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"No por la gestión o la falta de puntería en la política económica. El macrismo exhibe dificultades en un terreno que siempre ha dominado siempre. El de las conductas colectivas”, dispara Eduardo Van der Kooy hoy en Clarín. Señalado como uno de los "generales” del portaaviones que conduce con mano de hierro, Héctor Magnetto, no es un periodista que se caracterice por criticar con demasía al Gobierno. No obstante, también marca el temor amarillo: "El miedo del Gobierno y de Cambiemos es que aquella tendencia pueda convertirse en un reguero. Que termine por mezclar todo con todo. Es decir: el fútbol con asuntos de Estado que al Gobierno le cuesta administrar y mejorar”, dice.

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No es el único. De hecho Pablo Sirvén, quien escribe sobre medios o el "lado b de la política” también es señalado por el "exceso de indulgencia” sobre la gestión presidencial. Sin embargo también remarcó el reguero de pólvora que dejó el "hit del verano” y la perspectiva desde el oficialismo sobre el asunto. En su columna consultó a Alejandro Catterberg, director de Poliarquía y cercano al macrismo, quien dijo: "No me parece que sea intrascendente, y si se instala o amplía a otros ámbitos será negativo para el Gobierno. Hay dos hechos que lo matizan: 1) Macri viene del fútbol y nunca escapó de la chicana futbolera; 2) el insulto presupone una manipulación y un uso indebido del poder, y en la política argentina es mejor ser insultado por malo que por débil".

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Cortito, rítmico y pegadizo. No se sabe si el cantito contra el Presidente tenga fecha de vencimiento o si llegó para quedarse en un contexto de crisis permanente que vive el oficialismo desde que sancionó la ley de reforma previsional, la génesis del "bajón” en la imagen de Cambiemos.