No lo agarré en un buen día a Martín Garabal. Tampoco yo me había preparado lo suficiente para el entrevista. Creí que al conocerlo desde hacía tiempo tenía muchas cosas para preguntarle pero de repente me di cuenta que sólo retenía dos datos: que es muy alto y que se parece mucho a su hermana. Su talante no era el mejor. En la #EntreSelfie deslizará: “No soy Marcos Mundstock, soy un pelotudo”. Quizás ese ejercicio de autocrítica un tanto despiadado preparó el terreno para que a lo largo del reportaje me maltrate en reiteradas oportunidades. El tono de humor que se desprende no es más que un solapado ejercicio de violencia verbal que culminó con el título que encabeza esta entrevista.

Tiene muchos proyectos, programas, workshops, series, podcasts. Lo único cierto es que editó un libro, La Vida Real, y que recientemente fue echado de la radio. A lo mejor por eso me hizo pagar a mí todo lo consumido y le mangueó al bar un tanto desvergonzadamente dos cervezas, aprovechándose de su módica fama. Además se hizo vegetariano hace cinco meses y me hizo compartir un sánguche de berenjenas. Con ustedes, la verdadera persona detrás del personaje; el hombre taciturno, gris, debajo del comediante.

—¿Martín Garabal es un nombre artístico?

—Sí, porque mi verdadero nombre es Martín García Garabal.

—¿Puedo confesar que la primera vez que vi a tu hermana pensé que era un personaje tuyo?

—Sí, no sé cómo lo va a tomar mi hermana. Lo más loco de todo es que mis papás se parecen entre sí.

—Es un gen muy fuerte el García Garabal, pero tu hermana es más graciosa que vos.

—Mi hermana es muy graciosa pero sobre todo es muy querida, cosa que no pasa tanto conmigo. Me quiere la gente pero no tan unánimemente. Yo no soy unánime. Hay gente a la que le puedo caer bien y gente a la que le puedo caer mal. Mi hermana tiene una efectividad muy fuerte.

—Se dedica a la producción.

—Victoria, no sé quién es Federica.

—Se dedica, dije, no Federica.

—Hay algo en tu dicción que por ahí no termino de entender.

—¿Es alta tu hermana también?

—Sí, pero no tan alta, yo mido un metro noventa y seis.

—¿Y tu hermana cuánto mide?

—No sé, no la medí. Uno setenta y algo.

—La personas altas y cariñosas -porque debe haber altos amargos también-, invitan a que los más bajitos les estemos apoyando siempre la cabeza en el pecho.

—A una persona alta cariñosa le apoyan la cabeza en el pecho.

—La pregunta es: ¿cuántas veces por día te apoya la gente la cabeza en el pecho?

—Uf, a ver, yo a veces busco que me apoyen la cabeza en el pecho porque me hace sentir protector. Esto me ahorra un par de sesiones de terapia. ¿Por qué quiero ser protector?, ¿por qué ando aconsejando a la gente?, ¿por qué quiero agradar? Y ahora que me hacés pensar es porque soy una Persona Alta. No sabía que era por ser una persona alta. Me hubiese ahorrado una guita importante, te digo.

—Un amigo que vive en Europa hace tiempo es muy alto y creo que me pasé toda la adolescencia con mi cabeza en su pecho.

—De hecho me parece muy raro, Mati, porque hace mucho tiempo que nos conocemos y nunca me apoyaste la cabeza en el pecho.

—¡Yo te apoyé muchas veces la cabeza en el pecho!

—Ah, entonces perdí sensibilidad.

—Creo que el día que te conocí te apoyé la cabeza en el pecho, sin ir más lejos. Bueno, te echaron de FM Blue.

—¡Basta de programas en los que habla gente cuando todos sabemos que hay que poner música!

—Como dijo Sergio Maldonado: "Pasen música".

—Yo leí trolls que decían que Sergio Maldonado era Santiago disfrazado.

—Como tu hermana y vos.

—Claro. Bueno, ¿nos viste juntos a mi hermana y a mí?

—No, ¿está de novia?

—Está de viaje.

—Una persona muy bajita, imaginate. 

—Sí.

—Ahora imaginate estar parado al lado de esa persona muy bajita, ¿te da cosa?

—En general no me cae bien la gente muy bajita. Salvo excepciones. Tienen que hacerse fuertes para el mundo, hay personas muy bajitas que decís "mirá qué potencia, qué energía" y pueden iniciar una revolución. Napoleón era bajito.

—Manu Ginóbili no hubiera sido un Libertador de América, según esta lógica.

—No, no, no; de hecho no sé ni qué hace Manu Ginóbili. ¿Qué es?

—Un deportista de elite. ¿El deportista y el alto están predeterminados? Por ejemplo, el Chapu Nocioni, medio que tiene que terminar siendo basquetbolista por decantación. Qué raro que vos no seas basquetbolista. Hay que ser muy valiente para ser alto y no caer en la tentación.

—Siempre tuve mucha inhibición para el deporte. Yo mido 1,96 desde que tengo 15 años. Me ofrecieron jugar al básquet, al vóley. Mi tío fue voleibolista, mis primos jugaron al vóley hasta hace poco, en el Club Italiano. Entonces yo iba y me daban tarjetas entrenadores de vóley, de básquet, profesores de tenis, pero a mí me daba mucha vergüenza. No confío en eso, no confío en mí en el deporte.

—¿Ni al fútbol? ¡Podrías haber sido un excelente arquero!

—Me da miedo lastimarme las manos. Soy dibujante, tengo miedo de lesionarme y no poder entregar mi tira.

—Si por alguna cuestión perdieras tu mano hábil, ¿podrías aprender a dibujar con la otra?

—Si pierdo la mano derecha lo primero que haría es aprender a manejar un arma con la mano izquierda, para pegarme un tiro en la cabeza. No quiero ser el chabón de un sólo brazo.

—La consigna es que tenés que seguir vivo por lo menos cinco años más sin ese brazo.

—Entonces haría radio.

—No estudiaste periodismo, ¿no?

—No, soy diseñador de imagen y sonido, recibido en la UBA en tiempo récord. Es una carrera que tiene un espectro tan amplio de posibilidades que la podrían reducir al cine, a la televisión. Pero también puede ser arte multimedia, puede ser videoarte. Muchas de esas cosas hice.

—Animaciones en computación.

—Uy, dios, yo manejo muy bien el tema de la computación. Igual me fui achanchando. Con Julián Kartún hicimos una serie, pero en esa no hice nada con computación. Tuve la idea. Estudiando un curso de dibujo en la adolescencia conozco a un chico que se llama Ariel Martínez Herrera y me dice que soy muy histriónico, y que debería hacer un curso de teatro e improvisación. Lo sigo. Nos hacemos amigos. Y él estaba estudiando Imagen y Sonido. Y ahí nos anotamos juntos en la facultad y empezamos a hacer cosas juntos al toque. Se convierte en mi mejor amigo y en una persona con la que empiezo a trabajar. En 2006 sacamos un libro de dibujos, en 2007 empiezo a hacer un dibujo animado para la facultad y Ariel me ayuda, y ahí empezamos a hacer dibujos animados juntos bajo el nombre de “Grandes Éxitos”, que era el nombre de la productora y el libro. Y “Aventuras del Corazón Roto” es una serie de animación, protagonizada por Julián Kartún, que está escrita y dirigida por Ariel pero que yo la co-escribí entera. Y se me ocurre que todas las voces las interprete Julián Kartún, porque son todas las partes del cuerpo: un corazón, un cerebro, una pija, la pasión, la melancolía, el hígado, el alma. Y agarro un poco el timón de la primera etapa y realización porque Ariel, mi socio, se va a trabajar haciendo comunicación política a Guatemala. Ariel es más hippie, más militante, más revolucionario.

—Debe ser bajito, como un Durán Barba nuestro pero al revés.

—Sí, pero no le fue bien, porque él fue a trabajar para una coalición de izquierda, así que no tuvo el mismo efecto que el de Durán Barba. No fue tan exitosa la misión.

—De Guatemala a Guatepeor. Hay una frase que es muy buena “saliste de Islamabad y entraste en Islamaworst”, ¿la escuchaste?

—Bueno, en otro idioma. No, no lo había escuchado.

—La inventé yo.

—Ah, con razón.

—Sí, pero nunca pegó, ya lo twitteé dos o tres veces pero nunca pega. 

—Yo tuve una idea cuando fue el Ice Bucket Challenge. Agarré una foto de un pibe que tenía un balde para hacer el Ice Bucket Challenge y le puse a Vanilla Ice sentado arriba. El “Vanilla Ice Bucket Challenge”. Y lo subí y tuvo dos me gusta. Dos.

—También te debe pasar, con esa batería infinita de personajes que tenés, que alguno la pega y no dabas dos pesos y otro al que le ponías todas las fichas, no.

—Sí, cada vez me doy más cuenta de que no tengo idea de qué es lo que va a andar bien. No sé, no creo en la gente que supuestamente sabe. Tampoco creo sea un tipo que vaya a tener un éxito arrollador. Ni lo espero, ni lo busco, ni siento que me lo merezco, ni nada.

—Yo creo que te lo merecés.

—Vos siempre me decís eso, pero creo que cada uno tiene el público que más o menos le va tocando. Se puede amplificar más o menos, pero no siento que yo vaya a ser una persona muy popular, ni nada. Y ni siquiera porque lo que haga sea muy elaborado. No es que soy Marcos Mundstock, soy un pelotudo.

—Pero estás en Sin Codificar, que es un programa masivo de humor popular.

—Sí, pero pasa desapercibido un poco lo que hago. Paván, Gustavo, que es el productor, el creador de Sin Codificar, me llama y me quiere. Y Korol, Yayo, Pichu; tengo la mejor con ellos. Ni yo soy el público ni el público quiere lo que hago yo. Por ahí encontrás uno que dice muy bueno el flaco ese, pero después tenés a cuatro, cinco, diciendo "quién es el pelotudo ese". Y está bien, qué sé yo.

—¿Cómo arrancó “Famoso”?

—Estábamos con Ariel haciendo cosas muy pesadas de animación y queríamos compensar con algo de bajo costo y fácil realización, y lo primero que hicimos fue entrevistar a un dibujante amigo, Juan Sáenz Valiente. Todo el tiempo yo haciendo un personaje -que terminó siendo el de Famoso- que pensaba que Juan era Tute. Y que pensaba que Tute era el hijo de Caloi y que Caloi había creado a Mafalda y a Clemente.

—Estuvo inspirado en algún punto en "Pachu Confundido en la Calle".

—Si, quizás es un poco más extenso. Hay mucho de ese Videomatch de mediados de los noventa, que no es el mismo de finales de los noventas, que tiene que ver con una cosa más absurda y surrealista, que está muy buena. Después la cosa más criticable desde hoy: de cosificación, de agresión y de burla del otro. Pero antes era más idiota. Más con el absurdo que en ese momento se veía con cierto desprecio y que hoy lo ves y decís “esto está totalmente en línea con cosas que, viéndolas desde afuera, se nos cae la baba”. Hay una cámara oculta que va Guido Kaczka el programa de Horacio Embón, tipo “El Pueblo Quiere Saber”, y el nivel de humor que tiene es espectacular.

—Te voy a decir algo que te puede llegar a shockear: "Pachu Confundido en la Calle" y "José María Celular" son el mismo sketch.

—Sí. Lo pensé y es exactamente el mismo. José María es más del bullying.

—Quizás su mejor obra sea "José María Poeta".

—Yo creo que es lo mejor que hizo. Pero está dentro de un contexto de bullying. La idea es hacer llorar a una modelo. Todos tipos en pelotas, es una locura. No pasa ningún filtro eso. Pero también tiene algo increíblemente bueno ese sketch: cuando están haciendo una ronda de chistes y Yayo cuenta uno muy desubicado y cortan y dicen “vamos a hacerlo de vuelta”. Ahí Almada interrumpe: "Pará que te doy el pie para que puedas pegar la continuidad”. Y hace un remate suelto y todos se ríen, varias veces, y siempre es un remate diferente de un chiste imposible de construir hacia atrás.

—Si te ponés a pensar, los Taxi Boys y Los Tangueros también son el mismo sketch.

—Son todos el mismo. Pero, pará. En Saturday Night Live también. Hay un sketch bueno por programa. Y tienen esas mesas de 30 guionistas y los chistes son una pedorrada también. En ese sentido tampoco me gusta pensar que lo nuestro es una basura. Yo la mayoría del tiempo que miro Saturday Night Live estoy con cara de ojete.

—Enojado, casi.

—Escupo la tele.

—¡Publicaste un libro!

—Sí, publiqué un libro, La Vida Real, con el que viajo la semana que viene a la Feria del Libro de Santa Fe a dar dos talleres para la gente y una charla de presentación. En octubre voy a dar un workshop a una escuela de cine en Córdoba con Alexis Moyano. Y en diciembre, otro, en Buenos Aires, charlas y curadurías de proyectos.

—¿Caradurías?

—Curadurías. La semana que viene empiezo a grabar la tercera temporada de Famoso. Este viernes empiezo a grabar una nueva temporada de Deliciosísimo, un programa de cocina. Y dentro de una semanas, si todo sale bien, empiezo a grabar un podcast, que va a ser una especie de radioteatro de ciencia ficción para posta.fm, con Alexis Moyano y con mi novia, Tamara Kindermann.

—Estás lleno de sueños.

—Sí, y de sueño; ambos dos.

—La verdad, ¿esta es la peor entrevista que te hicieron en la vida?

—Ah, ¿era una entrevista?

—Tirame un título, algo picante, porque hasta ahora nada de lo que dijiste tiene carnadura.

—¿Mi peor defecto es que soy muy humilde?

—No.

—¿Me gustaría ver a los argentinos más unidos?

—Tampoco.

—¿Más desunidos?

—No. Fomenta la grieta.

—¿Esta es la peor entrevista que me hicieron?

—Creo que puede funcionar.

—Ahora entiendo por qué no estás más en la tele.

—¿Te hicieron muchas entrevistas?

—Muchísimas.

—¿Y esta es la peor?

—Sí.

—Podemos reformularlo así entonces: “Me hicieron muchas entrevistas y esta es la peor de todas”.

—Sí, me gusta.

—Pero el título lo estoy diciendo yo, y no es correcto profesionalmente poner un textual de algo que dije yo como si lo hubieras dicho vos. Intentá decirlo vos con tus palabras si tenés ganas.

—Me hicieron notas de mierda pero no tanto como esta.

—Sin insultos para que no se note la bronca que me tenés, ¿puede ser?

—Me hicieron muchas entrevistas en la vida y esta fue la peor.

—¿Qué te olvidás de comprar cuando vas al supermercado?

—Papel higiénico.

—Algo para recomendar que hayas visto recientemente en Netflix.

—El documental “Tickled”, que es sobre las cosquillas.

—No sos vegetariano, ¿no?

—No. Ah, sí.

—¿Sí?

—Sí, hace cinco meses.

—¿Cuál es la ensalada ideal para acompañar un bife? Pensando retrospectivamente cuando comías carne, poniéndote en el lugar del Martín de hace cinco meses. 

—Rúcula y parmesano.

—Si tuvieras que usar un sólo emoji el resto de tu vida, ¿cuál usarías?

—Músico o disco para recomendar en Spotify. 

—Uno que se llama Garzón, no me acuerdo el apellido. Y no es Gustavo. Es como Garzón no sé cuánto. No sé. No sirve mucho la recomendación.

—¿Es francés? 

—No sé.

—¿Canta en inglés?

—Sí.

—¿Una mujer ideal? No podés elegir a tu novia.

—Me gustan dos chicas ahora: Gillian Jacobs y January Jones.

—¿Una torta o un tostado?

—Un tostado.

—El mayor famoso con el que estuviste cerca.

—Cuando estuve frente a Darín un poco me sorprendí de la situación. Como que me fui de ahí y dije “¡qué raro!”. Pero en general no me importa mucho. Ninguno. Creo que se me caería el calzón si lo viera a Ricky Gervais. Me muero, me paralizo.

—Tu puteada favorita.

—Chupame los dos huevos.