que comparten juntas, que son por lejos las más divertidas. 

El padre de la novia (1991):

La era dorada de Steve Martin. Este fue su mejor momento  y en esta comedia hace todo bien. Su hija anuncia su casamiento y deciden hacer la fiesta en su propia casa. Decisión de la que se va a arrepentir al poco tiempo. Es bien noventosa y aunque no pasó la prueba del tiempo (algunos diálogos o escenas se notan bastante desactualizados), sigue siendo un clásico sobre la previa de un casamiento en donde tiran toda la carne al asador.

3 de casamientos para no perder el tiempo

Guerra de novias (2009):

Personajes odiosos y sexistas hasta decir basta. Anne Hathaway y Kate Hudson interpretan a dos mejores amigas que dejan de lado su hermosa amistad cuando empiezan a competir por ver quien tiene la mejor boda. Terrible desde donde se la mire.

Novia fugitiva (1999): 

Lo que más molesta de esta rom-com es que Richard Gere y Julia Roberts son los protagonistas, y ya los habíamos visto triunfar con Mujer Bonita. Podrían haber hecho algo muchísimo mejor con la premisa sobre una novia que tiene ataques de pánico justo antes de dar el sí. El giro del  final es tan aburrido como el resto de la película. 

Quiero robarme a la novia (2008):

Patrick Dempsey (McDreamy de Grey’s Anatomy) es lejos lo mejor en otra comedia romántica fallida. Mientras que su personaje puede tener algunos momentos de brillo, el de ella es sumiso, confuso y es tan pero TAN inocente que molesta al punto de no entender porque convirtieron a su protagonista en la versión de la Blancanieves de Disney de 1937.