No se cansa de decirlo. Nació en un PH en Mataderos, en una escalera al fondo, debajo de una fábrica de mortadela. De chico fue a la parroquia del barrio y recorrió las villas hasta que un día comenzó a estudiar en la UBA, conoció a Horacio Rodríguez Larreta y vio por primera vez la opulencia de la Avenida Libertador. Se asoció con Gustavo Lopetegui, se dedicó a hacer negocios durante 27 años, se convirtió en millonario y llegó tarde -pero a tiempo- a la política para consumar el “take over” del Estado.

Mario Quintana cuenta que quería ser misionero y de repente se vio rodeado de “cajetillas”. Él mismo fue uno de ellos hasta que el hoy jefe de Gobierno porteño lo convocó para sumarse a la aventura de Cambiemos. A los 51 años, con una fortuna de 65 millones de pesos declarados, el secretario de Coordinación Interministerial no sólo es un pilar de la gestión que se involucra en todos los temas, a las órdenes de Marcos Peña y en línea con Lopetegui. También es uno de los predicadores del gobierno que salen a misionar en los círculos empresarios y ante las altas cumbres del periodismo.

En modo proselitista, Quintana dijo hace unos días en televisión que no cree en el derrame y afirmó que venderá todas sus acciones en el sector privado antes de fin de año, algo que en octubre del año pasado ya le había prometido a Elisa Carrió y se demora en ejecutar. Fue unas horas antes de que la Procuración General de la Nación cambiemista firmara un dictamen a favor del ingreso de Farmacity a la provincia de Buenos Aires y contra la ley provincial que lo impide. La decisión era temida por los farmacéuticos bonaerenses que resisten hace años el desembarco de la cadena que fundó Mario y observada de cerca también por sus mayores enemigos: los laboratorios.

Las cámaras que -después de años de subir- se ven obligadas a bajar los precios de los medicamentos afirman con malicia que el dictamen se alteró a último momento por alguna razón de peso y no se difundió a través del sitio de la Procuración que hoy atiende el interino Eduardo Casal. La definición está en manos de la Corte Suprema, donde Carlos Rosenkrantz -por haber sido abogado de la empresa- y Horacio Rosatti -por motivos no precisados- decidieron excusarse.

Acostumbrado a cambiar de piel, de diálogo con los sindicatos y los movimientos sociales, el vicejefe de Gabinete tendrá que eludir el conflicto de intereses que constituye al gran elenco de gobierno, si quiere avanzar en la senda de la política y despejar sospechas de sus detractores. Igual que deberian hacerlo todos, pero con una diferencia: Quintana fantasea con la posibilidad de ser candidato y completar el círculo que quedó trunco cuando abandonó Mataderos. Sería la forma, dicen los que lo conocen, de reconciliarse con su pasado. Como tantos Ceos que son viejos a los 50 años y ya tienen todo, Mario explica a los más jóvenes que en la vida se puede encarnar hasta cuatro profesiones distintas.

Misionero, empresario, funcionario en la jefatura de Gabinete de un proyecto político al que arribó en la recta final, el fundador de Farmacity se tienta con la posibilidad de asumir una faceta más en 2019. De larga y buena relación con María Eugenia Vidal, ya pregunta cómo lo ven. Cerca suyo lo imaginan en una boleta de Cambiemos o incluso como parte de una fórmula en provincia o en la Ciudad, donde su compañero de estudios en la Facultad de Ciencias Económicas ya planifica su reelección y no tiene vice. Falta mucho y nada está definido en el feedlot donde engordan las candidaturas de Durán Barba. Macri y Peña perderían a un hombre clave pero sí Quintana se expone a la voluntad popular, el experimento no sólo tendrá un sabor especial para él. Será la consagración de un rumbo posible, el de la Ceo sensibilidad que no sólo crece bajo el ala del Presidente sino que avanza, aclamada en las urnas, con su proyecto de país. Un milagro sólo comparable al que se obró con Esteban Bullrich, pero nacido desde el fango del conflicto de intereses.