El Lava Gato argentino

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La causa de las fotocopias de los cuadernos fue vendida como el fin de la impunidad y de la corrupción en el país. La versión argenta del Lava Jato, con arrepentidos a la carta y beneficios para los empresarios, se parece más a un ayudín para los amigos del presidente que un acto de justicia. El Lava Gato patrocinado por Mauricio Macri.

Los empresarios, en su condición de arrepentidos, confesaron coimas a la administración pública para realizar obras millonarias. Como un acto de justicia el gobierno nacional podría haber aplicado multas a las empresas, sanciones para que no puedan ser contratados por el Estado durante determinado tiempo, incluso, y tal como establece la ley, deberían perder los beneficios del blanqueo. Nada de esto sucedió: uno a uno los pagadores de coimas se fueron a sus casas. El castigo más grave que sufrieron por el momento es perder una mañana en ir a declarar a Comodoro Py. Obligados a zafar, son arrepentidos políticos.

En este marco, no deja de llamar la atención algo que ya ha sido señalado desde esta columna: los grandes ausentes en la investigación son el propio presidente y su padre, el jefe del clan, Franco Macri. El parcial juez Bonadio, que es más macrista que bajar jubilaciones, presentó un informe en el CIJ —Centro de Información Judicial, que depende del Supremo Lorenzetti— donde da nota del picaresco corte en la investigación, la cual empezaría recién a partir de 2008, quedando fuera Paolo Rocca —empresario ítalo-argento dueño de Techint, investigado por coimas en Italia— y la familia Macri ¡sorpresa! Mirá que justo, no la vimos venir.

Y si vamos a hablar de casualidades que afectan a Macri, el Jefe de Estado fana del Snapchat, en medio de la polémica se mostró nada más y nada menos que con el poderoso Rocca en Vaca Muerta. Un claro respaldo al fustigado empresario que se vio obligado a pagar coimas por todo el mundo.
Ahora bien, desde sectores cercanos al oficialismo difunden la idea en la que el gobierno bueno no avanza contra los empresarios y así salvar la ropa para que no afecte a las empresas. Por supuesto, se trata de un gobierno clasista, siendo Macri el primer presidente empresario del país y un fiel exponente de los intereses de la Patria Contratista. Un concentrado empresarial que lucra con la obra pública, teñida de sangre y corrupción, desde la dictadura genocida hasta el día de hoy.

El gobierno de Cambiemos supura clasismo desde sus promesas de campaña. Todas las medidas para los sectores bajos —pobreza cero, no bajar las jubilaciones, reducir la inflación, mejorar la salud y educación pública, entre otras— no han sido cumplidas. En contraposición, a los amigos del poder se les cumplió —y con creces— todo lo prometido, como la eliminación de las retenciones a la soja y a las mineras. A esto debemos agregar un blanqueo sumamente beneficioso para los evasores y su edición judicial: la figura del arrepentido para los empresarios corruptos.

El Lava Gato opera de esta manera: una lavada de cara a la Patria Contratista que se arrepiente de sus actos, pero disfruta y mantiene su dinero mal habido; señalar a la ex presidenta como la culpable de todos los males; y por último, quedar libre de toda pena por “colaborar con la justicia”.

El circo de los impunes cierra por todos lados para el gobierno, son todos beneficios para los amigos de siempre y perseguir a la líder de la oposición. Mientras tanto, y pese al Lava Gato, Cristina asoma en las encuestas como la única que parece disputarle la elección de 2019 al oficialismo.