Se acabó la espera: entró el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) al Congreso de la Nación. Un documento de 137 páginas que definirá en gran medida la política económica de la próxima década. La temperatura en la Cámara baja, donde se tratará primero, es alta; con un oficialismo que junta monedas –entre propios y ajenos– para llegar a la aprobación y una oposición que intenta encontrar una postura consensuada y de momento no lo logra.

Tras conocerse la composición del proyecto de tres artículos, en un sector de Juntos por el Cambio (JxC) pusieron reparos en un punto en particular: que la aprobación de la refinanciación y los memorándums con el organismo internacional –y por lo tanto, el plan económico del Gobierno para los próximos años– no estén en el mismo artículo. Caso contrario, la oposición no podría oponerse al apartado del texto que consideran un “abrazo de oso” para un eventual ajuste.

Finalmente, el proyecto ingresado incluyó cuatro artículos y ambas cuestiones desdobladas para conseguir un mayor apoyo en el universo cambiemita. Sin embargo, hay dudas en cuanto a la redacción, que los vincula expresamente. Por estas horas, el grupo de WhatsApp del interbloque estuvo activo por este mismo tema. “No es razonable que nosotros aprobemos un programa económico. Podemos en todo caso aprobarles el crédito necesario para cumplir con los compromisos. Ahora, la responsabilidad de cómo lo gasten después es suya”, argumentó una autoridad parlamentaria a El Canciller.

El anfitrión

Las posturas en JxC son diversas. Si hay alguien a quien no le gusta el entendimiento firmado es a Mauricio Macri que, por contrario al camporismo que acusa exceso de fiscalismo y ajuste, manifiesta en privado su disconformidad ante un acuerdo que estima tibio y de poca profundidad. “Es objetivamente muy malo: una prórroga de responsabilidades que busca patear todo para el 2025 y 2026. Le va a explotar al próximo gobierno en la cara”, opinan desde su entorno.

Por eso, al calor de un malestar general por las desprolijidades y retrasos del Ejecutivo en la presentación del proyecto, el expresidente promueve el voto en contra. Al mismo tiempo, se reúne con el embajador norteamericano en Argentina, Marc Stanley, representante de vectores de poder a quienes no les beneficia un default. Sin embargo, lo que pareciera una contradicción entre la postura del exmandatario y esos intereses se explica por una sola cosa: la carrera presidencial 2023.

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Es conocido el deseo de Macri de tener su segundo tiempo. “Está compenetrado y encima de los temas”, afirma una figura de su riñón. En el mundo de halcones y palomas, el fundador del PRO quedó como el embanderado de las posiciones más radicalizadas y, también, como el “padre” de una coalición que observa desde arriba. En tanto, tal como mencionó a este medio un hombre del dispositivo larretista, busca “halconizar” al espacio para plantarse como el indicado para liderar el próximo desafío electoral. El posicionamiento político –en este tema y en general– de JxC se prepara con una delicada y equilibrada receta a la que Macri busca tirarle tres toneladas de maizena.

Al fin y al cabo, no importa tanto lo que dice, sino en qué marco se enuncia: si el escenario es de endurecimiento, la palabra de Macri se revaloriza. Signo de eso fueron dos gestos casi consecutivos de la última semana. Primero, el boicot de los diputados y senadores del PRO que, durante el discurso de apertura de sesiones de Alberto Fernández, se levantaron de sus bancas y se fueron cuando el presidente recordó las responsabilidades judiciales del exjefe de Estado en el endeudamiento con el Fondo. Hasta el mismo Rodríguez Larreta abandonó su silla en solidaridad a quien lo precedió en la jefatura de Gobierno porteño.

Finalizada la sesión, la cúpula partidaria se dirigió a la casa de Macri en Acassuso para una reunión que él mismo convocó. Allí, además de él y Horacio, estuvieron Patricia Bullrich, Cristian Ritondo, María Eugenia Vidal, Diego Santilli, Gerardo Milman, Álvaro González, Omar de Marchi, Federico Angelini, Luciano Laspina y Humberto Schiavoni. “El hecho de que haya sido en su casa ya también es un gesto”, planteó uno de los asistentes.

Una gelatina

Siguiendo la licencia culinaria, dada la heterogeneidad reinante en JxC, Macri apunta a una coalición de contextura gelatinosa, pero sin que se rompa. Por eso, su propuesta es la de habilitarle el quórum al oficialismo, pero que después haya libertad de acción para que cada legislador vote como prefiera, algo que podría canalizar las diferencias internas. “Yo creo que va a suceder eso. Puede que además de abstenciones haya votos en contra directamente”, confirma un diputado opositor que de todas formas estima más de lo primero que de lo segundo.

Lo cierto es que el Interbloque Federal, que dirige Alejandro ‘Topo’ Rodríguez, ya se comprometió a bajar al recinto y habilitar el tratamiento. “En ese esquema, el acuerdo ya está aprobado. Aunque no cuenten con La Cámpora, con la abstención de una gran parte de la Cámara les sobra para que salga”, sostuvieron cerca de Macri.