El fracaso de la clase alta contrafrente

El Canciller - Comentarios

Es una paradoja, pero Cambiemos está subvalorado en política y sobrevalorado en gestión. Con minoría en ambas cámaras y sin gobernadores PRO, se las ingenió para sacar las leyes que necesitaron durante tres años.

En gestión, y particularmente en la económica, son horribles. En ronda de reuniones con políticos de la oposición, los fondos de inversión de EE.UU. y Europa han señalado que “todo salió mal porque se empezó con un error de dignóstico. Es un modelo que solo podía tener chances de funcionar con crecimiento del PBI. En recesión no sabemos cómo puede terminar esto”.

-En Rodrigazo con default. Así puede terminar, apuntó el asesor de un congresista, y generó risas.
I know what default is but what is Ro-rri-gatzo? preguntó una abogada ex FMI, que ahora trabaja para inversores globales. Y generó más risas.

“Todo salió mal porque se empezó con un error de diagnóstico. Es un modelo que solo podía tener chances de funcionar con crecimiento del PBI”.

El fantasma de la B, que bien podría ser el McCombo de Rodrigazo + Default, está del otro de las paredes en Balcarce 50. Como en Strangers Things. Se percibe, se escucha, se huele y se ruega que no se abra el portal. Nadie quiere al Demogorgon suelto en las calles de Buenos Aires.

No es el apodo que le han puesto a Marcos Peña quienes no lo quieren en la interna del Gobierno, que ya sabemos que son la gente de Mariu Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. De todos modos, en los grupos de Telegram y WhatsApp lo critican fuertemente.

Mientras los más piadosos lo señalan como “príncipe de gradualismo“, otros modernos le espetan “Corach wannabe“. La interna arde. Pero la externa también.

Es que el Cambiemos de Peña y Mauricio Macri, con su profundo credo antiperonista, era un poster pegado en todas las casas hermosas de Cumelén, el country de Villa La Angostura, donde la guía interna de teléfonos brilla en 3D con los apellidos como Reynal, Lacroze, Bordeu, Dodero, Miguens, Tagle, Santamarina, Blaquier o Lynch. Y esa Argentina patricia está muy decepcionada con la performance de esta administración, cuyo fracaso abre las puertas al retorno del peronismo.

“Me da risa que en las redes les dicen que es un gobierno de chetos, ja, ja. No me hagan reír, éste es un elenco de clase alta contrafrente: tienen un jefe de Gabinete que alquila, no tiene ni casa propia”, asegura un señor con un tostado bronce perfecto, de quien Hemingway diría que luce el verdadero símbolo de los ricos: estar bronceado en invierno.

“Por favor, es gente que va a Cumelén y se levantan a la madrugada para ir a comprar chucherías a Chile, a Osorno. ¿Vos sabés lo que es Osorno?”, remata, lamentando el fracaso de lo que votaron, el gobierno de la clase alta contrafrente.

“Me da risa que les dicen que son un gobierno de chetos. Éste es un elenco de clase alta contrafrente: tienen un jefe de Gabinete que alquila, no tiene ni casa propia”.

El aliado de Peña, Mario Quintana, también es objeto de pullas. Pero eso no le duele. La única bala que le entra a Quintana es la de Macri, de quien teme su castigo. Por ello nunca se animó a decirle al Presidente lo que le dijeron en la cara en Wall Street durante su viaje de un mes atrás.

“Si le digo a Mauricio lo que me dijeron en Nueva York, me echa. Yo no puedo poner la cara”, se sinceró en el avión de vuelta a Buenos Aires. Y ahí fue el sacrificado Santiago Bausili, quien se ofreció para el azote.

En estas horas, cuando el rebote de las acciones argentinas en Wall Street es extraordinario, el mismo Bausili fatiga los grupos de chats con amigos traders con una pregunta específica: “¿A qué precio debería empezar a recomprar bonos argentinos?”. Un acto de fe para un país que emite bonos a 100 años, pero se funde cada diez.