El domingo al mediodía, Martín Guzmán escuchó todo el discurso de Alberto Fernández en el Congreso. Pero su cabeza ya estaba programada para lo que queda de la semana: es que el ministro sabía -antes que nadie- la llegada, una vez más, de la misión del FMI a la Argentina.

Por eso mismo, el economista actuó en consecuencia. Minutos después de la exposición del Presidente - y mientras los principales medios se ocupaban de las repercusiones del discurso- la Secretaría de Finanzas emitió un escueto comunicado informando la contratación de los bancos HSBC y Bank of America para actuar como Agentes Colocadores para la reestructuración de la deuda. Además, la consultora Lazard actuará como asesor financiero del propio Gobierno.

Este gesto fue una devolución de gentilezas para el propio FMI, luego del comunicado del organismo internacional, quien declaraba como "insostenible" la deuda de Argentina, con un claro mensaje para los acreedores privados. Es que tanto el HSBC como el Bank of America son dos bancas con anclaje en Wall Street, además de ser firmas colocadoras de deuda y no, compradoras de bonos.

De lo poco que se sabe de esta nueva visita es que los funcionarios del Fondo estarán cinco días en el país y que ya agendaron un encuentro con el ministro oriundo de La Plata. Y si bien este viaje se enmarca en una "parada técnica" para tener nueva información sobre las cuentas públicas, por lo bajo, algunos medios informaron que ya se habla de la redacción del nuevo acuerdo, aunque desde el Fondo lo descartan rotundamente.

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Alguien tiene que ceder

En varias oportunidades, el propio Fernández comentó que la principal misión económica del Gobierno es lograr un acuerdo para reestructurar la deuda. E incluso, desde Economía, pusieron como fecha límite el 31 de marzo: a partir de allí, en teoría, el Ejecutivo  "mostraría los números" de su gestión económica.

El último encuentro de Guzman con Georgieva, en Arabia Saudita.

También se sabe que el plan que tiene en mente Guzmán incluye quitas de la deuda, ya sea con el Fondo o con los bonistas privados. Y, en ese sentido, los dos acreedores se pasan la pelota. El propio Fondo le pidió "comprensión" y "colaboración" a los tenedores de deuda para que Argentina pueda "reperfilar" vencimientos y garantizar los pagos.

Pero mientras se rumorea una quita del ¿30%? para los privados, éstos exigen que el propio organismo sea quien ponga la otra mejilla y acepte una rebaja del préstamo, algo que está prohibido en su estatuto.

En Economía, por caso, tienen una certeza: para pagar, alguien tiene que ceder.