Boca Juniors es el club del pueblo. O al menos así se reconocen los hinchas, que presumen de la popularidad de un club que siempre reflejó el espíritu trabajador del pueblo. Sin embargo, desde su administración esa humildad ya no es tal.

Desde las presidencias de un joven Mauricio Macri hasta las actuales gestiones de Daniel Angelici, el Xeneize creció económicamente de manera abrupta y al día de hoy es uno de los clubes más ricos no solo de Argentina, sino de Latinoamérica.

Ahora, en la intensa búsqueda de un título internacional que convalide la gestión, Angelici y la tesorería de Brandsen 805 sacaron la chequera y reforzaron -aún más- un plantel hiper competitivo que viene de obtener el bicampeonato local.

Sin embargo, en el afán por emular a Juventus o Bayern Munich, en tener a lo mejor de lo mejor, a las estrellas de aquellos competidores directos, Boca desembolsó millones de dólares y superpobló un ataque que de por sí ya presentaba una dura competencia.

Mientras el arco sigue pidiendo a gritos un refuerzo de calidad, Guillermo Barros Schelotto sumó a Mauro Zárate, Sebastián Villa y Carlos Izquierdoz, tres jugadores que bien podrían ser titulares en el primer partido de la Superliga sin sorprender a nadie.

Aunque Walter Bou y Junior Benítez debieron emigrar en búsqueda de nuevas oportunidades, el once titular de Boca sigue siendo una incógnita. Mientras Angelici reparte sus millones, al Mellizo se le plantean dos escenarios complejos que muy pocos enfrentan en el fútbol argentino.

La billetera de Angelici: el arma de doble filo que inquieta a Guillermo pero ilusiona a los hinchas

Por un lado, deberá definir con urgencia, precisión y determinación un equipo fijo que sea aquel que pelee por el principal objetivo del semestre: la Copa Libertadores. A su vez, esa dulce sensación de opulencia que maneja la lista de buena fe azul y oro, trae consigo otro problema inusual.

Guillermo y Gustavo deberán controlar los egos de un vestuario plagado de estrellas. Solo en la línea de ataque Boca tiene a Darío Benedetto, Cristian Pavón, Carlos Tevez, Edwin Cardona, Emanuel Reynoso, Sebastián Villa, Mauro Zárate y Cristian Espinoza.

Y aunque la idea del cuerpo técnico es sostener el esquema 4-3-3, y algunos de los jugadores mencionados podrían hacerlo en el mediocampo, siguen sobrando apellidos, incluso hasta para armar dos equipos de gran calidad.

Fernando Gago, Pablo Pérez, Nahitán Nández y Wilmar Barrios ya tienen una férrea lucha por el mediocampo, lo que reduce mucho más las posibilidades de armar un equipo fijo, cuyo once titular pueda "salir de memoria".

Ocho jugadores para tres puestos

Cristian Pavón es una fija en el equipo titular que arman Guillermo, Angelici, los periodistas y los hinchas. Es un jugador sin resistencia desde el planteo, la calidad ni las actuaciones demostradas a lo largo de su corta -pero prolífera- carrera en el club. Cristian Espinoza, en tanto, se supone como su reemplazante natural.

Sin embargo, en los dos puestos restantes del ataque está el problema. El puesto de centrodelantero se supone sería para Darío Benedetto, que llega de una dura lesión que lo marginó por meses del deporte. Pero también está Wanchope Ábila, un gran delantero que, además, posee una buena amistad y sociedad con Carlos Tevez.

El Apache es, acaso, la principal incógnita del equipo. ¿Lo ubicarán de centrodelantero, como le gusta al cuerpo técnico, o le darán el gusto de oficiar de mediapunta o enganche? En cualquier caso se superpone con otros jugadores, como el recién llegado Mauro Zárate, otro de los contratos más altos del plantel.

Emanuel Reynoso y Edwin Cardona, por sus características, también compiten por un lugar que todavía no saben posicionar. Si son parte de la línea de ataque, Benedetto, Tevez o Pavón irán al banco. Si, en cambio, juegan en el mediocampo, Gago, Pérez o Nández (Barrios es titular indiscutido) empezarán los partidos mirando desde afuera.

La billetera de Angelici: el arma de doble filo que inquieta a Guillermo pero ilusiona a los hinchas

Nada está definido todavía. Y aunque los hinchas arriesguen, solo Guillermo Barros Schelotto sabe qué lugar ocupará cada futbolista. Por lo pronto, muchos tendrán que resignarse al banco de suplentes, a la tediosa espera de aprovechar su oportunidad en encuentros menores de la Superliga o en la Copa Argentina.

Mientras Angelici revolea dólares sin atender las urgencias del plantel y los hinchas se ilusionan con el desembarco de nuevas estrellas, los mellizos Barros Schelotto sufren sabiendo que al menos dos apellidos fuertes tendrán que ser suplentes.