Río Cuarto será el primer test electoral que medirá el impacto de la pandemia en las urnas. Quedó tan retrasada la votación para intendente de esa ciudad, que en lugar de manifestar el último suspiro de la tendencia electoral que marcan las presidenciales, ahora podría considerarse un anticipo de las legislativas del 2021.  Si se permite la licencia, y para no perder la ola de las elecciones norteamericanas, es una suerte de Iowa cordobés, al que miran atentamente todos los oficialismos. 

El 29 de noviembre próximo y luego de dos postergaciones, el actual intendente peronista Juan Manuel Llamosas buscará revalidar su mandato por cuatro años más. La primera pregunta a responder es cómo impactará la cuarentena en una ciudad donde la situación sanitaria y la ocupación de camas críticas arañaron el colapso y debió regresar a fase 1. Cómo evaluará el electorado la gestión de la pandemia y cómo responderá en las urnas puede ser un anticipo de una tendencia más general en el electorado.

Hace casi 8 meses que Llamosas pone en juego con cada acción de gobierno su capital electoral. Antes de la cuarentena le alcanzaba con cierta comodidad para ser considerado el favorito. La votación estaba prevista para el 29 de marzo y se suspendió por el inicio del ASPO. La primera reprogramación pasó para el 27 de septiembre, pero la campaña debió ser interrumpida por la ola de casos de coronavirus en esa ciudad. El plazo final quedó fijado para el último domingo de noviembre y no hay margen para una nueva prórroga. Así acordaron las principales fuerzas políticas. 

El peronismo provincial es quien más tiene para perder ante un resultado negativo. Pone en juego la segunda ciudad más grande de Córdoba. No lograr la reelección de su candidato sería golpe fuerte para la gestión de Juan Schiaretti, que padeció la cuarentena y las heridas que le abrió con el electorado cordobés, que aún no cicatrizan (manejo de la crisis sanitaria, incendios, la policía cuestionada por asesinatos a jóvenes). Aunque guarda las mayores chances de quedarse con la elección.

Estas últimas semanas, Río Cuarto recibió especial atención del Gobierno provincial y también de la Nación, que mira atenta el resultado. Bajaron recursos, se anunciaron -muchas- obras y programas para reforzar el último envión de Llamosas. 

En Río Cuarto, el panperonismo está bajo el mismo paraguas.  Una coalición que incluye al peronismo cordobés (PJ de Río Cuarto, schiarettismo y delasotismo riocuartense) y al Frente de Todos y sumó también al socialismo. La alianza se explica más por cuestiones locales que por un ensayo electoral de cara al 2021, aunque también puede leerse de esa manera. Esta sociedad -PJ cordobés y Frente de Todos- no se dio en las últimas elecciones a gobernador y está en duda para las de medio término el año próximo.

La definición de la elección tiene un gran componente local y no depende de la situación provincial y menos del contexto nacional. Es Río Cuarto en estado puro y por eso su votación esta desfasada del resto del calendario electoral. La mayoría de las encuestas -siempre perfectibles- marcan que Llamosas lidera la intención de voto, aunque el margen con su inmediato competidor, Gabriel Abrile, se fue estrechando durante el pico de contagios. 

Río Cuarto logró la unión de todos los sectores de Juntos por el Cambio, consolidando la tensión entre el frente panperonista y el cambiemita. Juntos por Río Cuarto superó la ruptura que protagonizaron a nivel provincial Ramón Mestre y Mario Negri, hace un año y medio atrás, cuando fueron separados para le elección de gobernador. También sumó al PRO y al Frente Cívico. En las últimas semanas sus operadores buscan levantarle el perfil a Abrile, manejan encuestas muy favorables y aseguran que reciben la atención del círculo rojo riocuartense, que antes no estaba tan entusiasmado con su candidatura. 

Abrile tiene la ventaja emocional por estos tiempos: es médico terapista del Hospital de Río Cuarto. Un hándicap que supo aprovechar durante la campaña. Además, estuvo internado por Covid-19. En tercer lugar, según las encuestas, se ubica Pablo Carrizo, un candidato propio de la indignación riocuartense. Va por el sello del MST.

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El otro nudo que podrá resolver esta elección es cómo se moverán los aparatos en un contexto sanitario que restringe la movilidad.  Se podrá comprobar cuán determinante es para una elección el traslado de votantes y la militancia territorial. El otro punto son los mayores de 60 – el segmento más expuesto al virus- que deberá optar por su cuidado personal o ir a las urnas (aunque está claro que no son situaciones excluyentes). A diferencia de los Estados Unidos, ni en Río Cuarto ni en ningún lugar en la Argentina se vota por correo. Río Cuarto tiene un padrón de más de 110.000 votantes.

La votación estará atravesada por protocolos sanitarios. La primera medida fue pasar de 30 a 48 centros de votación, al estilo norteamericano.  No solamente se votará en escuelas sino también bibliotecas y otras instituciones. Se redujo el padrón a 200 electores por mesa. Ningún elector tendrá que votar a más de 10 cuadras de su casa. También habrá facilitadores para que se respete la distancia en las filas. El sistema de votación es con boleta única, por lo que se pedirá que concurran con lapicera. Río Cuarto servirá como un tubo de ensayo para testear los protocolos sanitarios en una elección, mientras se discute a nivel nacional la posibilidad de suspender las PASO y se anticipa a las legislativas de 2021.